La lucha política contra el revisionismo lambertista

Materiales en CASTELLANO 

para un balance de la lucha contra el revisionismo lambertista

 

El Grupo Germinal acordó en su reunión plenaria del 6 de mayo de 2006 hacer públicos en castellano diversos textos del COMITÉ POUR LE REDRESSEMENT POLITIQUE ET ORGANISATIONNEL DU P.C.I. (POUR LA RECONSTRUCTION DE LA IVè INTERNATIONALE) y del, después, COMITÉ POUR LA CONSTRUCTION DE PARTI OUVRIER REVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L'INTERNATIONALE OUVRIERE REVOLUTIONNAIRE. Comenzamos la labor con esta primera entrega.

 

Desgraciadamente los materiales políticos de esta organización, hasta la muerte de Stéphane JUST, son desconocidos en lengua española y, por tanto, inaccesibles a los militantes que, bien reagrupados en diversas organizaciones, bien aislados, intentan luchar por hacer pervivir el programa de la revolución permanente, la lucha por el mantenimiento de los principios bolcheviques y, por tanto, del marxismo.

 

(Están accesibles EN FRANCÉS los sumarios y algunos artículos on line de los números de Combattre pour le Socialisme - órgano del Comité - publicados bajo la dirección de Stéphane Just:

 

 

 

1984. Cómo el revisionismo se apoderó de la dirección del PCI, Stéphane JUST

Cómo el revisionismo se apoderó de la dirección del PCI, Stéphane JUST, 1984

1984. Dónde está y hacia dónde va la dirección del PCI, Stéphane JUST, 1984

Dónde está y hacia dónde va la dirección del PCI, Stéphane JUST, 1984

1986. Contribución a la preparación del XXXI Congreso del PCI

Contribución a la preparación del XXXI Congreso del PCI, número especial de Combattre pour le Socialisme, 18 de abril de 1986, Comité por el enderezamiento político y organizativo del PCI, por la reconstrucción de la Cuarta Internacional

1986. Despúes de la huelga del 21 de octubre de 1986

Despúes de la huelga del 21 de octubre de 1986, Editorial de Combattre pour le Socialisme, nº 12, 23 octubre de 1986

1986. Informe sobre la situación internacional aprobado por el Comité Nacional el 26 de septiembre de 1986

INFORME SOBRE LA SITUACIÓN INTERNACIONAL APROBADO POR EL COMITÉ NACIONAL EL 26 DE SEPTIEMBRE DE 1986; Editado por el COMITÉ POR EL ENDEREZAMIENTO POLÍTICO Y ORGANIZATIVO DEL PCI,POR LA RECONSTRUCCIIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL

1987. Caracas: en peligro la existencia de la Cuarta Internacional - CIR

Caracas: en peligro la existencia de la Cuarta Internacional - CIR, suplmento al nº 15 de Combattre pour le Socialisme, 30 marzo de 1987

1987. Informe sobre la Cuarta Internacional, Comité por la construcción del Partido Obrero Revolucionario

Informe sobre la Cuarta Internacional, Comité por la construcción del Partido Obrero Revolucionario, por la construcción de la Internacional Obrera Revolucionaria

1991. A propósito de dos Conferencias y Declaración del Comité (mayo y noviembre de 1991)

A PROPÓSITO DE DOS “CONFERENCIAS MUNDIALES”
Publicado en Combattre pour le Socialisme, suplemento al nº 37, 15 de mayo de 1991, páginas 1-10
COMITÉ POUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER RÉVOLUTIONNAIRE (POUR LA RECONSTRUCTION DE LA IVè INTERNATIONALE)
DECLARACIÓN DEL COMITÉ POR LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO, POR LA CONSTRUCCIÓN DE LA INTERNACIONAL OBRERA REVLUCIONARIA
Publicado en el suplemento a Combattre pour le socialisme nº 40, 22 de noviembre de 1991, COMITE POUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER REVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L’INTERNATIONALE OUVRIERE REVOLUTIONNAIRE

1992. Del oportunismo... al revisionismo... al liquidacionismo

DEL OPORTUNISMO... AL REVISIONISMO... AL LIQUIDACIONISMO, Suplemento nº 2 a COMBATTRE POUR LE SOCIALISME nº 41, 10 de marzo de 1992
(COMITE POUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER REVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L'INTERNATIONALE REVOLUTIONNAIRE)

1995. Artículos y declaraciones publicadas en Germinal, 2ª época, nº 1, febrero 1996

Declaración del COMITÉ POUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER RÉVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L'INTERNATIONALE OUVRIÈRE RÉVOLUTIONNAIRE : Defender la Seguridad Social (30 de octubre de 1995
Declaración del COMITÉ POUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER RÉVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L'INTERNATIONALE OUVRIÈRE RÉVOLUTIONNAIRE: Salvar la Seguridad Social exige romper con el gobierno Chirac-Juppé, iniciar el combate contra él para vencerlo y derribarlo (17 de noviembre de 1995)
Declaración del COMITÉ POUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER RÉVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L'INTERNATIONALE OUVRIÈRE RÉVOLUTIONNAIRE: Dirigentes de las Federaciones sindicales: romped con el gobierno y la patronal, realizad el Frente Único, Llamad a la Huelga General de toda la clase obrera (1 de diciembre de 1995)
Declaración del COMITÉ PÒUR LA CONSTRUCTION DU PARTI OUVRIER RÉVOLUTIONNAIRE, LA CONSTRUCTION DE L'INTERNATIONALE OUVRIÈRE RÉVOLUTIONNAIRE: El gobierno Chirac-Juppé persiste y firma (14 de diciembre de 1995)

1996. Argelia. Contra la dictadura militar, contra la reacción islamista, por una auténtico Partido Obrero

ARGELIA. CONTRA LA DICTADURA MILITAR, CONTRA LA REACCIÓN ISLAMISTA, POR UN AUTÉNTICO PARTIDO OBRERO (Combattre pour le socialisme, nº 62, abril 1996) (Publicado en Germinal, 2ª época, nº 5, julio 1996, páginas 23 a 28)

1996. Defender el marxismo, defender el materialismo dialéctico

1996. El proletariado alemán: proletariado decisivo en Europa. El imperialismo alemán: líder político

1996. Ex Yugoslavia; el imperialismo americano adquiere una posición estratégica

EX-YUGOSLAVIA: EL IMPERIALISMO AMERICANO ADQUIERE UNA POSICIÓN ESTRATÉGICA (Combattre pour le socialisme nº 62, mayo de 1996)(Publicado en Germinal, 2ª época, nº 5, julio de 1996, páginas 6-11)

