1996 - 1997. Diciembre 96 / enero 97, fuerza y debilidad del proletariado coreano

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DICIEMBRE 96 / ENERO 97, FUERZA Y DEBILIDAD DEL PROLETARIADO COREANO
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DICIEMBRE 96 / ENERO 97, FUERZA Y DEBILIDAD DEL PROLETARIADO COREANO
LA NUEVA LEGISLACION DEL TRABAJO: UN ATAQUE FRONTAL CONTRA EL PROLETARIADO
El jueves 26 de diciembre de 1996, los diputados del partido gubernamental (Partido de la Nueva Corea) aprobaron una nueva legislación del trabajo. La ley fue aprobada con la ausencia, incluso, de la oposición parlamentaria burguesa.
¿Qué prevé esta ley? Por una parte establece una total libertad de despido, limita los contratos indefinidos en beneficio de contratos de duración determinada. Instaura la flexibilidad y anualización del tiempo de trabajo, permitiendo jornadas de hasta 56 horas semanales en función de la demanda. Por otra parte refuerza todas las disposiciones contra el movimiento obrero. Así, prevé la posibilidad de reemplazar en todo momento el personal huelguista por personal interino. Rechaza el reconocimiento de cualquier otro sindicato antes del 2002, en particular de la KCTU (Confederación Coreana de Sindicatos). Mantiene la prohibición de sindicación para los funcionarios y enseñantes.
Aunque a decir verdad esta ley no es completamente nueva. En lo esencial se trata del retorno puro y simple a la legislación antiobrera de la dictadura de Park Chung Hee, dictadura instaurada por el imperialismo americano en 1961, y actualizada en 1980 por el gobierno de Chon Doo Whan. Una legislación que había sido muy quebrantada por el movimiento de la clase obrera y de la juventud. En cada una de las legislaciones de 1963 y de 1980 se intentó reconocer como único sindicato al ‘sindicato oficial’ cuyos dirigentes eran nombrados con el aval del gobierno, subordinar el ejercicio de huelga al acuerdo del mismo gobierno, impedir la sindicación de los funcionarios. Todas estas medidas, ampliamente barridas en 1987, se intentan ahora reinstaurar.
Para comprender la violencia de tal ataque es preciso apreciar cual es el lugar que ocupa Corea del Sur en relación con su propia historia, modelada por las diferentes potencias imperialistas, en particular el imperialismo americano, y por el rol jugado por la burocracia estalinista hasta que explotó.
En 1945 se selló un acuerdo contrarrevolucionario entre el imperialismo americano y la burocracia estalinista para dividir Corea en dos a nivel del paralelo 38. Esta división de Corea chocó frontalmente con las aspiraciones de las masas coreanas a constituirse en nación. Aspiración opuesta desde hace siglos a las empresas colonizadoras alternativas de China y Japón, a las que se debe juntar en el siglo XIX Rusia. De 1910 a 1945 el Japón aseguró su dominación colonial sobre Corea. La cuestión nacional, pues, jamás ha sido solucionada en Corea y el combate por hacerlo mediante la reunificación y contra la división mantenida hasta ahora, es parte integrante y decisiva del combate del proletariado coreano y de la juventud tanto del Norte como del Sur.
LA GUERRA DE COREA
Stalin decidió que las tropas norcoreanas atacaran al Sur. En caso de triunfo sería un refuerzo para la lucha que no deja de mantener con la ‘República democrática China’. Creyó poder comprometer a las tropas de Corea del Norte para invadir Corea del Sur, aunque en Yalta el imperialismo americano había recibido en el reparto el dominio sobre el Sur de Corea.
En enero de 1950, el secretario de estado Dean Acheson anunció públicamente que Corea no formaba parte del perímetro de defensa de los Estados Unidos. En realidad se trataba de una de esas maniobras a las que acostumbra el imperialismo americano. Apenas franquearon la frontera las tropas norcoreanas, a demanda de Estados Unidos el Consejo de Seguridad de la ONU se hace cargo de la guerra de Corea, las tropas americanas juegan en ella el principal papel, Mac Arthur es nombrado comandante supremo.
El 25 de junio de 1950 las tropas norcoreanas invaden el Sur de la península. Stalin se encierra en la trampa que le tendió el imperialismo americano. En pocas semanas las tropas norcoreanas llegan a unos 40 kilómetros de Pusan, puerto de Corea del Sur. En caso de victoria Corea del Norte debería alinear las relaciones de producción de Corea del Sur sobre las suyas. Pero las tropas americanas reagrupadas y reforzadas detienen el avance norcoreano, sus tropas son inmovilizadas. Los americanos preparan la contraofensiva que dirigirá Mac Arthur, nombrado General jefe.
