Germinal, 2ª época, nº 6, 21 de noviembre de 1996
GERMINAL, SEGUNDA ÉPOCA, NÚMERO 6, 21 DE NOVIEMBRE DE 1996,
- Juventud y POR. La Juventud y la construcción del Partido Obrero Revolucionario
- Seis meses de gobierno contra las masas.
- Defender el marxismo, defender el materialismo dialéctico (1) y (2). Atención: encontrarás el texto de estos dos artículos en nuestro apartado "El revisionismo lambertista"
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LA JUVENTUD Y LA CONSTRUCCION DEL POR
Según las proyecciones demográficas el peso específico de la juventud puede alcanzar en los próximos años su menor volumen histórico en el Estado español. Este es el rasgo más característico del progresivo “envejecimiento” de la población. Al mismo tiempo que la porción de la población definida como “joven” presenta un mínimo histórico frente al total de aquella, su densidad alcanza también cotas históricas. Que el papel que debe jugar la juventud en la organización de la vanguardia revolucionaria está condicionado por este hecho lo demuestra, por ejemplo, la “dejadez” sobre la “cuestión juvenil” que padecen las direcciones de los partidos obrero-burgueses implicados en el mantenimiento del sistema burgués de explotación del hombre por el hombre. Estructurado dicho sostén alrededor del sistema parlamentario, los votos de la juventud deciden…, pero no tanto como otros “yacimientos” del censo. El otro lado de este fenómeno expresa la mayor densidad social alcanzada por la juventud en el momento actual y se expresa de muy diversas formas siendo la sistemática política de negación de los derechos democráticos, desfase entre las obligaciones sociales y el derecho al voto, la más peculiar y que el progresivo envejecimiento de las élites dirigentes de los partidos en cuestión ilustra muy a las claras. La potencialidad revolucionaria de la juventud organizada ha requerido una sitemática poda de ésta en las organizaciones tradicionales obrero-burguesas del Estado español: PCE y PSOE. En los años de la “transición” el peso relativo, demográficamente hablando, era muy superior al actual y políticamente aún más. El sector juvenil de la población formó, junto a la clase obrera, la avanzadilla primero y luego la primera y masiva línea del frente contra la dictadura franquista que en aquellos momentos garantizaba la permanencia del capitalismo. Paralelamente, y en consonancia con dicho papel, nutrió las corrientes internas del PCE y del PSOE que en repetidas ocasiones pusieron en peligro la capacidad de éstos en la colaboración de clases que permitió salvar de las ruinas franquistas el sistema burgués de explotación. Que las actuales élites dirigentes de dichos partidos (como se ve en un franco proceso combinado biológico-político de maduración-putrefacción) estén extraídas de aquella generación no es más que un síntoma más de hasta que punto es cierto, de hasta que punto la burocracia estalinista y socialdemócrata tivo que ceder ante el empuje juvenil en la “transición”.
La sociedad que sufre el sistema burgués en su época de putrefacción, el imperialismo, sólo puede pervivir, y mantener el parasitismo económico y social que represente, sobre la base de enormes desigualdades planetarias e internas a las mismas metrópolis, grandes o pequeñas, de primer o cuarto orden. Sólo sobre la base de continuas agresiones a las masas puede el acpitalismo continuar asegurando el máximo beneficio, motor del sistema económico. La juventud, como segmento social, sufre en su conjunto de forma muy acentuada los mecanismos, analizados en este mismo número de GERMINAL, tendentes a contrarrestar la baja tendencial de la tasa de beneficio: el paro que garantiza un ejército industrial de reserva que presione sobre las conquistas económicas y sociales de los asalariados agudizando los mecanismos concurrenciales en el interior de la propia clase obrera; la depreciación del valor de la fuerza de trabajo plasmada en la pérdida de valor del conjunto de los salarios, tanto directos como indirectos. Asimismo también la juventud en su conjunto ha de soportar de forma particular los sacrificios que la reproducción del sistema capitalista y el aseguramiento de la forma estatal que lo garantiza exigen de las masas, sacrificios que devienen del encuadramiento en las diversas “instituciones” sociales y aparatos estatales que son los instrumentos básicos de la reproducción social del sistema burgués de explotación del hombre por el hombre: la familia y la educación burguesa, el ejército, la cultura de masas imperialista, y toda la retahíla de consecuencias que hacen del hombre actual un ser tan sofisticadamente enajenado hasta el tuétano.