1996. La bota de hierro (terror en Palestina), Comité pour la construction du parti ouvrier révolutionnaire

1996. Rusia ante las elecciones generales. Elecciones a la Duma. Condiciones de estas elecciones

1996. Socialismo o barbarie, declaración noviembre de 1996

DECLARACION DEL COMITÉ POR LA CONSTRUCCION DEL PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO Y DE LA INTERNACIONAL OBRERA REVOLUCIONARIA
SOCIALISMO O BARBARIE
Todos podemos ver la realidad del capitalismo: una inmensa miseria que alcanza a las tres cuartas partes del planeta y, en las metrópolis imperialistas, la destrucción de todas las conquistas arrancadas anteriormente por el proletariado: en los USA el salario por hora mínimo es inferior a 625 pesetas y la tasa real de paro no es del 5% sino que sobrepasa el 10% si se aplican los mismos criterios de cálculo que en Europa (para algunos expertos se situaría incluso en el 14%). En Francia [España] está en marcha la liquidación de la Seguridad Social y se anuncia la de los retiros obreros; el número oficial de parados se eleva por encima de los tres millones [cifras similares se dan en el Estado español]. Para la juventud, el único porvenir que ofrece el capitalismo es el paro, las chapuzas o un trabajo que no se corresponderá jamás con la titilación adquirida.
OCTUBRE DEL 17
Pese a todo, en 1917 la Revolución de Octubre demostró que es posible destruir el Estado burgués, expropiar a la burguesía, construir un Estado obrero, emprender la construcción del socialismo. Pero aquel Estado obrero degeneró, los soviets fueron liquidados por la burocracia, la economía se asfixió: sólo los aparatos políticos financiados por la burocracia del Kremlin -como el PCF [PCE]- llamaban ‘socialismo’ a lo que se había convertido en su monstruosa negación. Sin embargo para los trabajadores no podía borrarse lo que había significado Octubre de 1917: la primera revolución proletaria victoriosa en la historia de la humanidad.
RESTABLECIMIENTO DEL CAPITALISMO
Hoy día la URSS ha sido dislocada, la planificación económica y el monopolio del comercio exterior han sido liquidados por la burocracia, así como lo esencial de la propiedad estatal de los medios de producción. En Rusia, en la ex-URSS, en los países del Este de Europa, el capitalismo es reintroducido a marchas forzadas, y con el capitalismo más miseria, paro, descomposición social. Rusia misma, en su descomposición, está condenada al estallido. La burguesía exulta: “Veis como el socialismo es imposible”, no cesa de martillear. A coro, los dirigentes de los PS y de los PC repiten: “es preciso renunciar a esa utopía. Es preciso adaptarse a la libre empresa”. Proclaman “la quiebra del socialismo” los mismos -ellos y sus antecesores políticos- que han asesinado el socialismo.
ELLOS ASESINARON OCTUBRE DE 1917
¿Qué pasó? En Octubre de 1917, tras tres años de guerra imperialista -la mayor carnicería de la historia hasta entonces- el proletariado ruso destruía el Estado Zarista y levantaba la democracia de los soviets; una ola revolucionaria se extendió por Alemania, por Europa central. Inmediatamente los imperialismos francés, americano e inglés intervinieron militarmente en Rusia contra el Estado obrero. En Alemania fue aplastada la revolución, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo fueron asesinados por mercenarios bajo las órdenes de los dirigentes socialdemócratas Ebert y Noske.
Finalmente la URSS consiguió rechazar la ofensiva conjunta de los imperialismos y los rusos blancos, pero salió exangüe y dramáticamente aislada: el proletariado estaba agotado, sangrado, casi liquidado. Marx escribió: “no se socializa la miseria (…) la indigencia (no provoca sino) que retorne la lucha por lo necesario y resucitando así todas las viejas lacras”. Trotsky explica: “Sobre el terreno histórico de la miseria, agravada por la devastación, la lucha por la existencia individual ha conocido un encarnizamiento sin precedentes: ¿es preciso recordar que se ha producido actos de canibalismo en dos ocasiones en cierta región del país?”. Las “viejas lacras” (el gendarme repartidor que se sirve el primero) reapareció con los rasgos de la burocracia del Kremlin. A su vez, como un cáncer, la burocracia estaliniana prosiguió la destrucción del Estado obrero; hoy nadie niega ya los crímenes de Stalin y de la burocracia del Kremlin: bajo una falsa etiqueta de socialismo la dictadura de Stalin exterminó la generación de Octubre (a Trotsky y los principales dirigentes), instituyó el gulag, confiscó en su provecho la totalidad del poder.
REVOLUCIONES, CONTRARREVOLUCION: DECENIOS DE COMBATE
La burocracia estaliniana fue la organizadora de las más terribles derrotas del movimiento obrero: en China (1927), en España (1936), etc.…en Alemania, en 1933, Hitler tomó el poder gracias al Partido comunista alemán para quien el principal enemigo era el partido socialdemócrata. Sin embargo la crisis del sistema capitalista (1929-39), una nueva ola revolucionaria a partir de 1944 acuerdan una prorroga a la URSS. De ella resultaron otros Estados obreros (China, Yugoslavia…), pero burocratizados desde el principio debido a la ausencia de partido revolucionario. Los imperialismos redoblaron sus esfuerzos: plan Marshall, guerra de Corea, guerra de Vietnam…innumerables insurrecciones nacionales y revoluciones fueron ahogadas en sangre, a menudo con el apoyo de los dirigentes de los PS y de los PC; como sucedió en mayo de 1945, cuando el gobierno provisional del que formaban parte el PCF y la SFIO [Sección francesa de la Internacional obrera, la organización socialdemócrata francesa que más tarde dará lugar al PS] aplastó la insurrección argelina de Sétif: 40.000 muertos.
En el Este de Europa la revolución política, de Berlín (1956) a Budapest, de Praga a Varsovia, intenta establecer un verdadero poder obrero: los tanques de la burocracia aplastaron esta aspiración. La presión económica y financiera el imperialismo junto a la carrera de armamentos acabaron de arruinar a estos regímenes: a partir de 1989 se fueron hundiendo bajo los golpes de las masas. Pero tras decenios de represión y de miseria, bajo la presión del imperialismo y en ausencia de organización revolucionaria. El proletariado no ha podido tomar el poder. Así se abrió la puerta a la restauración capitalista.
QUIEREN EXTIRPAR LA IDEA MISMA DEL SOCIALISMO
Durante decenios, los dirigentes de los PS y de los PC han combatido en la práctica al socialismo aunque unos se reclamaran de un lejano ‘socialismo’ y otros lo hicieran del ‘comunismo’. Hoy día, y ya abiertamente, el socialismo se ha convertido para ellos en el enemigo: el PS de Jospin [aquí González] elogia la ‘libertad económica’. El Labour Party de Toni Blair rechaza el control estatal de la economía. El PCF de Robert Hue [lo mismo que el PCE de Anguita] defiende igualmente la propiedad capitalista: “el estatismo ha demostrado que no puede cumplir su misión… este modelo (…) ha fracasado”. (Con el pretexto de “superar el capitalismo”, el PCF propone ayudarle a sobrevivir mediante la cogestión, como el PS, mientras el capitalismo es históricamente un sistema desde hace mucho retrasado). Durante decenios, el PCF -representante oficial de la burocracia del Kremlin- proporcionó un sostén activo a todos los crímenes del estalinismo. Hoy el PCF escribe cínicamente: “el estatismo (…) hizo posible (…) el estalinismo”. Es como el asesino que se lava las manos sobre el cadáver de su propia víctima espetándole: “tú eres responsable… ¡de que yo sea un criminal!”.
Situándose explícitamente en defensa del capitalismo, estos partidos protegen a los diferentes gobiernos burgueses. Por esta razón, en noviembre-diciembre de 1995, salvaron al gobierno de Chirac-Juppé.
COMBATIR, VENCER Y DERRIBAR EL GOBIERNO RPR-UDF
En noviembre-diciembre de 1995, el gobierno Chirac-Juppé podía haber sido barrido. Pero los dirigentes del PS y del PCF han sido respetuosos con este gobierno. Los dirigentes sindicales combatieron contra la huelga general en nombre de la “generalización de las huelgas”… Salvado de esta manera, el gobierno Chirac-Juppé ha podido emprender la destrucción de la Seguridad Social y proseguir su política antiobrera.
Sin embargo este gobierno teme sobre todo a una nueva ola que lo barrería. Desde principios de verano los aparatos sindicales se han empeñado en la construcción de diques para frenar un poderoso movimiento del proletariado que podría enfrentar y vencer al gobierno Chirac-Juppé. Han multiplicado las jornadas de huelga, las acciones dislocadas, dispersas… Junto a los dirigentes del PS y del PCF demandan a este gobierno ultrarreaccionario ‘otras opciones’, una buena política. Rehusando romper con este gobierno acentúan todavía más su política de participación-concertación, hacia la co-gestión.
Pero este gobierno es aborrecido por el conjunto de los trabajadores; el RPR y la UDF temen ser barridos por los medios y métodos de clase del proletariado. El PS y el PCF no temen esto menos. Por ello dejan para las legislativas de marzo de 1998 la posibilidad de infligir una derrota electoral al RPR y la UDF para instituir un gobierno de ‘cohabitación’. Los trabajadores no se hacen ilusiones con el PS y el PCF. Sin embargo, eventualmente, para derrotar al RPR y la UDF, votarán otra vez por el PS y, complementariamente, por el PCF, ello a falta de partido revolucionario.
POR UN GOBIERNO DEL PS Y DEL PCF SIN MINISTROS BURGUESES
Los dirigentes del PS y del PCF se preparan activamente para esta cita electoral. Ahora bien, por el momento, el gobierno es el gobierno Chirac-Juppé (o cualquier otro que eventualmente pudieran formar RPR y UDF). Lo que necesita la clase obrera es que los dirigentes de las organizaciones obreras, partidos y sindicatos, rompan con este gobierno, lo combatan y derriben. ¡Que realicen el Frente Único de las organizaciones obreras contra este gobierno! En lugar de preparar diferentes combinaciones para una cohabitación poselectoral respetuosa con Chirac, en lugar de prepararse para gobernar en alianza con uno o varios partidos burgueses, que se pronuncien por un gobierno de Frente Único de las organizaciones obreras: un gobierno formado por ministros del PS y del PCF sin ningún representante burgués, y que emprendan el combate por derribar inmediatamente el gobierno Chirac-Juppé.
Imponer esto, imponer tal gobierno del PS y del PCF, imponer la satisfacción de las reivindicaciones: para mantener este combate a la clase obrera le es preciso un partido revolucionario; al final, para que se constituya un verdadero gobierno obrero, para que sea expropiada la burguesía, la clase obrera debe construir un auténtico partido revolucionario que se fije como objetivo la toma del poder, la constitución de un Estado obrero, de una Federación de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
A falta de tal partido, de tal perspectiva, la clase obrera y la juventud encajarán los golpes cada vez más duros que les inflige la burguesía.
EL SOCIALISMO NO ES UNA UTOPIA
Salvo los charlatanes nadie osa hoy en día pretender que la miseria, el paro y las guerras desaparecerán sin que desaparezca el capitalismo.
El pretendido ‘socialismo en un solo país’ fue una utopía reaccionaria propagada por Stalin. Igual que el capitalismo se ha apoderado de la tierra entera y que es por la potencia militar, económica y financiera de sus Estados como los capitalismos nacionales aseguran la defensa de sus partes de mercado y del sistema en sí, no es sino apoderándose de la tierra entera como podrá ser construido el socialismo a partir de la destrucción de los Estados burgueses, de la expropiación de la burguesía, de la construcción del Estado obrero. No se puede construir el socialismo en un solo país.
SOCIALISMO O BARBARIE
El sistema capitalista gira sobre un volcán. En la bolsa de New York y sobre los demás mercados financieros, se hincha una formidable burbuja financiera. Su estallido puede provocar en cualquier momento un crac bolsista, monetario, bancario generalizado. La debacle económica que resultará será de una amplitud sin precedentes. Pero el capitalismo no desaparecerá por sí mismo, siempre hace soportar los costes de sus crisis la población trabajadora.
La barbarie capitalista no tendrá fin más que si la clase obrera, el conjunto del proletariado enfrenta la cuestión del poder, expropia a la burguesía y desmantela su Estado instaurando un Estado obrero. Ello implica la construcción de un Partido revolucionario, de una Internacional obrera revolucionaria fundada sobre el programa de la revolución.
Socialismo o barbarie: no hay otra alternativa.
20 de noviembre de 1996