Sus tropas desembarcan en Inchon, a la altura del paralelo 38. En tres días cortan Corea a la altura de este paralelo, las tropas del norte, que han caído en la trampa, retroceden derrotadas y en desorden. Simplemente capitulan. La empresa de Stalin desemboca en un desastre. En seguida, Mac Arthur invade Corea del Norte y sus tropas alcanzan el Yalu, frontera entre China y Corea. Entonces, apenas pertrechadas con un armamento irrisorio pero en innumerable masa, las tropas chinas contraatacan. Van a derrotar a las tropas americanas, aunque al precio de 900.000 muertos. Mac Arthur amenaza con emplear la bomba atómica contra China. Truman lo destituye fulminantemente y nombra en su lugar al general Ridgway.
Desangrado, el ejército chino es bloqueado a pocos kilómetros de Seúl. El 27 de julio se firma el armisticio entre los chinos y el imperialismo americano. Desde entonces no han cambiado las posiciones geográficas. Seúl queda como capital de Corea del Sur controlada por el imperialismo americano.
DOMINACION IMPERIALISTA Y CONSTITUCION DE UN CAPITAL NACIONAL
El capitalismo, pues, se desarrolla en la parte sur de Corea en estrecha dependencia del imperialismo americano. Se desarrolla a la sombra de un régimen militaro-policial, constituido en estrecha ósmosis con el ejército y los servicios secretos americanos (¡hasta tal punto de que la policía secreta surcoreana se llama KCIA!). Este régimen militaro-policial permitirá el desarrollo de la economía capitalista sobre la base de una fenomenal tasa de explotación de la mano de obra. Desarrollo basado en gran parte sobre la base de inversiones americanas a las que se unirán, a partir de 1965 y la firma del tratado de normalización de relaciones con el Japón, las inversiones japonesas (que de ahora en adelante sobrepasarán a las primeras).
Pero al lado de estas inversiones, todos los esfuerzos de los gobiernos han consistido a través de ‘planes quinquenales’ en constituir una burguesía nacional. Como en otros países dominados, el instrumento de esta tentativa ha sido la estatización del sistema bancario. Mediante la ayuda financiera masiva del sistema bancario del estado se han podido constituir los grandes trusts coreanos: Samsung, Daewoo, Hyundyai. Y aún así, estos trusts no son en absoluto independientes de las grandes potencias imperialistas con las cuales han firmado acuerdos varios: Hyundai con la Mitsubishi, Daewoo con General Motors, Samsung con Chrysler por ejemplo.
De todas formas, el rápido desarrollo del capitalismo modificó radicalmente la estructura de la producción a partir de los años1970, producción ampliamente virada hacia la exportación. Corea es la segunda potencia mundial en astilleros navales y se encuentra entre los diez primeros productores mundiales de acero. Al mismo tiempo, algunas industrias tradicionales, en particular el textil y la marroquinería, se han deslocalizado hacia otros países donde las condiciones de explotación de la mano de obra son aún más ventajosas para el capital. En conjunto, con excepción de cortos períodos de recesión, predomina el rápido crecimiento de la economía surcoreana. El producto interior bruto ha aumentado un 9,1% en 1991, un 5,1% en 1992, 5,5% en 1993, 8,2% en 1994. Sólo para el año 1995, el volumen de exportaciones aumentó un 14% sobre el año precedente.
UN DESARROLLO ECONOMICO AMENAZADO DE HUNDIMIENTO
Si embargo este aparentemente impetuoso desarrollo no es más que un aspecto de las cosas. De entrada es un desarrollo producido por medios artificiales que colocan a la economía coreana en su conjunto bajo la muy real amenaza de una catástrofe bancaria y financiera. Desde este punto de vista, lo que pasa en la economía coreana es un reflejo de las características generales del estado actual del imperialismo.
Por una parte, el desarrollo se ha dado sobre la base de un endeudamiento generalizado: importante endeudamiento del estado (que aumenta un 10% anual desde 1990), endeudamiento catastrófico de los trusts coreanos que se han abierto camino en el mercado mundial con los métodos aventureros del dumping. Por ejemplo Daewoo, recientemente de actualidad por no haber logrado hacerse con Thomson Multimedia, tiene un endeudamiento que alcanza el 352% de su capital; Hyundai llega al 500%. Para comparar, el endeudamiento medio de las firmas francesas es del orden del 100%.