El paro afecta al sector juvenil de forma aplastante y no hace falta aportar estadísticas, es harto sabido que la tasa de paro juvenil ha venido doblando a la tasa general de paro, que los jóvenes que han representado aproximadamente un 34% de la población activa han nutrido más de la mitad del contingente del ejército de reserva, llegando a suponer más del 65% de los parados. Que estas cifras traata de ocultarlas la cortina de humo de la prolongación del período de educación preparatoria para el eternamente repetido primer empleo (¡ha de ser posible con experiencia!) y que el corolario del masivo paro juvenil es la antesala a la masiva precarización del empleo es también de sobras conocido. La descualificación de los trabajos ofertados es el rostro diamantino con el que el mercado capitalista de trabajo se muestra a los jóvenes haciéndoles enternecedores mohines para que acepten salarios por lo general muy por debajo de las generaciones que aún conservan un lugar bajo el sol en dicho mercado, la renuncia a practicamente la totalidad del salario indirecto (seguros sociales) es la prueba de amor más palpable que el decrépito y viejo mercado capitalista de trabajo reconocerá de los jóvenes para fundirse con ellos en un abrazo prometedor de una larga vida de miseria y privaciones. La tolerante familia que ha generado la democracia guardará bajo llave la dignidad de la juventud para entregársela como regalo de despedida cuando no pueda tolerar por más tiempo el sustento de la masa de seres humanos obligados a crecer, crecer y crecer consumiendo (lo que se pueda) para acceder a la plenitud de no ser nada ni nadie. Claro que para esto estará preparada la juventud por el ejército legado por Franco y puesto a buen recaudo de las iras de las masas por la democracia, ejército de leva que promete en reconvertirse en profesional para dejar el trabajo sucio de policía de barrio conflictivo a las levas del servicio social sustitutorio como apunta el proyecto francés.
Las fariseas quejas de las direcciones políticas respecto a la desafección política de la juventud se elevan sobre el conjunto de agresiones que la democracia ha asegurado al sector juvenil de la población. No es de extrañar que el instrumento más importante que han utilizado las masas para frenar a la burguesía hasta ahora, el PSOE, ande huérfano… de hijos. No es de extrañar que la juventud deje de lado los “sindicatos de clase”. Tanto la política de deconstrucción del carácter obrero del PSOE y del PCE-IU como la continuada dejación de la defensa de dicho sector que han ejercido Comisiones y UGT tienen como resultado un fenómeno contradictorio: por una parte se amplía la cantidad de jóvenes que están libres de sujeciones a las direcciones tradicionales del movimiento obrero y al mismo tiempo, ante la ausencia de un partido revolucionario capaz de servir de alternativa a los jóvenes, el nivel de conciencia baja a cotas no conocidas hasta ahora desde que la clase obrera se constituyó en clase para sí mediante la construcción de organizaciones propias independientes de la burguesía. El pleno desarrollo de este fenómeno no se ha realizado todavía y el resultado dependerá, en última instancia, de que la clase obrera y la juventud sean capaces de generar dicho partido a partir de los elementos que dan vida al propio fenómeno. Y un elemento fundamental es la destrucción de la IV Internacional, la degeneración de las corriente y grupúsculos que de dicha destrucción se han desgajado. Pero que la juventud asuma el papel que sólo ella puede ejercer en la construcción del POR, del Partido obrero revolucionario, será determinante en la resolución de la contradicción señalada.
A la luz de esa necesidad cabe recordar en 1996 el análisis que hace 60 años resumía Trotsky en El Programa de Transición en su epígrafe “¡Abrid paso a la mujer trabajadora! ¡Abrid paso a los jóvenes!” Decía: “La generación madura, que ha sufrido terribles derrotas, abandonará masivamente la lucha. Por otra parte la IV Internacional no está dispuesta a convertirse en un asilo de revolucionarios inválidos o de burócratas y arribistas desilusionados…Sin duda hay no pocos hartos y desilusionados entre los trabajadores que en algún momento estuvieron en los primeros puestos. En el próximo período, al menos, seguirán manteniéndose a la expectativa. Cuando un programa o una organización se aviejan, también envejece con ellos la generación que les sirvió de soporte. Son los jóvenes, libres de responsabilidades por el pasado, quienes se encargan de regenerar al movimiento. La IV Internacional dedica especial atención a la joven generación proletaria. Toda su política se dirige a hacer que los jóvenes confíen en sus propias fuerzas y en el futuro. Tan solo el fresco entusiasmo y el espíritu agresivo de la juventud pueden garantizar los primeros éxitos en el combate; y sólo esos éxitos pueden volver a traer a los mejores elementos de la generación madura al camino de la revolución. Así ha sido siempre y así será.” (L. Trotsky, “El Programa de Transición”, Edit. Akal 1977, p.58).
14/11/96
| Adjunto | Tamaño |
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| 006-Ger2ªEp.nº6.21-11-1996.pdf | 4.82 MB |