1997. Contra el nuevo 'partenariado' social en defensa de los convenios colectivos que unifican a la clase obrera

CONTRA EL NUEVO 'PARTENARIADO' SOCIAL EN DEFENSA DE LOS CONVENIOS COLECTIVOS QUE UNIFICAN A LA CLASE OBRERA
(Publicado en Combattre pour le socialisme nº 66, febrero de 1997)
(Publicado en Germinal, 2ª época, nº 7/8, abril 1997, páginas 50 a 55)
*Primera parte: ¿Una nueva revolución industrial?
*El maquinismo
*Unas relaciones sociales
*Una contradicción fundamental del desarrollo del maquinismo
*El microprocesador: ¿Una nueva revolución industrial?
*¿El fin del taylorismo?
*La automatización flexible
*Trabajo y modo de producción
*Contrato colectivo e 'individualizado' de las relaciones laborales
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CONTRA EL NUEVO PARTENARIADO SOCIAL, EN DEFENSA DE LOS CONVENIOS COLECTIVOSQUE UNIFICAN LA CLASE OBRERA
Una campaña de propaganda a la cual se prestan numerosos especialistas, expertos e intelectuales burgueses tiende a acreditar la idea de que estaríamos viviendo un ‘cambio de civilización’, una ‘nueva revolución tecnológica’ ligada a la ‘mundialización’ de la economía. Este cambio sería equiparable a la revolución industrial de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Prometería una nueva época caracterizada por la ‘reducción del tiempo de trabajo’ y la ‘superación del asalariado’. Estos discursos recogidos por los dirigentes de las direcciones obreras no hacen sino intentar enmascarar la crisis del modo de producción capitalista que aboca a millones de proletarios y de jóvenes al paro, a la desesperación y la miseria, al tiempo que justifican el cuestionamiento de las conquistas fundamentales del proletariado.
Estos ‘teóricos’ a menudo justifican sus propuestas refiriéndose fraudulentamente a K. Marx. Este artículo se dirige pues a restituir lo que es el trabajo en el modo de producción capitalista y a refutar la idea de que la ‘nueva revolución tecnológica’ modificaría el lugar del trabajo, su contenido y su valor social. La segunda parte del artículo, que será publicada en el próximo número de CPS [y de Germinal], precisará cómo tras las ‘nuevas’ nociones de ‘competencias’, ‘contratos de actividad’, ‘maîtrise des temps sociaux’, etc. …, se esconden de hecho los objetivos de la burguesía: reducir de forma drástica el valor de la fuerza de trabajo a fin de permitir la supervivencia del modo de producción capitalista. Para ello es preciso destruir las conquistas fundamentales del proletariado que limitan la competencia entre los asalariados, reformar o destruir el Código del trabajo, avanzar hacia la destrucción de las organizaciones obreras sometiéndolas a los intereses de la patronal. El medio para conseguirlo es el desarrollo de la cogestión.
Desde hace años gran número de obras de expertos burgueses (recientemente los informes del Comisariato general del Plan dirigido por Boissonnat, Le travail dans vingt ans, la obra La fin du travail de Jeremy Rifkin prologada por Michel Rocard…) han esbozado los objetivos y el método para alcanzarlos.
En televisión, el 12 de diciembre de 1996, Jacques Chirac afirmaba:
“Es preciso adaptarse porque no estamos ahora como hace veinte años”. Y el 31 de diciembre añadía: “Corresponde al gobierno liberar las energías que reclaman serlo. Simplificando, mucho más aún, las reglamentaciones, las formalidades, el papeleo”.
En 1936 y luego en 1945, como consecuencia de poderosos movimientos revolucionarios, durante los ‘treinta gloriosos’ (porque el proletariado ha combatido sin interrupción y porque sobre la base de la economía de armamento, del crédito y de un endeudamiento colosal se desarrolló un período de acumulación de capital), la clase obrera y la juventud arrancaron numerosas conquistas. Estas conquistas que limitan la extorsión de la plusvalía, se concentran en los convenios colectivos, los estatutos nacionales y el Código de trabajo. Jacques Chirac, en nombre de la burguesía francesa, expresa la necesidad de destruirlas; son lo que denomina “reglamentaciones, formalidades y papeleo”.
En este camino el obstáculo es la potencia social del proletariado. Para evitarla, paralelamente a la introducción de ‘diálogo social’ del que participan los aparatos del movimiento obrero, la burguesía pone en marcha una vasta campaña de justificaciones ideológicas cuyo tema principal es: “las cosas han cambiado… El trabajo ya no puede ocupar el mismo lugar… Es preciso adaptarse”.
Como un eco los dirigentes de las organizaciones sindicales retoman el mismo discurso. Así, en la CGT R. Obadia y S. Salmon afirman:
“Vivimos un cambio de civilización, pero nos cuesta definirlo y pensarlo. Lo que por otra parte no es anormal. Los ingredientes son conocidos: nueva revolución tecnológica, mundialización, transformación del trabajo. En tales condiciones, el modo de regulación social que se afirmó tras la liberación y que marcó los ‘treinta gloriosos’ se muestra obsoleto”.
(Le Monde, 8-9 de septiembre de 1996)
Es preciso oponerse a estos argumentos.
1ª PARTE: ¿UNA NUEVA REVOLUCION INDUSTRIAL?
En la Contribución a la crítica de la economía política Karl Marx explica: “Una formación social no desaparece jamás antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que puede contener”. En su obra Les habits neufs de l’emploi (obra que prologó J. Delors), Bernard Bruhnes afirma que vivimos una nueva revolución industrial: tras la máquina de vapor, el microprocesador. Pero, ¿acaso la utilización de la informática permite al capitalismo escapar de sus contradicciones fundamentales, abre un nuevo estadio al capitalismo? “Estas nuevas tecnologías” de las que habla B. Bruhnes y que “no cesan de transformar la actividad de la producción”, ¿abren acaso una nueva época de desarrollo de nuevas fuerzas productivas en el marco del sistema capitalista? Para contestar a esta pregunta es preciso volver sobre el significado de la revolución industrial.
EL MAQUINISMO
Marx explicó que el punto de partida de la revolución industrial no fue la máquina a vapor (fuerza motriz) sino la máquina-herramienta:
“La máquina de vapor por sí misma tal como existía durante el período manufacturero, desde su invención a fines del siglo XVII hasta comienzos de 1780, no provocó ninguna revolución en la industria. Al contrario, lo que hizo necesarias las máquinas revolucionadas por el vapor fue la invención de la máquina-herramienta”
(El Capital, Libro I)
La máquina-herramienta consta de tres elementos: el motor que impulsa el mecanismo, la transmisión (correas, poleas, engranajes…) que transmite el movimiento a la herramienta que actúa sobre el objeto modificando su forma. En la máquina-herramienta, el instrumento (herramienta) está manejado por un mecanismo movido por energía, humana (o animal), natural (agua, viento) o artificial (vapor).
“Desde que la herramienta es reemplazada por una máquina movida por el hombre, pronto se hace necesario reemplazar al hombre de su papel de motor por otras fuerzas naturales”.
El motor y la máquina-herramienta forman entonces un conjunto independiente completamente emancipado de los brazos y de la fuerza humanos: el maquinismo.
La manufactura, parcelando las operaciones, acrecentó considerablemente la eficacia del trabajo obrero.
“El medio de trabajo adquiere en el maquinismo una existencia material que exige el reemplazo de la fuerza humana por fuerzas naturales y el de la rutina por la ciencia. En la manufactura la división del proceso de trabajo es puramente objetiva: es una combinación de obreros independientes. En el sistema maquinista, la gran industria crea un organismo de producción completamente objetivo e impersonal con el que se encuentra el obrero en el taller como condición previa a su trabajo”
(Ibid)
Sobre las bases materiales de la fábrica, la gran industria opera una transformación de la producción en una esfera industrial que arrastra una transformación análoga en las otras (industrias, agricultura, medios de comunicación y de transporte). La revolución industrial es producto del desarrollo del modo de producción capitalista.
UNAS RELACIONES SOCIALES
El auge del maquinismo (la alianza de la máquina-herramienta y de la máquina-vapor) va unido a la concentración de los medios de producción (máquina-herramienta, máquina motriz y trabajadores se concentran en el mismo lugar) y la institución de nuevas relaciones sociales que se caracterizan por la “separación radical del productor de los medios de producción”. El capital es la propiedad exclusiva de una minoría de capitalistas. La clase obrera vende su fuerza de trabajo a los poseedores de los medios de producción.
“La propiedad privada capitalista está fundada sobre la explotación del trabajo ajeno, el asalariado”
(ibid)
En el modo de producción capitalista, la fuerza de trabajo humana se erige como la principal fuerza productiva; las relaciones sociales de producción burguesa convierten justamente la cantidad de trabajo utilizada en el factor decisivo de la producción. Marx explica que en el modo de producción capitalista:
“El objetivo determinante de la producción es la plusvalía. No es pues considerado productivo más que el trabajador que proporciona una plusvalía al capitalista, es decir aquél cuyo trabajo fecunda al capital… De ahora en adelante la noción de trabajo productivo no encierra solamente una relación de actividad y efecto útil entre productor y producto sino fundamentalmente una relación social que hace del trabajo el instrumento inmediato de la valorización del capital”
(Ibid)
Las fuerzas productivas no son una cosa sino una relación social de producción entre dos clases antagonistas. Las fuerzas productivas están destinadas a valorizar el capital, a extraer de los obreros el máximo de plusvalía.
A pesar de lo que sermonean los ideólogos, la invención y la utilización de las máquinas ni tiene ni tuvo jamás como objetivo el aligerar el trabajo de los hombres.
“Como todo desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, el empleo capitalista de las máquinas no tiende sino a disminuir el precio de las mercancías, a reducir la parte de la jornada que el obrero trabaja para sí mismo a fin de prolongar la otra en que trabaja para el capitalista. Es un método particular para fabricar plusvalía relativa”
(Ibid)
Y por ello el desarrollo del maquinismo tuvo formidables consecuencias para el proletariado. En la fase ascendente del capitalismo, paradójicamente, aún expulsando el trabajo vivo (los proletarios) del proceso de producción, el impulso conferido a las fuerzas productivas fue tal que multiplicó y concentró al proletariado. Al mismo tiempo, para contrarrestar el elevado coste de las nuevas técnicas (la aceleración de sus prestaciones comportaba la de su obsolescencia) se produjo un aumento de la duración de la jornada de trabajo. Por fin se redujo el valor de la fuerza de trabajo: la disminución de las necesidades de fuerza muscular y habilidad profesional impulsó la sustitución de los hombres por mujeres y niños.
UNA CONTRADICCION FUNDAMENTAL DEL DESARROLLO DEL MAQUINISMO
El gigantesco acrecentamiento del capital constante ( C ) introdujo una modificación de la relación entre C y V (capital variable), de la composición orgánica del capital (C+V) aumentando C mientras V disminuía.
“… el empleo de la maquinaria para la producción de plusvalor implica una contradicción inmanente, puesto que de los dos factores del plusvalor suministrado por un capital de magnitud dada, un factor, la tasa del plusvalor, sólo aumenta en la medida en que el otro factor, el número de obreros, se reduce.” (El Capital, I, 496)
Ahora bien, el plustrabajo no pagado al obrero es la fuente de la plusvalía. Esta contradicción está en el origen de una de las leyes del capital: la baja tendencial de la tasa de beneficio. Ella empuja al capitalista a prolongar la jornada de trabajo o a intensificar la explotación durante la jornada de trabajo mediante políticas de productividad; o por la disminución de los salarios.
EL MICROPROCESADOR: ¿UNA NUEVA REVOLUCION INDUSTRIAL?
La utilización del término ‘revolución industrial’ a propósito de la generalización de la informática es voluntariamente abusiva. Para numerosos ‘especialistas’ se trataría de una tercera revolución industrial tras las del vapor y la electricidad y motor de explosión. Estos observadores no sólo hacen de fuerzas motrices el origen de la revolución industrial, sino que utilizan el término para enmascarar las contradicciones del modo de producción capitalista.
En un principio movida por energía humana (o animal), después por energía artificial (vapor, electricidad…), la máquina es dirigida por el hombre o efectúa movimientos simples si es autónoma. Gracias a la informática, la conducta de las máquinas-herramientas se convierte en autónoma (‘inteligente’), claro está que en los límites que fija la misma tecnología de la información. La automatización no es más que la prosecución y plenitud de la mecanización. Con la automatización no hay instauración de un nuevo modo de producción, es decir, de nuevas relaciones sociales entre los hombres. La automatización no hace más que perfeccionar, llevar hasta el límite lo que había introducido el maquinismo.
La utilización de componentes electrónicos miniaturizados, el aumento de sus capacidades, el descenso de sus precios permiten una aceleración del ritmo de la producción, el aumento de la precisión en la fabricación, considerables facilidades de adaptación a diferentes objetos de trabajo (y de trabajadores), etc.