Desde este punto de vista, la quiebra de Hanbo Steel, segundo grupo siderúrgico de Corea, es muy reveladora. Veamos lo que decía el corresponsal de Le Monde en Tokio:
“La quiebra de la segunda siderúrgica de Corea del Sur, Hanbo Steel, cuyas deudas se cifran en 5800 millones de dólares, constituye una advertencia para un sistema financiero ya fragilizado. Sus principales acreedores, Korea First Bank, Korea Exchange Bank, Seoul Bank y Korea Development Bank han sido directamente afectados: sus préstamos, otorgados sin las suficientes garantías, son prácticamente irrecuperables. Korea First Bank ha sido el más vulnerable, con créditos que se elevaban a 1300 millones de dólares, o sea un 60% del montante de sus recursos: le harán falta diez años para borrar la deuda”.
La gran fragilidad de los ‘chaebols’ -así se llaman los trusts coreanos- lleva en sí misma la amenaza de hundimiento del sistema bancario, un hundimiento que, claro está, traería consecuencias mucho más allá de las fronteras de Corea. Es comprensible la inquietud del capital financiero de las metrópolis imperialistas. También se informa en el mismo número de Le Monde que inmediatamente después de la declaración de quiebra de la Hanbo Steel, la banca japonesa y la de Hong Kong decidió aplicar, a las filiales en el extranjero de los bancos coreanos, tasas de interés más elevadas.
EL PROLETARIADO Y LA JUVENTUD COREANA COMBATEN
Y a decir verdad otra amenaza planea sobre la economía capitalista coreana, por lo demás producto inevitable de su desarrollo: el desarrollo del mismo proletariado. Este proletariado, a la vez numéricamente muy poderoso (ya habían 9 millones de obreros en 1986) y muy concentrado en las grandes empresas, ha afrontado importantes combates de clase a pesar de la sangrienta represión a la que ha recurrido el estado militaro-policial. En 1987 la clase obrera se unía a la movilización de los estudiantes contra la dictadura, movilización que socavó profundamente el régimen militar y permitió arrancar algunas libertades democráticas. La fusión del movimiento de la juventud -hay cerca de 1,4 millones de estudiantes en Corea del Sur- y el de la clase obrera siempre ha integrado reivindicaciones por las libertades democráticas y contra el régimen militar junto al combate contra el imperialismo y por la reunificación (sirva de ejemplo la lucha de los estudiantes en 1996). En 1987 la movilización de las masas arrancó importantes concesiones (fin de la ‘autoelección’ del presidente de la república, liberación parcial de presos políticos), aunque la oposición burguesa al régimen uno de cuyos jefes era Kim Young Sam, actual presidente de la república, consiguió salvar al régimen. En el plano de las reivindicaciones económicas, los obreros coreanos obtuvieron aumentos salariales del orden del 15% anual durante los últimos años, lo que, aunque se tenga en cuenta una inflación de un 5% anual, constituye una mejoría de sus condiciones de existencia. Este despertar del proletariado coreano se inscribe en el desarrollo general del combate de clase en los países llamados ‘emergentes’, como se inquieta Le Monde:
“Si la perspectiva de un recalentamiento de estas economías parece hoy por hoy descartada, los temores se trasponen a los riesgos de una eventual explosión social (…)”
El mismo diario cita el ejemplo de Indonesia:
“En Indonesia el número de movimientos de huelga ha pasado de 19 en 1989 a 296 en 1994, representando una pérdida de 1,5 millones de horas de trabajo”
Según las estadísticas de la ONUDI y del FMI los salarios reales habrían progresado entre 1973 y 1993 un 150% en Filipinas, 195% en Malasia, 240% en Indonesia y 290% en Singapur. Aunque se tomen esta cifras con prudencia, son el reflejo de una realidad, a saber: que el proletariado de estos países ha emprendido el combate para vender más cara su fuerza de trabajo en una situación en la que la burguesía, teniendo en cuenta la abismal diferencia entre el coste de la fuerza de trabajo en estos países y en las metrópolis imperialistas, aún podía hacer concesiones.
