La Constitución de la Revolución Rusa y sus complementos jurídicos, 1917-1918

 

 

 

"Aquellas sesiones del Consejo de Comisarios del Pueblo, renovado en parte gran número de veces durante la primera época, eran cuadros magníficos de improvisación legislativa. Había que acometerlo todo desde el principio. No podía pensarse en buscar "precedentes", pues la Historia no los conocía. Lenin presidía con un celo infatigable, a veces hasta cinco y seis horas seguidas: por aquella época, el Consejo reuníase diariamente. Lo normal era que las cuestiones se planteasen sin ninguna exposición previa, pues casi siempre se trataba de cuestiones urgentes. Con gran frecuencia ocurría que ni los consejeros ni el presidente, al empezar la sesión, tenían la menor idea acerca del fondo del asunto. Las discusiones eran rápidas: para el informe preliminar se concedían unos diez minutos. Y, no obstante, Lenin penetraba siempre, por tanteos, en la sustancia de lo que se debatía. Para ganar tiempo solía mandar a unos y a otros, en el transcurso del debate, unas rápidas esquelas, preguntando por tal o cual aspecto de la cuestión. Estas cedulillas constituían un elemento muy extenso e interesante en la técnica legislativa del Soviet de Comisarios del Pueblo, bjao presidencia de Lenin. Desgraciadamente, la mayoría de ellas se han perdido, pues las contestaciones se cursaban, por lo general, en el reverso, y el presidente solía romperlas después de leídas. Aprovechando el momento adecuado, Lenin daba a conocer los puentos que abarcaba la resolución, formulados siempre con una precisión tajante y buscada. Con esto cesaba el debate o bien se traducía en una serie de propuestas prácticas, ya sobre un plano muy concreto. Generalmente, los "puntos" formulados por Lenin servían de base a los decretos promulgados.

Para poder dirigir estos trabajos había que tener, aparte de otras cualidades, una capacidad gigantesca de representación mental. Una de las facultades más valiosas de este talento de representación es la de imaginarse a los hombres, a las cosas y a los hechos tal como son en realidad, aun sin haberlos visto nunca. Saber utilizar todas sus experiencias de vida y sus ideas teóricas, sorprender sobre la marcha los rasgos y detalles, completándolos con sujeción a unas leyes instintivas de coincidencia y probabilidad, y hacer brotar de este modo, con todo su relieve concreto, un determinado sector de la vida humana: he haí el talento de representación, sin el que no puede concebirse una legislador, un administrador, un caudillo, sobre todo en una época revolucionaria. Este talento realista era el gran fuerte de Lenin.

Huelga decir que en aquella fiebre de creaciones legislativas se deslizaron (era inevitable) no pocos errores y contradicciones. Pero, en general, los decretos leninianos de la época de Smolny, es decir, del período más turbulento y caótico de la revolución, pasarán a la Historia como el anuncio de un mundo nuevo. A esta fuente habrán de remontarse constantemente no sólo los sociólogos y los historiadores, sino también los legisladores del manaña."

(León Trotsky, Mi vida