Estos cambios son importantes. Pero son de orden cuantitativo. El alba del maquinismo desplazó la habilidad manual, hoy es desplazada la habilidad intelectual: por medio de la máquina el capital acapara cada vez más trabajo altamente cualificado y complejo. Este es uno de los factores que empuja a la burguesía a destruir la enseñanza pública, los diplomas, las cualificaciones.
Contrariamente a las afirmaciones de los aparatos y de los partidos obreros, que ven en la integración del trabajo intelectual en el proceso productivo la instauración de un ‘cambio de civilización’, de una modificación de los procesos productivos, no se puede ver en ello más que la expresión más depurada de la tendencia del capital a reemplazar el trabajo vivo por el trabajo muerto. Tras haber reducido al obrero al papel de controlador, la informatización de las empresas en el marco del modo de producción capitalista expulsa masivamente del proceso productivo al trabajo vivo, creador de valor.
¿EL FIN DEL TAYLORISMO?
La nueva revolución industrial habría entonado el réquiem por el taylorismo. El informe de la Comisión Boissonat (página 75) nota:
se da “una transformación de gran amplitud del modelo de organización industrial probablemente comparable a la que se operó hace un siglo con la racionalización tayloriana”.
¿Qué es el taylorismo? En su obra La organización de la empresa, Frederic Taylor definía la organización científica del trabajo como una actividad productiva intensificada; dicho de otra forma: la organización científica de la explotación de la fuerza de trabajo.
Las normas de producción se fundaron sobre el cronometraje del obrero más fuerte o más hábil; el trabajo fue parcelado (trabajo en cadena); se creó un cuerpo de especialistas (bureau de méthodes) que organizaban el trabajo desposeyendo así a los trabajadoresde conocimientos globales, otro cuerpo estaba encargado de vigilar el cumplimiento de las tareas y asegurar el orden patronal (los contramaestres)… Su puesta en práctica provocó despidos masivos, un formidable aumento de la tasa de explotación. (Precisemos aquí que el llamado ‘fordismo’ era la aplicación de estos métodos a una producción en masa)
El taylorismo no ha desaparecido, y así lo muestra el mismo informe, tres páginas más adelante:
“El trabajo en cadena no ha desaparecido. Se extiende incluso más allá de los 45 años, edad a partir de la cual estaba poco expandido”.
Gran número de proletarios son aún cronometrados, pagados por rendimiento; en las fábricas del grupo RVI por ejemplo, el proceso de producción está enteramente normalizado: todas las operaciones a efectuar están escrupulosamente consignadas a cada puesto de trabajo, cada obrero montador debe firmar una ficha de control para cada operación importante, se emplean grupos de mejora de la producción, la consigna del patrón es ‘respetar los procesos’. El aumento científico de la explotación de la fuerza de trabajo ha sido mantenido, reforzado, mejorado.
Obligada por el taylorismo, la clase obrera sin embargo ha combatido. Contra la parcelación de las tareas, y el trabajo a destajo ha practicado la resistencia pasiva (colas ante los cronómetros), ha reivindicado criterios objetivos, ensayos profesionales, ha defendido las cualificaciones.
LA AUTOMATIZACION FLEXIBLE
La maquinaria automática funcionaba según el principio de una regularidad invariable: los mecanismos permitían la parada automática tras cualquier disfunción. El sistema electrónico es capaz de prever, anticipar y corregir los disfuncionamientos. Introduce la flexibilidad. Puede adaptarse a variadas demandas, a cambios de programa. Es lo que J. Lojkine, intelectual ligado al PCF, llama “la automatización flexible”.
Para la burguesía se ha convertido en una necesidad una minuciosa organización del proceso de producción. Según el informe Boissonnat (página 76) la empresa de hoy ha de ser: “reactiva” (poder adaptarse a las variaciones de la demanda, funcionar en flux tendus), “flexible” (en el uso de los recursos materiales, humanos, en la organización), “integrante” (sinergia entre todos los estadios de la producción, cuestionamiento de las fronteras de la empresa, asociación de los trabajadores en la definición de la estrategia de la empresa), “comunicante” (fin de la jerarquía taylorizante, implicación de todos, polivalencia). Esto es lo que quiere abarcar el término “toyotismo”.
De esta forma, la ‘automatización flexible’ lejos de liberar al asalariado de su actividad, lejos de permitirle dominar el proceso de producción, lo somete aún más al capital, a las relaciones de producción burguesas, la ‘movilización del personal’ que reivindica la patronal no es otra cosa que una sumisión acentuada de la explotación. El informe de Antoine Riboud (PDG de BSN) Modernisation, mode d’emploi expresa este punto de vista sin ambigüedades:
“En la era de la automatización, de la robotización y de la sociedad de la información, la competitividad de las empresas juega sobre la inteligencia los asalariados, su iniciativa, su sentido de la responsabilidad y de la anticipación (…) La capacidad nominal de una máquina y el cronometraje de las tareas no significan nada en cuanto a la eficacia de la productividad… La nueva productividad, llamada ‘global’, depende enteramente de la calidad de las nuevas relaciones hombre/máquina, capital/trabajo. Si se da el rechazo, si hay fractura, o ignorancia, o angustia (…) la sanción será la pérdida de la competitividad”.
(Citado por ‘Actuel Marx’, ‘La crise du travail’ p. 48)
En el marco de las relaciones de producción capitalistas, las condiciones de trabajo se imponen al asalariado (y no a la inversa). El asalariado es un engranaje del trabajo colectivo. En los Fundamentos de la crítica de la economía política K. Marx explica:
“La acumulación del saber, de la habilidad así como de todas las fuerzas productivas del cerebro social son entonces absorbidas por el capital que las opone al trabajo: desde ahora aparecerán como una propiedad del capital o más exactamente del capital fijo en la medida en que entra en el proceso de trabajo como medio de producción efectivo”.
A través de la maquina electrónica la dominación del capital ejerce sobre el asalariado una presión de una potencia inaudita: lo que afirma Ribaud es que el asalariado debe estar totalmente disponible, su ‘inteligencia’ misma es “propiedad del capital”.
TRABAJO Y MODO DE PRODUCCION
El primer capítulo del informe de la Comisión Boissonnat comienza así:
“La amenaza que el paro hace hoy día planear sobre la sociedad francesa, nos lleva a interrogarnos sobre el lugar que ocupa el trabajo en la vida de los individuos y en la historia de las sociedades. Esta cuestión remite a otras dos: ¿qué es el trabajo? ¿Cuál es su valor?”.
La exacerbación de la crisis mortal del modo de producción capitalista ligada a la expulsión masiva del trabajo vivo (único productor de riqueza) del proceso de producción lleva a los ideólogos burgueses a multiplicar las ‘tesis’ que pretenden redefinir el trabajo. Todas tienen un punto común: abordan el trabajo en general, al margen del modo de producción, es decir de las relaciones sociales entre los hombres.
Claro está que es un olvido voluntario: todo modo de producción, toda industria está fundada sobre un cierto tipo de relaciones sociales entre los hombres. Este modo de relación es él mismo parte integrante de las fuerzas productivas. La división del trabajo sobre la que está fundada la gran industria (incluso bajo su forma automatizada) expresa una relación social de producción entre dos clases antagonistas: la clase obrera vende ‘libremente’ su fuerza de trabajo a la burguesía quien extrae el máximo de plusvalía.
Bajo otros modos de producción (antiguo, feudal) existía la explotación de la fuerza de trabajo, el trabajo asalariado tiene la particularidad de enmascararla. La “forma-salario” hace aparecer la retribución de la fuerza de trabajo (siendo su valor el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla y reproducirla) como retribución del trabajo. Bendita apariencia para la burguesía: enmascara la división de la jornada de trabajo en dos partes distintas, aquélla en la que el proletario trabaja para reproducir su fuerza de trabajo (trabajo necesario) y aquélla en la que trabaja gratis para el capital (plustrabajo). Por el contrario, el tiempo de trabajo durante el cual el esclavo no hacía más que remplazar el valor de su fuerza de trabajo aparecía como o retribuido, y el trabajo del siervo estaba netamente separado, en el espacio y en el tiempo, en su parte servil y parte necesaria.
De ello se desprende que el capitalista busca aumentar la duración del plustrabajo en detrimento del trabajo necesario especialmente mediante el aumento de la productividad, la prolongación de la jornada de trabajo, la baja de los salarios.
Aumenta la plusvalía absoluta (aumento absoluto del valor creado), esencialmente por la prolongación de la jornada de trabajo, y acrecienta la plusvalía relativa (disminución del tiempo de trabajo necesario) fundamentalmente mediante el aumento de la productividad en los sectores de fabricación de mercancías que concurren a la reproducción de la fuerza de trabajo obrera. La primera es el punto de partida de la segunda.
CONTRATO COLECTIVO E ‘INDIVIDUALIZACION’ DE LAS RELACIONES LABORALES
Contrariamente a lo que afirma el informe Boissonnat, los derechos colectivos de los asalariados no han nacido por la intervención del Estado de bienestar, no han salido de la “organización productiva tayloriana”, son producto del combate del proletariado. La naturaleza de las relaciones laborales no es una simple cuestión ‘económica’ o un ‘problema social’, se trata de una cuestión eminentemente política que deriva de una relación de fuerzas política entre las clases, de las relaciones globales entre éstas.
Hoy la burguesía emprende la ofensiva para romper los convenios colectivos, los estatutos nacionales y el conjunto del Código del trabajo que son productos de la lucha de clases que reconocen la existencia de la clase obrera como clase y su derecho a negociar su fuerza de trabajo en función de la totalidad de las posiciones que ha conquistado a su enemigo de clase. La patronal quiere substituirlos con contratos individuales, ‘contratos de actividad’ como los de ‘alquiler de servicios’ de la ley Le Chapelier que estipulaba:
“Corresponde a la convención libre de individuo a individuo el fijar la jornada para cada obrero. Corresponde al obrero mantener el compromiso que ha convenido con quien le ocupa”.
Sobre este tipo de convenios libres se encamina toda la ofensiva actual. En nombre de una autodenominada “mutación del trabajo”, la patronal incrementa la intensificación del trabajo mediante el acrecentamiento de la concurrencia entre los asalariados.
La organización participativa por objetivo, el trabajo en grupo, la polivalencia, ligadas a la evaluación individualizada de los rendimientos conducen al salario individualizado según la cantidad de trabajo.
“En el salario por tiempo el trabajo se mide por su duración directa; en el pago a destajo, por la cantidad de productos en que se condensa el trabajo durante un tiempo determinado [y esto no es lo esencial, sigue Marx] Como la calida e intensidad del trabajo están controladas aquí por la forma misma del salario, éste vuelve superflua gran parte de la vigilancia del trabajo” (El Capital, I, 673-674)
Que el salario sea pagado por piezas o por tiempo, corresponde siempre al valor de la fuerza de trabajo (y no al valor del trabajo realizado). Pero el trabajo por piezas presenta la ventaja de empujar al asalariado a intensificar su trabajo. K. Marx prosigue
“Una vez dado el pago a destajo, naturalmente, el interés personal del obrero estriba en emplear su fuerza de trabajo de la manera más intensa posible, lo que facilita al capitalista la elevación del grado normal de la intensidad. El obrero, asimismo, está personalmente interesado en prolongar la jornada laboral para que de esta manera aumente su jornal o su salario semanal” (El Capital, I, 675-676)
Hoy en día la evaluación individualizada de los rendimientos es una nueva forma del salario por piezas; el autocontrol, los círculos de calidad, los consejos de taller permiten una intensificación extrema del trabajo y la informatización es un celoso guardián patronal.
“… el mayor campo de acción que el pago a destajo ofrece a la individualidad, tiende por una parte a desarrollar dicha individualidad y con ella el sentimiento de libertad, la independencia y el autocontrol de los obreros, y por otra parte la competencia entre ellos mismos, de unos contra otros. Tiende pues a aumentar salarios individuales por encima del nivel medio y, al mismo tiempo, a abatir ese nivel” (El Capital, I, 677)
Es preciso subrayar esta última frase. Una obra de la OCDE La flexibilité du temps de travail hace notar que uno de los factores que incita a los trabajadores japoneses a no utilizar su derecho a vacaciones pagadas es la presión operada mediante la evaluación individual de rendimientos (derecho: 15,7 días de media, días tomados: 8,6 de media en 1991). Al mismo nivel hay que poner el descenso en Francia de los días de baja por enfermedad o accidente de trabajo.
El gobierno Chirac-Juppé tiene una política general: combate por establecer “nuevas relaciones en el trabajo y el empleo”. Este plan general elaborado sobre la base de numerosos estudios responde a las exigencias de la patronal e incluye los medios para su puesta en práctica.
En defensa de los intereses del imperialismo decadente, está obligado a intentar destruir todas las conquistas sociales del proletariado de las que forman parte sus organizaciones. Volveremos sobre el contenido de ese plan en un próximo artículo.
(C.P.S.66 - Febrero de 1997)