LA ADHESION DE COREA DEL SUR A LA OCDE Y LA NECESIDAD DE ACOMETER CONTRA EL PROLETARIADO
La ley sobre el trabajo manifiesta que de ahora en adelante, en Corea, las concesiones han terminado. En 1996 el gobierno surcoreano decidió la adhesión a la OCDE (Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico). Las implicaciones son las siguientes: levantamiento de las protecciones tarifarias y aduaneras que según Le Monde “amenaza del 5 al 12% de los productos locales y entre 170.000 y 405.000 empleos”, y apertura del mercado financiero coreano desde 1997. Desde entonces, y contra la política proteccionista que había imperado hasta entonces en el plano agrícola, los Estados Unidos consiguieron poder vender su arroz en el mercado surcoreano. Por otra parte no cabe duda de que la adhesión a la OCDE fue impuesta por las potencias imperialistas dominantes, especialmente por el imperialismo americano..
Tal situación obligó al gobierno de Kim Young Sam a tomar desde 1993 una serie de medidas que llegaban a cuestionar incluso las prebendas y ventajas que disfrutaban antaño ciertos sectores del aparato político y militar. De hecho, la estrecha fusión de los aparatos político, militar y bancario favorecía un sistema de corrupción generalizada. Desde 1992 se emprendió un proceso de privatización del sistema bancario acompañado de medidas contra la mafia de estado llamada ‘sociedad única’, que reagrupaba a los beneficiarios de esta corrupción.
Pero los golpes del gobierno de Kim Young Sam están dirigidos principalmente contra el proletariado. Se trata no sólo de acabar con los aumentos salariales, de instaurar la flexibilidad, sino de ir más lejos y cuestionar las escasas libertades democráticas que arrancaron la clase obrera y la juventud desde 1987. Por ello, y constituyendo un elemento decisivo de la legislación adoptada por una mayoría sometida por Kim Young Sam, se han reforzado los poderes de los servicios secretos (la KCIA).
EL IMPERIALISMO Y LA BUROCRACIA DE LA CISL PATROCINAN UNA LEY ADOPTADA MEDIANTE EL ‘DIALOGO SOCIAL’
Respecto a ello es importante ver cual ha sido la posición de las potencias imperialistas con relación a los desarrollos de la lucha de clases en diciembre y enero. La prensa burguesa ha querido hacer creer que las potencias imperialistas desaprobaban el gobierno de Kim Young Sam en nombre de los eternos ideales de la ‘democracia’. ¿Pero cuál es la realidad? Le Monde cita al Comité de empleo, trabajo y asuntos sociales de la OCDE, que el 23 de enero
“reconoce los esfuerzos desplegados por las autoridades coreanas para reformar la legislación del trabajo, pero estima que la nueva ley no responde plenamente a los compromisos del gobierno coreano en lo que concierne a la libertad de asociación y a la negociación colectiva” (…) y (…) “anima al gobierno coreano a retomar el diálogo con todas las partes interesadas, lo que será testimonio de la importancia que el gobierno concede a una aceleración del proceso para garantizar plenamente la libertad de asociación y de negociación colectiva”.
Es decir, la OCDE aprueba plenamente los objetivos de la ley de Kim Young Sam, pero pide al gobierno que los ponga en práctica por otros medios, los de la ‘concertación’, ‘participación’ y ‘diálogo social’. Los círculos imperialistas abogan en particular por que la KCTU, actualmente no reconocida, sea integrada en dicho ‘diálogo social’.
Los dirigentes de la CISL (Confederación Internacional de Sindicatos Libres) se alinearon inmediatamente sobre los pasos de los dirigentes imperialistas y se presentaron en Seúl para avalar esta posición, en particular ante los dirigentes de la KCTU. Así hizo el aparato de FO, miembro francés de la CISL, que se pronunció por la ‘reforma’ de la legislación del trabajo como pone de manifiesto, por ejemplo, esta posición de la Federación de Enseñanza FO, que, en esto como en otras cosas, expresa fielmente la posición del aparato confederal:
“La FNEC-FP-FO afirma su solidaridad y apoyo a los trabajadores de Corea en huelga por la defensa de sus derechos. La FNEC-FP-FO exige en particular que cesen todas las persecuciones emprendidas contra los responsables sindicales y que sea respetada la existencia de los sindicatos coreanos.
La FNEC-FP-FO se dirige solemnemente al gobierno coreano para solicitarle abrir inmediatamente la discusión con los representantes de los sindicatos con el fin de que sea reformada la nueva ley sobre el trabajo” (9.1.97)
El gobierno de Kim Young Sam no ha tardado nada en adherirse al método preconizado por las potencias imperialistas. Desde el 10 de enero, y con el objetivo de desactivar el llamamiento a la huelga general, el dirigente del partido de Kim Young Sam (Partido de la nueva Corea) se reunía con los dirigentes del sindicato amarillo, la Federación de sindicatos coreanos (FKCTU). El 21 de enero Kim Young Sam se reunió con los dirigentes de la ‘oposición’ (burguesa) y anunció que el no reconocimiento de la KCTU había sido un error. Le Monde del 22 de enero indicaba:
“Un mes después del desencadenamiento de un importante movimiento sindical, el presidente surcoreano Kim Young Sam aceptó finalmente, el martes 21 de enero, reexaminar la muy contestada ley sobre el trabajo. Dicha legislación’ podrá ser de nuevo discutida en el Parlamento’, anunció un portavoz de la presidencia tras una reunión entre el jefe del estado y los responsables de los partidos de la oposición surcoreana. El presidente ha hecho saber igualmente que suspendería las órdenes de detención emitidas por la justicia contra los dirigentes sindicales que encabezan el movimiento de protesta. El jefe del estado, sin embargo, ha precisado que no se trataba de abrogar una ley que ya había sido votada por el Parlamento el 26 de diciembre en ausencia de los diputados de la oposición”.
Kim Young Sam quiere indicar con ello que ha asimilado perfectamente las consignas de sus superiores. Desde ahora preconizará el diálogo… en el marco del mantenimiento de la ley ya adoptada. El diálogo tendrá lugar, incluso con la KCTU, y el movimiento de masas refluirá sin obtener la derogación de dicha ley.
EL MOVIMIENTO DE MASAS Y LOS SINDICATOS
Claro está que no se puede entender el hecho de que el poderoso movimiento de masas no haya podido ni barrer al gobierno de Kim Young Sam, ni hacerlo retroceder en la legislación sobre el trabajo, sin apreciar precisamente el papel de los dirigentes sindicales. En Corea existen esencialmente dos confederaciones sindicales: la FKCTU, única reconocida, y la KCTU, todavía ilegal.
Pero la FKCTU sólo tiene de sindicato el nombre. En realidad es la heredera de los sindicatos organizados por el gobierno en estrecha ósmosis con el imperialismo americano, sindicatos organizados tras la feroz represión contra los verdaderos sindicatos obreros que se construyeron en la posguerra y que la represión liquidó. Sobre la tradición de este sindicalismo de estado del que es heredera la FKCTU, veamos lo que dice la Histoire du Syndicalisme dans le Monde des Origines a nos Jours de Jean SAIGNES:
“Esta [la FKCTU, ndlt] se da como programa la colaboración con la patronal y el poder, y la movilización de la mano de obra para promover el crecimiento. (…) Amenazas¬ prisión, torturas, listas negras elaboradas a menudo por los propios jefes sindicales, son moneda corriente. (…) En estos sindicatos la corrupción hace estragos a la hora de acceder a las funciones dirigentes a menudo muy lucrativas. Los dirigentes de este trade-unionismo conservador, aconsejados por la A.F.I.L., una de las ramas internacionales de la AFL-CIO, y clientelizados por el poder, mantienen entre el asalariado la adhesión al productivismo oficial, ligándose así plenamente a los fines de la estrategia económica (…) predican sin descanso la colaboración con la patronal y el anticomunismo combatiendo el recurso a la huelga.”
En resumidas cuentes, en una situación extremadamente peligrosa debido a la movilización de las masas, la FKCTU se mantuvo fiel a su historia.
Fue la KCTU quien llamó a la huelga el 26/12/96 y no la FKCTU, ésta última, empero, se vio obligada a adherirse a la misma. Y, por el contrario, fue después la FKCTU la que llamó a la vuelta al trabajo.
Mientras la movilización se mantuvo en su cumbre, a principios de enero, la FKCTU no llamó a la huelga y dialogó con el representante del gobierno. Llamó a la huelga el 14 y 15 de enero cuando el movimiento estaba casi liquidado. La huelga, desde 14/15 de enero será ya un fracaso. No se puede decir que la FKCTU traicionara la movilización obrera; más bien es preciso decir que la clase obrera tuvo a toda la FKCTU frente a ella.