1997. Abajo el Proyecto de Ley "de Orientación e incitación a la reducción del tiempo de trabajo"

(Publicado en Combattre pour le socialisme nº 70, 1 de diciembre de 1997)
(Publicado en Germinal, 2ª época, nº 10, febrero de 1998, páginas 15 a 20)
NO A LA FLEXIBILIDAD
NO A LA ANUALIZACIÓN DEL TIEMPO DE TRABAJO
NO A LA REDUCCIÓN DE SALARIOS
ABAJO EL PROYECTO DE LEY "DE ORIENTACIÓN E INCITACIÓN A LA REDUCCIÓN DEL TIEMPO DE TRABAJO"
*Anualización del tiempo de trabajo...
*... Reducción de los salarios...
*... Contra las organizaciones sindicales obreras...
*... Regalos de lujo para los patronos
*Nueva máquina de guerra contra las conquistas del proletariado
*Ley quinquenal, ley de Robien: leyes de participación y cogestión...
*... Como también lo es la "ley sobre las 35 horas"
*"Conferencia nacional por el empleo, los salarios y la reducción del tiempo de trabajo"
*Los intereses del proletariado
______________________________________________________________________________
NO A LA FLEXIBILIDAD,
NO A LA ANUALIZACION DEL TIEMPO DE TRABAJO,
NO A LA REDUCCION DE SALARIOS
ABAJO EL PROYECTO DE LEY
"DE ORIENTACION E INCITACION
A LA REDUCCION DEL TIEMPO DE TRABAJO"
Conforme a las propuestas emanadas de la "conferencia nacional sobre elempleo" del 10 de octubre pasado, el gobierno Jospin - Gayssot - Chevènement - Voynet - Kouchner transmitió oficialmente el 27 de noviembre a los "agentes sociales" su anteproyecto de ley de "orientación e incitación a la reducción del tiempo de trabajo", llamado también proyecto de ley "de las 35 horas". Este anteproyecto debe presentarse al consejo de ministros el 10 de diciembre y ser después examinado por la Asamblea nacional los 21 y 22 de enero de 1998.
El proyecto define las modalidades que adoptará el tránsito a las 35 horas, en dos fases. En la primera, que acabará hacia fines de 1999, los "agentes sociales" serán incitados a negociar la reducción del tiempo de trabajo. En 1999, lo más tarde el 30 de septiembre, "tras concertación con los agentes sociales, el gobierno presentará al parlamento un balance de las 35 horas que servirá de base a la elaboración de un nuevo proyecto" (Le Monde, 29 de noviembre de 1997) que marcará el principio de una segunda fase al final de la cual las 35 horas deberán ser puestas en práctica en todas las empresas: desde el 1 de enero de 2000 las de más de 20 asalariados, y desde el 1 de enero de 2002 las de menos de 20 (o sea, 1.800.000 empresas que emplean al 37% de asalariados del comercio).
Anualización del tiempo de trabajo...
Le Monde del 29.11.97 resume:
"Duración legal del trabajo. El texto precisa que "la duración legal del trabajo efectivo de los asalariados se fija en 35 horas semanales desde el 1 de enero de 2002" y "para las empresas de más de veinte empleados el 1 de enero del 2000". Este decremento puede precisarse "en forma de tiempo libre"a lo largo del año o alimentando una "cuenta de ahorro-tiempo", fórmula más conveniente para los cuadros. Las empresas afectadas son las que se recogen en el artículo L.200-1 del código de trabajo: establecimientos indistriales y comerciales públicos y privados, profesiones liberales, asociaciones, sindicatos profesionales. A las que se adjuntan, precisa el texto,"establecimientos agrícolas, artesanales y cooperativos junto a sus diferentes dependencias". Entran también en el ámbito de la ley los transportes urbanos y las clínicas privadas concertadas por el sistema público hospitalario. Por el contrario, las tres funciones públicas (Estado, ayuntamientos, sanidad), la administración pública, la SNCF [ferrocarriles] así como la RATP [los transportes públicos metropolitanos de París] han sido expresamente excluídos.
El anteproyecto indica que los sindicatos, organizaciones patronales, empleadores y asociaciones patronales deben negociar las modalidades de esta reducción. "Adaptadas a la situación de las diferentes ramas y empresas" y en el marco de las disposiciones del código del trabajo que ya prevén diferentes soluciones (por ejemplo la anualización). Se consideran los acuerdos de ramo".
En realidad, la duración legal que se fija en 35 horas semanales no es más que una media legal que se puede alcanzar por una negociación adaptada a las "diferentes situaciones" (es decir, preferentemente empresa por empresa). Y ello en el marco de las disposiciones legales vigentes, en particular de laley quinquenal (llamada) para el empleo de 1993, que autorizan el recurso al reposo compensador y a la "anualización, por ejemplo" (!!). Por otra parte, en lo que concierne al régimen de horas extraordinarias, "el ministro de trabajo ha escogido no tocar el límite actual de 130 horas por año y asalariado -impuesto por el código de trabajo, salvo acuerdo particular de ramo-, límite a partir del cual es necasario el acuerdo de la Inspección de trabajo" (Les Échos, 29.11.97).
Queda así perfectamente claro uno de los principales objetivos del proyecto de ley:
bajo el pretexto de caminar "hacia las 35 horas" impulsar extraordinariamente las negociaciones a nivel de empresa con vistas a la anualización del tiempo de trabajo.
... Reducción de los salarios...
El proyecto de ley no ofrece garantía alguna en lo que respecta al mantenimiento del nivel salarial en el caso de acuerdo sobre la reducciónde la jornada laboral. Desde el 10 de octubre de 1997, D. Strauss-Kahn y M. Aubry se empeñan en asegurar a los patronos que a lo peor, para aquellas empresas que permanezcan en el marco de las 39 horas, "el recargo en el costo del trabajo sería inferior al 3% pues el incremento por las horas extraordinarias entre las 35 y 39 será de un 25% a partir del 2000" (Le Monde, 29.11.97). Lo que es más: "este incremento puede ser reducido si la situación lo requiere. De ninguna manera está excluido el que las empresas puedan permanecer en las 39 horas sin sobrecoste alguno tras el 1 de enero del 2000".
En realidad, como ha demostrado la experiencia de la ley Robien, la negociación sobre la reducción del tiempo de trabajo a nivel de empresas con el objetivo de "preservar el empleo" se acompaña siempre de más flexibilidad en el trabajo y un cierto recorte de los salarios. Ciertos medios patronales lo han comprendido bien: llegan a proponer que puesto que la jornada semanal se reduce alrededor de un 10%, la lógica de la ley exige que se acometa una reducción del SMIC [salario mínimo] del mismo orden. Se concibe el proyecto de ley del gobierno como una buena palanca para hacer descender los salarios nominales.
... Contra
las organizaciones sindicales obreras...
Les Échos del 22.11.97 indican que el proyecto de ley: "levantará un obstáculo importante, el de la ausencia de delegados sindicales en la aplastante mayoría de las empresas. El texto extenderá la delegación de asalariados que estarán habilitados para negociar habiendo recibido mandato de una o varias organizaciones sindicales, no presentes en la empresa. El ministerio ha mantenido los principios de la ley votada enmedio del acuerdo patronal-sindicatos del 31 de octubre, ley que expiraba el 31 de octubre de 1998. Pero ha extendido la facultad de negociar a candidatos elegidos en listas a delegados de personal o de comité de empresa, y todo ello sin acuerdo de ramo previo, como sucedía hasta hoy".
El resultado de estas disposiciones es bien conocido. Consigue que representantes sindicales de paja, directamente ligados a los patrones, se erijan en "interlocutores sociales" y negocien acuerdos de empresa, sin control alguno de las federaciones sindicales.
... Regalos de lujo para los patronos
Además, los patronos que se comprometan a rebajar el tiempo de trabajo y empleen, recibirán sus buenas ayudas así:
"Ayudas a las empresas: por principio están inscritas en la ley, su montante será fijado por decreto. Adoptarán la forma de reducción de cotizaciones sociales y se aplicarán tanto a los trabajadores afectados por la reducción como a los nuevos contratos. Durante 1998 y 1999 será de 9.000 francos [aproximadamente unas 243.000 pesetas] durante el primer año para las empresas que reduzcan al menos un 10% la duración colectiva del trabajo y se comprometan en incrementar el número de sus asalariados en un 6% de los efectivos afectados por la reducción. Para una reducción del 15% de tiempo de trabajo y el mantenimiento o creación de un 9% de empleo, la ayuda sería de 13.000 francos por asalariado durante el primer año [unas 338.000, buenbocado al salario diferido]. Las ayudas serán degresivas e irán reduciéndose a razón de 1000 francos por año durante 5 años. La empresa deberá comprometerse a manetener sus nuevos efectivos al menos durante dos años. El texto ha previsto un capítulo preventivo para cuando la empresa no pueda más que salvar empleos amenazados. La ayuda será entonces idéntica, pero la administración tendrá derecho a suprimirla si al cabo de tres años la empresa no ha cumplido su compromiso". (Le Monde, 29.11.97)
Este dispositivo de "ayudas" se inspira ampliamente en el de la Ley Robien, adoptada en 1996. Basta recordar que los regalos que recibieron los patronos gracias a la esta ley fueron de 700 millones en 1997 y se elevarán a 2.700 millones de francos en 1998. Para el primer año de aplicación de la futura ley, el gobierno ha presupuestado ya 3.000 millones de francos.
Nueva máquina de guerra
contra las conquistas del proletariado
En el preámbulo de motivos del anteproyecto, el gobierno explica:
"Las empresas podrán, algunas ya pueden, sacar partido de la reducción del tiempo de trabajo: jornadas más cortas permiten más variadas opciones de organización, una mayor diversificación, adaptación de los horarios a las variaciones de la producción, mejor utilización de los equipos, una mejora en la calidad del servicio". (Le Monde, 29.11.97)
El proyecto de ley del gobierno permitirá que las "empresas" -es decir, los patronos- saquen "provecho de la reducción del tiempo de trabajo". En otras palabras, un objetivo claro: aumentar la tasa de beneficio, incrementar la competitividad del capitalismo francés. Para ello el capital sólo conoce un medio: incrementar la productividad del trabajo y reducir cada vez más el valor de la fuerza de trabajo. En este sentido le es preciso, en particular, conseguir desmantelar los convenios colectivos en los que cristalizan las conquistas fundamentales arrancadas por el proletariado: el cálculo semanal de la duración de la jornada de trabajo, el abono incrementado de las horas extraordinarias, etc.
En 1993, bajo el gobierno Balladur, la mayoría RPR-UDF adoptó la ley quinquenal (llamada) por el empleo, que constituyó un gran ataque contra el proletariado. Dicha sentaba las bases para negociar a nivel de ramos profesionales "acuerdos" que instaurasen la anualización del tiempo de trabajo, la reducción eventual de la duración de la jornada con reducción del salario, el desarrollo del trabajo a tiempo parcial, la polivalencia y la movilidad, una multiforme reducción de los salarios reales, cuando no de los nominales, etc. A pesar del compromiso de los dirigentes de la CGT y FO, junto a la CFDT, la CGC y la CFTC, para ayudar a la CNPF a poner en práctica esta ley, en particular por la firma de la lista de decisiones del 28 de febrero (que la CGT no firmó pero que protegió participando hasta el final en las negociaciones), la burguesía está lejos de haber alcanzado sus objetivos de aplicación de la flexibilidad del trabajo. La revista Usine Nouvelle [Nueva Empresa] de 16.10.97 constataba:
"Dos años después del acuerdo interprofesional del 31 de octubre de 1995 que había fijado el marco de negociaciones sobre la reorganización del tiempo de trabajo, en el que se encuadró la organización patronal, sólo treinta y una ramas habían apostado por un acuerdo, sobre un total de ciento veintiocho (de más de 10.000 trabajadores)."
Para hacer saltar el cerrojo de los acuerdos de ramo, la mayoría RPR-UDF adoptó en otoño de 1997 la ley del diputado UDF-Democracia liberal, Gilles de Robien. Esta ley amplía y perenniza el dispositivo que introdujo la ley quinquenal de 1993, abriendo esta vez ampliamente la puerta a la posibilidad de acuerdos de flexibilidad a nivel de empresas. Aunque contestada por una parte de la CNPF, permitió la apertura de una nueva brecha hacia la destrucción del código del trabajo.
"En total, más de 1100 convenios, que afectan a más de 120.000 asalariados, se firmarán en base a la ley de Robien" (Le Monde 19.11.97).
El proyecto de ley "de orientación e incitación a la reducción del tiempo de trabajo" del gobierno Jospin-Gayssot-Chevènement-Voynet-Kouchner está inspirado directamente en la ley Robien. Pero agitando el señuelo de las 35 horas el gobierno quiere dar una considerable impulsión a las negociaciones empresa por empresa y hacer así estallar los convenios nacionales de ramo y el código del trabajo. Particularmente insoportable para la burguesía francesa son las disposiciones de la ordenanza de 1982 que instauró la duración legal semanal de la jornada de trabajo en 72 horas. Ello a pesar de que no han sido aplicadas más que en parte y han sufrido grandes recortes tras la aplicación de la ley quinquenal. Necesita acabar con toda duración semanal legal y nacional del tiempo de trabajo. Necesita generalizar la anualización en vistas de una total flexibilidad del trabajo. Con el proyecto de ley "sobre las 35 horas", el gobierno intenta ayudar al avance de la patronal en esta vía. Se trata de permitirle poder aplicar el conjunto de medidas reaccionarias previstas en la ley quinquenal. Sin duda alguna el proyecto de ley del gobierno constituye una nueva máquina de guerra contra las conquistas del proletariado.
Ley quinquenal, ley de Robien:
leyes de participación y cogestión....
Tras la elección de una mayoría RPR-UDF a la Asamblea nacional en 1993 y la elección después de Chirac como presidente de la República en 1995, reducir el "coste del trabajo" fue uno de los objetivos prioritarios de los gobiernos de Balladur y Chirac-Juppé. Era una necesidad imperiosa de la burguesía francesa. Pero no habiendo infligido derrotas decisivas al proletariado, la burguesía no puede avanzar más que en la medida en que los dirigentes sindicales se comprometen a participar, hacia la cogestión, en nombre del "diálogo social". La ley quinquenal (llamada) por el empleo no hubiera podido ver la luz de no ser porque los dirigentes de la CGT y de la CGT-FO aceptaron el diálogo social propuesto por Balladur. La misma ley organiza la "participación". Programa la "negociación" entre los "agentes sociales", requisito indispensable. Constituye un marco para que las organizaciones sindicales "negocien" su aplicación. De hecho los dirigentes de la CGT y de la CGT-FO se han ido comprometiendo cada vez más en esta línea.
Era éste, por ejemplo, el objetivo del acuerdo interprofesional del 31 de octubre de 1995. Con la ley Robien sucede lo mismo. La ley en sí es "iniciativa": su ejecución depende enteramente de la capacidad de los dirigentes de las organizaciones sindicales para hacerla aplicar. Y en esto también se han comprometido los dirigentes de las confederaciones. Le Monde, 22/10/97, destaca que con el asentimiento de los dirigentes de las confederaciones, los sindicatos de CGT y CGT-FO han firmado multiples convenios Robien, aunque, claro está, en este terreno la CFDT sigue siendo líder.
... Como también lo es
la "ley sobre las 35 horas"
En junio de 1997, Chirac fue derrotado. La mayoría RPR-UDF desalojada de la Asamblea nacional. El proletariado y la juventud utilizando en su favor la crisis entre el RPR y la UDF frente a la progresión del FN, eligieron una mayoría relativa de diputados del PS y PCF. Expresaron de esa forma su voluntad de poner fin a la ofensiva del gobierno Chirac-Juppé contra las conquistas de la clase obrera, su aspiración a derribar a Chirac. Para impedir a la clase obrera y la juventud de utilizar en su favor la derrota infligida a Chirac, L. Jospin ha constituido un gobierno de alianza entre los partidos tradicionales de la clase obrera, el PS y el PCF, y las organizaciones burguesas MDC, los Verdes y el PRS.
Por su misma naturaleza, así como por las condiciones políticas en las que se ha constituido -la derrota de Chirac- el gobierno de tipo frente popular de Jospin-Gayssot-Chevènement-Voynet-Kouchner necesita el apoyo total del PS, del PCF y, sobre todo, de los dirigentes de la CGT, de la CGT-FO, de la FSU y de la FEN. Necesita que los dirigentes sindicales lleguen más lejos en su compromiso de participación y cogestión, en la aceptación del "diálogo y partenariado social con la patronal".
Es por ello que, tras su discurso programático ante la Asamblea nacional, en junio de 1997, Jospin apeló a las "fuerzas vivas" del país a un "pacto nacional". Precisaba que la organización de una "conferencia del empleo, los salarios y la reducción del tiempo de trabajo" podría sellar este pacto, principalmente alrededor de una ley que "organice la introducción progresiva de las 35 horas para el fin de siglo". El proyecto de ley "sobre las 35 horas" constituía el centro del pacto que debían concluir la patronal y las confederaciones sindicales obreras.
L. Jospin quería transplantar a Francia el Pacto por el empleo firmado por los dirigentes de la DGB y la patronal alemana bajo el patrocinio del gobierno Kohl el 29 de enero de 1996. Ese pacto prevía, entre otras, una reducción de la subvención a los parados, la desreglamentación, la flexibilidad de los salarios y horarios, etc., abriendo la vía a la presentación de un plan de austeridad por Kohl en abril de 1996 (ver CPS 64). El proyecto de ley "sobre las 35 horas" debía nacer de la concertación entre la patronal y los dirigentes sindicales bajo la égida del gobierno. Su aplicación se basa enteramente en la participación de los dirigentes sindicales en el "esfuerzo común" por mejorar la competitividad.
"Conferencia nacional
poe el empleo, los salarios
y la reducción del tiempo de trabajo"
Inicialmente, el gobierno quería convocar esta conferencia desde el mes de julio. Después fue anunciada para el mes de septiembre, y no se reunió finalmente hasta el 10 de octubre. ¿Por qué razones? Claramente las dificultades no provenían de los dirigentes de la CGT y de la CGT-FO. En varias ocasiones, Vianney y Blondel requirieron a Jospin para que cumpliera sus compromisos reclamando una ley-marco sobre las 35 horas. Frente a las tergiversaciones de la CNPF, Viannet se comprometió a sostener la iniciativa del gobierno multiplicando los llamamientos a la CNPF y acudiendo a Matignon el 29 de septiembre de 1997. Por su parte, Blondel, rechazando en nombre de la CGT-FO "gestionar un pacto social", apremiaba al gobierno para organizar la conferencia y llamaba a la CNPF a participar. Incluso se pronunció abiertamente por "la aplicación de la reducción semanal a las 35 horas, sin pérdida de salario, con la adopción de un marco legal preciso sobre el objetivo, la fecha de ejecución y el mantenimiento de los salarios" (Le Monde, 1/10/97).
Precisamente los retrasos en la convocatoria de la conferencia y su celebración se debieron a desacuerdos de la CNPF. En una entrevista en Le Monde del 22/10/97, Denis Kessler, vicepresidente de la CNPF, afirmaba:
"El mandato otorgado por la CNPF, tras una asamblea general extraordinaria y un consejo ejecutivo, es muy claro: no podemos negociar nada desde el momento en que el gobierno anunció una ley-marco y una fecha límite para la transición a las 35 horas. Como no estuvimos presentes en las discusiones preparatorias entre Jean Gandois y Martine Aubry, Didier Pineau-Valencienne y yo no conocíamos, al llegar, el tenor de las proposiciones anunciadas tras la cumbre del 10 de octubre.
La cuestión es: ¿Fue sincera M. Aubry con J. Gandois en la preparación de la cumbre? ¿Pecó por intención u omisión? Estoy convencido de que la señora Aubry no ha sido del todo sincera con J. Gandois, quien se sintió burlado, engañado, traicionado. Hombre de honor y de convicciones, su reacción ha estado a la altura de su decepción. En la apertura de la conferencia, el señor Jospin sólamente mencionó una ley que debía, cito, "lanzar el movimiento". En el transcurso de la jornada no se habló de otra ley ni de fecha límite. Sólo en los dos últimos minutos del discurso de cierre del primer ministro se descubrió que habría una segunda ley, cualquiera que fuese el resultado de la primera ley de incitación, y que el transito a las 35 horas comportaba una fecha límite. Ni la oportunidad, ni las modalidades de este tránsito han sido abordadas en el transcurso de la conferencia".
Denis Kessler tiene el mérito de la claridad. La CNPF ha amenazado con boicotear la conferencia hasta el último momento porque está irreductiblemente opuesta a una "ley-marco con fecha límite para el tránsito a las 35 horas", por podrida que sea. Estaba dispuesta a aceptar una ley de incitación en la línea de la ley Robien. Martine Aubry y Dominique Strauss-Kahn, los dos negociadores del gobierno con la CNPF, han hecho gala de una artística vaguedad para obtener su participación. Es probable que Gandois haya sido realmente engañado. La patronal estima que una ley-marco "sobre las 35 horas, por favorable que le sea, como es el caso del actual proyecto de ley del gobierno, seguiría siendo un freno para los objetivos que quiere imponer en cuanto a flexibilidad del trabajo.
Por esta razón, el pacto nacional propuesto por L. Jospin ante la Asamblea nacional en junio de 1997 nació muerto y jamás pudo ver la luz. Jospin mismo pronto lo comprendió. Tras su discurso-programa de junio dejó de emplear el término "pacto nacional". La conferencia del 10 de octubre se ha celebrado como una clásica reunión de organización del "diálogo social" amparada por el gobierno. Los dirigentes de las confederaciones obreras estaban dispuestos a comprometerse, pero para ello necesitaban la coartada de una ley "sobre las 35 horas". La CNPF no podía aceptarlo, y Jospin no podía dar marcha atrás en sus proposiciones.
Tras la conferencia Gandois desenterró el hacha de guerra contra el gobierno. Por ello anunció que debía ser reemplazado por un "duro" en la dirección de la CNPF. Los dirigentes de la CGT y de la CGT-FO, y claro está los de la CFDT, han hecho todo lo posible para salvar la apuesta del gobierno. Viannet y Blondel llamaron de nuevo a la patronal para comprometerse a reemprender el diálogo social. En una entrevista con el diario Les Échos, Viannet precisó que la CGT estaba abierta a "negociaciones incluso en las empresas". Por su parte la CNPF se ha empeñado en un combate real para conseguir la retirada del proyecto de toda fecha límite para la instauración de las 35 horas. Está preparando jornadas contra el proyecto de ley y se prepara para designar un "duro" como presidente, E-A Seillière. Éste ha declarado ya la línea que va a seguir: rechazar todo lo posible las negociaciones a nivel nacional; intensificar las negociaciones a nivel de empresa. Si no obtiene completa satisfacción, la patronal espera al menos agravar para el proletariado las disposiciones de la futura ley.
********iNSERTAR IMAGEN DE FRANCIA*************
Los intereses del proletariado
Los intereses del proletariado exigen que se emprenda el combate para imponer al gobierno Jospin-Gayssot-Chevènement-Voynet-Kouchner la retirada del proyecto de ley "sobre las 35 horas". Para abrir la vía a tal combate es necesario reclamar que los dirigentes de las confederaciones obreras CGT yCGT-FO rompan con el gobierno, que rechacen el "diálogo social" y la participación, que realicen el frente único de las organizaciones obreras en base a la consigna "A bajo el proyecto de ley de orientación e incitación a la reducción de tiempo de trabajo". Sobre esta orientación deben llamar al proletariado a preparar una manifestación central y nacional frente a la Asamblea el día de la votación, a fin de imponer al PS y al PCF que rechacen el proyecto de ley.
Evidentemente, para arrancar tal reivindicación es preciso enfrentar y vencer al gobierno Jospin-Gayssot-Chevènement-Voynet-Kouchner, gobierno al servicio del capital, imponer al PS y al PCF que rompan con el gobierno, derriben a Chirac y formen un gobierno del PS y el PCF sin representantes de las organizaciones burguesas. Ello no puede lograrse si no es con la movilización, el combate general del proletariado sobre este eje.
Al infame proyecto de ley gubernamental es preciso oponer la reivindicación de las 35 horas, de 32 horas, o menos aún, como duración legal nacional del trabajo, en todas las corporaciones y empresas, sin disminución de salario ni flexibilidad, con contrataciones compensatorias realizadas bajo control obrero. Así será posible acabar con el paro, con el trabajo precario. Pero tal política exige acabar con la propiedad privada de los medios de producción, expropiar al capital. La satisfacción del derecho al trabajo es incompatible con el mantenimiento del régimen capitalista.
01.12.97 (Combattre pour le socialisme, número 70 - 8 de diciembre de 1997)

1985. Los sindicatos, la crisis del imperialismo y el nuevo período de la revolución proletaria, Stéphane Just

LOS SINDICATOS, LA CRISIS DEL IMPERIALISMO Y EL NUEVO PERÍODO DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA

Stéphane JUST

1985

1988. Apoyo incondicional al pueblo palestino, Comité pour la Construction du parti ouvrier révolutionnaire

Artículo publicado en Combattre pour le socialisme, número 21, 20 de marzo de 1988

 

 

APOYO INCONDICIONAL AL PUEBLO PALESTINO

 

GAZA, CISJORDANIA: EL PUEBLO PALESTINO PROSIGUE EL COMBATE

En el momento en que escribimos
este artículo, la radio anuncia que las tropas israelíes han matado a 85
palestinos desde el 9 de diciembre, día en que comenzaron, en Cisjordania y
Gaza, las manifestaciones contra la ocupación, manifestaciones que se renuevan
sin cesar. A estos muertos (oficiales) hay que añadir centenares de heridos
entre los cuales a todos aquellos a los que, sistemáticamente, los soldados israelíes
han roto brazos y piernas a golpe de bastón, piedra o culatazos.

 

La banda de Gaza y Cisjordania
fueron ocupadas cuando durante la “guerra de los seis días” (5 al 10 de junio
de 1967), el ejército israelí aplastó a los ejércitos egipcio, sirio y jordano.
La “guerra del Kipur” del otoño de 1973 no modificó la situación. A
continuación, bajo el mandato de Carter, los acuerdos de Camp David prepararon
la firma el 25 de marzo de 1979 de un “tratado de paz” entre Egipto e Israel.
Sólo el 25 de abril de 1982 el ejército de Israel acabó de evacuar el Sinaí
conquistado durante la “guerra de los seis días”. Pero mantuvo la ocupación de
Gaza y Cisjordania.

 

Incluso más: el 14 de diciembre
de 1981, el gobierno de Israel decidió anexarse el Golán, territorio arrancado
a Siria. Desde el 6 de junio de 1982, el ejército israelí invadió Líbano para
“zanjar de una vez por todas la cuestión palestina”. A fines de agosto y
principios de septiembre, Yasser Arafat, presidente de la OLP, aceptó firmar un acuerdo
por el cual las fuerzas armadas de la
OLP evacuarían los campos palestinos de Beirut Oeste,
dejándolos sin defensa. El 16 y el 17 de septiembre, el ejército israelí dejaba
entrar en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila a las milicias
cristianas que él mismo había armado… Se libraron a masacres: más de 1.000
muertos.

 

Las manifestaciones, casi
permanentes, que se llevan a cabo en Cisjordania y Gaza, en las que los jóvenes
palestinos se enfrentan lanzando piedras a los soldados israelíes, prueban, si
hacía falta, que la “cuestión palestina” no está “zanjada”. No lo estará en
tanto que el estado de Israel exista, en tanto que subsistan los regímenes
feudales burgueses árabes del Oriente Medio y las camarillas militares, en
tanto que no se abra la vía de los Estados Unidos Socialistas del Próximo y
Medio Oriente.

 

PRIMERAS LUCHAS DEL PUEBLO PALESTINO CONTRA EL IMPERIALISMO Y EL
SIONISMO

Es inútil recordar la
importancia, tanto estratégica como económica, que esta región tiene para el
imperialismo. Desde antes de la Primera
Guerra Mundial, los imperialismos inglés, francés y alemán se
disputan los despojos del imperio otomano en descomposición. Uno de los motivos
del conflicto de influencia entre el imperialismo alemán y el resto de
imperialismos es el ferrocarril Berlín-Bagdad a través de Turquía, vía directa
de penetración alemana en el Próximo y Medio Oriente y, más allá, hacia el
Oriente, temible amenaza contra el imperialismo inglés.

 

A fines de la Primera
Guerra Mundial, los imperialismos inglés y francés se
repartían las zonas de influencia en esta región del mundo. Los ingleses, que
controlaban ya Arabia, recibieron “mandato de la SDN” sobre Mesopotamia (Irak actual) y Palestina
(Israel, Cisjordania, Gaza, Jordania actuales). Los franceses recibieron
“mandato de la Sociedad
de Naciones” sobre Líbano y Siria. En 1917, por la declaración de Balfour, para
obtener el apoyo del movimiento sionista y de los judíos de Palestina, el
imperialismo inglés prometió la constitución de un “hogar nacional judío” en
Palestina. En 1921 Inglaterra instituyó el reino de Irak y en 1922 el Emirato
de Transjordania. En Irak y Jordania reinaban príncipes de la familia
hachemita. Entre las dos guerras y durante la Segunda Guerra Mundial, para
mantener su control sobre el Próximo y Medio Oriente, el imperialismo inglés
maniobró entre las monarquías que él había constituido, los pueblos de esta
región y el sionismo. En efecto, en el Próximo y Medio Oriente, tras la Primera Guerra Mundial, los
pueblos se despertaban a la lucha por su independencia nacional, que el
sojuzgamiento de los imperialismos inglés y francés exacerbaban.