Hay una diferencia con la KCTU. Esta es heredera de otra tradición, la del combate del proletariado, en las peores condiciones de represión, por constituir verdaderos sindicatos contra el ‘sindicalismo oficial’. Es la heredera de los combates de 1987 que abrieron una brecha en la dictadura militaro-policial. Sería erróneo, sin embargo, ilusionarse con la dirección de la KCTU. Si sobre la base de la presión del movimiento de masas pudo incluso, en un momento del conflicto, pronunciarse por derribar el gobierno de Kim Young Sam, los estrechos lazos que mantienen sus dirigentes con la burocracia de la CISL, que establecieron relaciones con ella tras decenios de apoyo a los ‘sindicatos oficiales’, influencia que ejerce sobre sus dirigentes la Iglesia católica, la condujeron en resumidas cuentas a aceptar el marco del ‘diálogo social’ con Kim Young Sam.
No por ello hay que dejar de sumar en el haber de la formidable combatividad de la clase obrera coreana el haber comenzado a construir una organización sindical de clase rompiendo con los sindicatos del estado.
LA SITUACION EN COREA DEL NORTE
Si nos atenemos a los resultados, es incontestable que el gobierno ha vencido en el pulso que lo ha opuesto al proletariado. Para comprender esto es preciso apreciar también el papel y la situación de la burocracia que ostenta el poder en el Norte. La movilización obrera en el Sur era sentida como una amenaza por el gobierno norcoreano.
El caso del submarino hundido en septiembre pasado tras una incursión en aguas territoriales surcoreanas ofreció al gobierno norcoreano la oportunidad de pronunciarse, el 29 de diciembre -o sea inmediatamente después del inicio de la huelga-, por “la paz y la estabilidad de la península coreana”.
“La República Popular Democrática de Corea desea actuar concertadamente con otros países en pro de la paz y la estabilidad de la península coreana”.
Ello no carece de importancia ya que de forma natural todo movimiento de masas implica necesariamente la cuestión de acabar con la partición de la península impuesta por el imperialismo y la difunta burocracia estaliniana.
Y el mismo estado en que se encuentra Corea del Norte es por sí solo una ayuda para el gobierno del Sur. La gestión de la burocracia ha conducido a un verdadero desastre económico agravado por el hundimiento de la URSS. La penuria es tal que las masas están al borde de la hambruna. El imperialismo americano ejerce una presión cada vez más fuerte, y a decir verdad mantiene al país a su merced utilizando el arma del embargo sobre las exportaciones y la de la ‘ayuda humanitaria’ ya que ahora los recursos agrícolas del país no pueden alimentar a sus habitantes.
En Corea del Norte, como en otras partes, la burocracia se apresura a desmantelar la propiedad estatal recurriendo, principalmente, a la creación de ‘zonas libres’, tal y como hace la burocracia china, pero con mucho menos éxito debido a la negativa del imperialismo americano a invertir. Jamás, por ejemplo, fueron realizadas las previstas inversiones de la General Motors.
El general Gary Luck, con el cinismo propio de un representante regional del imperialismo, resume muy bien la situación:
“La cuestión no estriba en saber si ese país va a desintegrarse, sino cómo, por implosión o explosión y cuándo lo hará”.
CUESTIONES A RESOLVER PARA LA CLASE OBRERA Y LA JUVENTUD DE COREA
La movilización de masas de diciembre 96 / enero 97 planteó, más allá de la derogación de la ley sobre el trabajo, la cuestión de la misma existencia del gobierno de Kim Young Sam y el desmantelamiento del estado militaro-policial construido por el imperialismo americano. Pero la clase obrera, aunque ha comenzado a construir sus centrales sindicales, se ha visto bloqueada en el combate por el hecho de no disponer de partido político propio.
La construcción del partido obrero en Corea es una cuestión decisiva para el futuro, un partido que no podrá construirse más que a partir de militantes sindicales y de los que surjan del movimiento juvenil.
El programa de tal partido deberá necesariamente integrar como cuestión crucial el combate por la reunificación de Corea y por una Constituyente soberana para toda Corea, lo que supone la liquidación del gobierno militar del Sur y de la burocracia del Norte.
En esto la constitución del Partido Obrero es inseparable de la emergencia de una vanguardia revolucionaria. Ha sido precisamente la ausencia de Partido Obrero y de una vanguardia que combatiera en su seno por el programa de la revolución socialista lo que ha constituido, a pesar de su impresionante fuerza, la debilidad del movimiento de diciembre 96 / enero 97 en Corea del Sur. (C.P.S. 67 - 11.04.97)

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97-04-11, Diciembre 96 enero 97, fuerza y debilidad del proletariado coreano, CPS nº 67, abril de 1997, páginas 15 a 20.pdf52.21 KB