 

En ese momento el pueblo palestino ya se
sitúa en primera fila del combate contra el imperialismo y a favor de la
independencia nacional de los pueblos del Próximo y Medio Oriente. El 21 de
abril de 1936 comienza en Palestina una huelga general. Durará seis meses.
Acabó cuando los dirigentes palestinos de entonces aceptaron llamar a su
finalización a cambio del envío de una “comisión de investigación” inglesa para
determinar el futuro del país: una traición deshonrosa al pueblo palestino.
Pero un verdadero movimiento revolucionario se prolongará hasta 1939. El
movimiento nacional palestino choca desde el principio, necesariamente, con el
sionismo. Entre 1919 y 1925 el número de judíos residentes en Palestina pasa de
60.000 a
125.000. Entre 1925 (y sobretodo a partir de 1933) hasta la guerra, el
movimiento de emigración sionista no deja de acelerarse. El desarrollo del
pueblo judío de Palestina ha ido a la par con el rechazo económico de la
población palestina, de la industria, del comercio y la agricultura. Ayudados
por la financiación proveniente del extranjero, los judíos de Palestina se
apropiaron de una parte cada vez más importante de las riquezas económicas. Una
estadística de 1939 da cuenta de que en Palestina el capital extranjero
(imperialista) representaba en aquella fecha el 75% del capital invertido, el
capital judío el 20% y el palestino sólo el 2 o 3%.

 

Hasta 1947 el imperialismo británico ha jugado
un juego de equilibrios entre palestino y sionistas apoyándose especialmente en
Transjordania y la Legión
Árabe de Glub Pacha que habían formado y encuadrado oficiales ingleses. Pero
tras la Segunda Guerra
Mundial se producen profundas modificaciones: un aumento creciente en todo el
Próximo y Medio Oriente del movimiento nacional; el debilitamiento irremediable
de los imperialismos francés e inglés; la fuerte intervención del imperialismo
norteamericano, convertido en la potencia imperialista dominante en el mundo y
que progresivamente irá reduciendo a una papel y posiciones menores, en esta
región del mundo, a los imperialismos francés e inglés. Uno de los principales
instrumentos que el imperialismo norteamericano utiliza para establecer su
hegemonía en Próximo y Medio Oriente será el sionismo y ello en conflicto, más
o menos abierto, con el imperialismo británico.

 

En 1947, los judíos poseían 174.000 hectáreas
de las mejores tierras arables de las cuales más de la mitad pertenecían la Fondo Nacional Judío.
Ciertamente, en el país que se convertiría en Israel, los palestinos poseían
aún alrededor de 600.000
hectáreas pero la mayor parte de ellas eran de propiedad
pública, ya dedicadas a actividades de interés común, ya no cultivables. En
esta parte de Palestina vivían 700.000 judíos y 1.200.000 palestinos. Hay que
añadir que los sionistas organizaban el boicot sistemático a los productos y
comercio palestinos e incluso a la mano de obra palestina allí donde podían
hacerlo.

CONSTITUCIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL

El 29 de noviembre de 1947, la ONU adoptó por 33 votos a
favor contra 13 en contra y 10 abstenciones, entre ellas la de Gran Bretaña, el
plan de partición de Palestina. La
URSS y Francia votaron a favor del plan establecido por los
norteamericanos. El 14 de mayo de 1948, el Consejo Nacional Judío proclama en
Tel-Aviv la independencia de Israel. El 15, Washington reconocía al estado de
Israel mientras que los ejércitos de Transjordania, Egipto, Siria, Líbano e
Irak invadían Palestina. El 17, el Kremlin reconocía el estado de Israel. Tras
múltiples episodios y treguas que utilizaba el nuevo estado judío para reforzar
su potencial militar, con la ayuda de los USA y el Kremlin (así, a partir del
14 de junio se estableció un puente aéreo para suministrarle material de
guerra) Israel desencadena una serie de ofensivas que acaban en la derrota de
las tropas árabes y principalmente la derrota de las tropas egipcias. A
continuación se firman armisticios entre los diferentes países árabes e Israel.
Éstos consagran las conquistas de Israel. Mientras que el plan de partición
atribuía 55% de Palestina (hasta el Jordán) a un futuro estado de Israel y el
45% a un hipotético estado palestino, a consecuencia de los acuerdos de
armisticio Israel ocupa el 80%. Se apodera del Néguev que se anexa.

 

Sólo se trata de uno de los aspectos de la
acción del estado de Israel, agente del imperialismo norteamericano,
fundamentado en la opresión y expoliación, que hace reinar el terror a sangre y
fuego sobre las masas palestinas en particular y los países árabes en general.
Amnon Kapeliouk escribe en Le Monde
Diplomatique,
de diciembre de 1986, que antes incluso de que fuese
proclamado el estado de Israel:

 

“La Haganh (el ejército clandestino judío) y los
grupos terroristas disidentes (Irgan de M. Menean Begin y el grupo Stern)
desarrollaron una estrategia agresiva. “Llevar una guerra total”, “golpear duramente
y sobre un vasto territorio sin ninguna otra consideración”, “golpear el
conjunto de los transportes y comercio palestinos”: he aquí algunas de las
sugestiones de Ben Gurión. Fue este último el que escribió en su diario, a
principios de 1948: “Durante el asalto, debemos estar prestos para lanzar el
golpe decisivo, es decir destruir la aglomeración o bien expulsar a sus
habitantes y ocupar su lugar””.

 

“El pueblo árabe de Deir Yassin, en la
barriada oeste de Jerusalén, fue atacado y tomado el 10 de abril de 1948 por el
Irgún y el grupo Stern. Balance: doscientos cincuenta y cuatro habitantes
masacrados, la mayoría de ellos mujeres y niños”.

 

Se trata de expulsar mediante el terror a
los palestinos fuera de los límites del estado de Israel y de apropiarse de sus
tierras y riquezas, de hacer de esta región una región de población judía.
Sobre los 1.250.000 de habitantes palestinos, 850.000 huyeron del nuevo estado.
Desde 1948, cerca de 300.000
hectáreas de tierra, tras ser expropiadas a los
palestinos, secuestradas, fueron vendidas por el estado o puestas a disposición
de colonias o pueblos judíos que se crearon entonces. Nuevas tierras fueron
expropiadas en 1950 en “razón del absentismo”, 100.000 hectáreas
por “prescripción” durante los años 1950. A fines de los años 1970, 150.000 hectáreas
que pertenecían a los beduinos del sur de Israel fueron expropiadas.
Paralelamente, muy rápidamente la población judía pasó de 716.700 habitantes en
1948 a
cerca de tres millones. Un acuerdo secreto establecido entre Transjordania
(convertida en reino en 1946) e Israel, repartió la parte de Palestina situada
al oeste del Jordán. El 16 de diciembre de 1948, la Transjordania se
anexaba la parte de Palestina que se llamaba Cisjordania y se convertía en
reino de Jordania.

 

EL FRACASO DE LA OPERACIÓN MILTAR
ANGLO-FRANCO-ISRAELÍ EN SUEZ

Las lamentables derrotas de los
ejércitos árabes ante el ejército de Israel fueron un factor de radicalización
de los movimientos nacionales en los países del Próximo y Medio Oriente y
contra las monarquías de estos países. En Egipto, el 28 de enero de 1952, un
golpe de estado militar obligó a abdicar y huir al rey. El 18 de junio, fue
proclamada la República. El
25 de febrero de 1954, Nasser tomó el poder. A continuación se produjeron la
“radicalización” del régimen ante el rechazo de los gobiernos norteamericano e
inglés a financiar la construcción de la presa de Asuán, la nacionalización
(con indemnización) del Canal de Suez y las amenazas de revancha contra Israel.

 

El 23 de octubre de 1956 se formó
un mando militar unificado entre Egipto, Siria y Jordania. El 29, las tropas
israelíes invadieron el Sinaí. El 31 la aviación franco-británica bombardeaba
los aeropuertos egipcios y las tropas franco-inglesas desembarcaban. Bajo el
dictado del imperialismo norteamericano y de la burocracia del Kremlin, que
temía que la intervención militar franco-anglo-israelí en Egipto desatará un levantamiento
revolucionaria en todo el Próximo y Medio Oriente, los franceses y los ingleses
reembarcaron. Sólo en marzo de 1957 las tropas israelíes evacuaron
Charm-el-Cheik y Gaza, que pasaron a ser ocupados por las tropas de la ONU.

 

Israel no puede vivir sin la
ayuda económica, financiera y militar de los Estados Unidos. Sin embargo,
contra sus amos norteamericanos, el estado de Israel participó en la expedición
franco-inglesa de Suez. Implantado, artificialmente y sólo a través de la
fuerza y la expoliación, a partir de la opresión y el aplastamiento del pueblo
palestino, sobre un territorio limitado y militarmente difícil de defender,
rodeado de pueblos árabes; instrumento a los ojos de estos pueblos árabes de la
opresión y explotación imperialista; su constitución exigió que centenares de
miles de palestinos se exiliasen en Jordania, Arabia Saudita, Líbano, Siria y
otros lugares en los que, concentrados en los campos de refugiados, son
fermento de la lucha contra el imperialismo de alimento del fuego revolucionario;
cada obrero, campesino, explotado, de estos países reconoce en la causa
palestina su propia causa: el estado de Israel no tiene elección, debe
practicar una política expansionista, racista y chovinista, intentar imponer
por la fuerza de las armas a todos los
países de la región la “paz israelí”. Debe desencadenar guerras preventivas y
realizarlas sin piedad alguna.

 

El fracaso de la operación de
Suez provocó profundas modificaciones en el Próximo y Medio Oriente. Se produjo
una potente movilización de masas.
Nasser estableció estrechas relaciones con el Kremlin. Fue tan lejos
hacia la “izquierda” como le permitió la naturaleza del régimen. En febrero de
1958, Egipto y Siria formaron la
República Árabe Unida. El 14 de julio de 1958, un golpe de
estado militar derrocó a la monarquía en Irak. En las profundidades de la
población de Irak se había acumulado el odio contra la monarquía, el rey Facial
II, el primer ministro Nuri Said y la voluntad de barrer el régimen de los
feudalistas árabes establecido en 1921 por los británicos. Los “oficiales
libres” actuaron para prevenir una explosión revolucionaria, su golpe de estado
la precipitó. La revolución de desató. Las masas invadieron el palacio y las
calles, formaron sus comités, plantearon sus reivindicaciones. La República fue
proclamada. El general Hazmé tomó el poder. El Próximo y Medio Oriente viven al
ritmo de la revolución en Irak. El presidente de Líbano, Chamun, llamó a las
tropas norteamericanas. Seis mil “marines” desembarcaron en Líbano para
“mantener el orden”. 2.500 paracaidistas ingleses llegaron en avión desde el 17
de julio a Jordania. El PC iraquí contiene a las masas y sostiene al régimen
militar que Hazmé ha levantado. Tres meses más tarde, apoyándose en el PC de
Irak, lanza al ejército contra la población, aplasta y ahoga en sangre al
movimiento revolucionario, con el pretexto de luchar contra los nasseristas y
el partido Baas: millares de muertos especialmente en Mosul. En septiembre de 1961, a consecuencia de un
nuevo golpe de estado militar, Siria rompe con Egipto.

 

Durante los años siguientes, los
golpes de estado militares se suceden en Siria e Irak. Ningún gobierno en
Próximo y Medio Oriente puede, en ese momento, dejar de solidarizarse con la
causa palestina (al menos de palabra). Del 28 de mayo al 2 de julio de 1965 se
reunió, en el sector árabe de Jerusalén, el primer congreso nacional palestino.
Se formó la Organización
para la Liberación de Palestina (OLP), cuya carta de fundación
recusa la partición de Palestina y la creación del estado de Israel. En agosto,
se constituye el Comité Nacional de la
OLP y el Ejército de Liberación de Palestina (ELP). Se
encontraban bajo el férreo control de Nasser.

 

LA “GUERRA DE LOS SEIS DÍAS” Y SUS CONSECUENCIAS

Una nueva guerra entre Israel y
los estados árabes que lo rodean es ineluctable. Israel tomó la iniciativa. El
5 de junio de 1967, a
las 7 horas de la mañana, el ejército israelí atacó simultáneamente Egipto,
Siria, Jordania. Hizo trizas a sus ejércitos liquidándolos en seis días. Ocupó
el Sinaí, el Golán, Cisjordania, Gaza. La potencia militar de Israel estaba en
su apogeo y su dominación sobre esta región parecía indiscutible e
indisputable. En realidad la victoria de Israel tenía razones sociales y
políticas profundas. Los golpes de estado militares no han modificado los origines
sociales de las castas de oficiales, su incapacidad y su podredumbre. Los regímenes
establecidos no han roto los lazos que les atan al pasado, a la burguesía de
los negocios y corrompida y al imperialismo, incluso si establecieron nuevos
lazos con la burocracia del Kremlin. Su enemigo fundamental siguen siendo los
obreros, los campesinos, las masas miserables de su propio país. Son guardianes
vigilantes y beneficiados de la opresión y explotación de las masas árabes.
Temen como a la peste al fermento revolucionario que son las masas palestinas y
a las consecuencias de una derrota de Israel. Mientras que, por parte de
Israel, la guerra, por más reaccionaria y expoliadora que fueses, era sentida
como necesaria. Y fue llevada a cabo con la voluntad de vencer a todo precio.
Los israelíes en su conjunto pusieron todas sus fuerzas para vencer. Israel
está armada hasta los dientes por el imperialismo norteamericano.

 

La derrota de los estados árabes
tuvo como consecuencia un nuevo y enorme aflujo de refugiados palestinos hacia
los países árabes, sobretodo hacia Jordania. Huyeron de Cisjordania y Gaza
ocupadas por el ejército israelí. Se unieron a los que ya se habían refugiado
en Jordania a partir de 1947. Se concentraron por decenas de millares en
gigantescos campos. La OLP
constituyó un potente instrumento militar de control de estos campos, En fin,
una gran parte de Jordania es un trozo de Palestina en la que viven desde
entonces centenares de millares de palestinos. Por el contrario, la monarquía
se apoya principalmente en la antigua legión árabe organizada por los ingleses
y formada principalmente por beduinos del desierto.

 

Entre las masas palestinas y la
monarquía el antagonismo es absoluto. Tras la “guerra de los seis días” el
hundimiento es ineluctable, lo que está en juego no es otra cosa más que o el
aplastamiento y desarme del pueblo palestino o el derrocamiento de la monarquía
y la toma del poder por un gobierno emanado de las masas palestinas. El 17 de
septiembre de 1970, el ejército desencadena el combate para aplastar a las
fuerzas armadas de la OLP
y los refugiados de los campos palestinos. En Irbid, los palestinos organizan
un verdadero soviet. Carros de combate sirios penetran en Jordania. Se producen
escaramuzas con los blindados jordanos. Pero en respuesta a las exigencias del
Kremlin y del imperialismo norteamericano, Siria retira sus carros de combate.
En cuanto a la OLP,
en lugar de fijar a sus fuerzas armadas y al pueblo palestino el objetivo de derrocar
a la monarquía y llevar al poder a un gobierno emanado del pueblo palestino, su
dirección negocia con el rey Husein. Busca un compromiso. El 22 de septiembre,
Yasser Arafat y el rey Husein firman un acuerdo para el “restablecimiento del
orden”, acuerdo que llama a las fuerzas armadas de la OLP y de los palestinos a
cesar el combate. Es el “septiembre negro”. La OLP está desarmada. Millares de palestinos
resultan muertos. Decenas de millares se ven obligados a huir a otros países
árabes.

 

ISRAEL A UN DEDO DE LA
DERROTA

La cuarta guerra iraelo-árabe se
desencadenó a iniciativa de Egipto y Siria. El 6 de octubre de 1973 las tropas
egipcias franquearon el canal de Suez y las tropas sirias invadieron el Golán.
Los servicios secretos norteamericanos estaban al corriente de las
concentraciones de tropas egipcias y sirias pero, sin embargo, el ejército
israelí fue sorprendido por completo. Fue puesto en desorden y se retiró. Se
abrieron brechas en su dispositivo. Rápidamente retomó la iniciativa: tras
batir al ejército sirio, rompió el frente egipcio, franqueó el canal de Suez y
rodeó al III cuerpo de ejército egipcio. Para el ejército egipcio la operación
peligraba en tornarse un desastre (al igual que durante la guerra de los seis
días, las mismas causas produjeron los mismos efectos). Los días 23 y 24 de
octubre, Egipto, Siria e Israel aceptaron aplicar el “alto el fuego” que el
Consejo de Seguridad de la ONU
había ordenado hacía ya tiempo.

 

Alguna cosa cambió. El ejército
israelí gano, pero estuvo a un dedo de la derrota. Ya no parecía invencible. La
“paz israelí”, tal y como Israel la había impuesto en el momento de la guerra
de los seis días, ya no era posible. El imperialismo norteamericano teme la
reacción de las masas de los países árabes contra los regímenes podridos de los
estados árabes incapaces de combatir victoriosamente al pequeño estado de
Israel. Se ve obligado, con gran desgaste, a apoyar a Egipto y a apoyarse sobre
él continuando, al mismo tiempo, apoyando y apoyándose sobre Israel. El Egipto de
Anuar-el-Sadat, sucesor de Nasser, se convierte, como Israel, en cliente y
servidor del imperialismo norteamericano. Tras numerosas peripecias, las
relaciones entre Egipto e Israel llevan, bajo la dirección del imperialismo
norteamericano, al reconocimiento de Israel por Egipto, a los acuerdos de Camp
David en junio de 1978 y a la evacuación total del Sinaí en abril de 1982.

 

TODOS LOS GOLPES CONTRA EL PUEBLO PALESTINO

La cuestión palestina sigue
estando candente. En Líbano, 600.000 palestinos están concentrados en los
campos, lo esencial de las fuerzas armadas de la OLP se encuentra también en estos campos. (Los
estados árabes petroleros consagran una muy pequeña parte de la renta
petrolífera a financiar la compra de armas por las fuerzas armadas palestinas.
Es lo mínimo que deben hacer para ser recibir el marchamo de defensores de la
“causa árabe”). Se intentó “tratar” la cuestión palestina como fue “tratada” en
Jordania. La guerra de Líbano comenzó por el ataque de las milicias cristianas
contra los campos de refugiados palestinos de Tel-el-Zaatar y de Sir-el-Bacha,
situados al noreste de Beirut, para reducirlos. Rápidamente la relación de
fuerzas se demostró desfavorable a las milicias cristianas que debían hacer
frente, entonces, a un frente común entre palestinos y musulmanes de Líbano. El
15 de abril de 1976, el ejército sirio invadió Líbano: golpeó a la resistencia
palestina y quiso aplastarla. Salvó a las milicias cristianas de una aplastante
derrota. Ulteriormente las milicias cristianas establecieron estrechos lazos
con Israel que las armó y entrenó.

 

Durante los años siguientes, el
ejército israelí multiplicó los ataques aéreos contra los campos de refugiados
palestinos y las razias terrestres en Líbano. Finalmente, el 6 de junio de
1982, el ejército israelí invadió Líbano. En septiembre de 1982, Yasser Arafat
capituló y aceptó que las fuerzas armadas palestinas abandonasen los campos de refugiados
palestinos que rodeaban Beirut y se embarcasen hacia Túnez, dejando los campos
de refugiados desarmados. En el otoño de 1983, los sirios organizaron el asalto
y la toma de los campos de refugiados palestinos que la OLP controlaba en los
alrededores de Trípoli. Obligaron a la
OLP y a sus fuerzas armadas, incluyendo a Yasser Arafat, a
embarcarse igual que lo habían hecho en Beirut el año anterior. Cuando los
israelíes se retiraron de Líbano, se produjo, a partir de mayo de 1985, el
intento de las milicias chiítas de Amal para tomar el control de los campos de
refugiados palestinos de Beirut aplastando a la resistencia palestina que había
reorganizados sus fuerzas armadas. Lanzaron múltiples asaltos y asediaron los
campos de refugiados palestinos hasta principios de 1988.

 

YASSER ARAFAT Y LA OLP:
DE CAPITULACIÓN EN CAPITULACIÓN

Israel no logró todos los objetivos
que se había fijado cuando invadió Líbano, especialmente: construir un estado
libanés bajo control de los cristianos y subordinado a Israel. Por el
contrario, precipitó la quiebra política de la OLP que, a su manera, ha ayudado al aislamiento
del pueblo palestino subordinando su acción a los gobiernos de los estados
árabes, incluyendo a los de Arabia Saudita, en nombre la “unidad de acción de
la nación árabe”. La derrota de la
OLP y la capitulación de Arafat en Beirut han abierto una
crisis en Al Fatá (principal formación de la OLP y dirigida por Arafat) y en la OLP.

 

Yasser Arafat ha ido de
capitulación en capitulación ante los gobiernos de los estados árabes más
directamente sometidos a la influencia de los Estados Unidos. El 25 de julio de
1982, Arafat firma un documento en el que, en nombre de la OLP, reconoce: “todas las
resoluciones de la ONU
sobre la cuestión palestina”, lo que equivale a reconocer, de hecho, el estado
de Israel. A partir de octubre emprende negociaciones con el rey Husein de
Jordania, directamente ligado al imperialismo norteamericano, para la
constitución de un comité mixto jordano-palestino. El 3 de enero de 1983 el
comunicado final del CC de la OLP
reconocía como “un hecho irreversible” los acuerdos de Camp David. En el mes de
febrero, el Comité Nacional de la
OLP adoptó el Plan de Fez “como un suelo mínimo para una
iniciativa política de los estados árabes” y las propuestas “contenidas en el
proyecto del presidente Brejnev del 16 de septiembre de 1982”. De entrada es la
adopción del plan Reagan, plan que se reduce en última instancia a la
“autonomía interna de Cisjordania y Gaza” durante un periodo de cinco años,
continuará la ocupación por el ejército israelí. El objetivo es un “autogobierno
de los territorios en asociación con Jordania”. El 11 de febrero de 1985 el rey
de Jordania y Yasser Arafat firmaban en Amman un acuerdo que contempla que una
“delegación común jordano-palestina” pueda participar en posibles
“negociaciones de paz”. El acuerdo fue aprobado por el Comité Ejecutivo y el
Consejo Nacional de la OLP.

 

CUESTIÓN NACIONAL, CUESTIÓN SOCIAL

Pero el Plan Reagan choca con
obstáculos insuperables. Israel no puede aceptar que los territorios ocupados
durante “la guerra de los seis días”, Gaza y Cisjordania, el Golán anexado, se
escapen de sus manos. Sería el comienzo de la desintegración del estado judío y
la amenaza de su hundimiento. El pueblo palestino no puede aceptar acantonarse
en un estado palestino apéndice. En Israel propiamente dicho hay, hoy en día,
al menos 650.000 palestinos. Su crecimiento demográfico es mucho más rápido que
el de los judíos. Hay 1.400.000 de palestinos en Cisjordania y Gaza, y su
número crece rápidamente. En Israel la población judía se eleva a 3.500.000
pero su número no tiende a crecer rápidamente. Según determinadas estimaciones,
el número de judíos en los territorios ocupados y en Israel llegará a 4,2
millones y el de los palestinos árabes a 3,5 millones en el año 2000 y la
igualdad se logrará en el 2010. Actualmente la población total palestina
alcanzaría ya los 4,5 millones, de los cuales 2,5 emigrados: 600.000 en Líbano,
278.000 en Kuwait, 215.000 en Siria, 1.160.000 en Arabia Saudita, 48.500 en
Egipto, etc.

 

No sólo en Israel los palestinos
se ven expropiados en la práctica sino que también lo son en gran parte en Gaza
y Cisjordania, donde lo esencial de los recursos y resortes de la economía
están en manos de los judíos. Así, en Gaza 2.500 colonos judíos poseen el 28%
de las tierras públicas. En Cisjordania, la población judía ha pasado de 10.000 a 60.000 y ha
acaparado la tierra. En Gaza, como en Cisjordania, los colonos israelíes
monopolizan las fuentes de agua, lo que en este país es vital. La prensa ha
informado de cómo la población palestina de Gaza se ve relegada en miserables
guetos, cómo una gran parte de ella franquea todos los días la frontera para ir
a trabajar a Israel a cambio de miserables salarios. Un ejemplo: en Israel el
PNB asciende a 5.200 dólares por habitante y año; en Cisjordania y Gaza se
eleva a 750 dólares.

 

La podredumbre del imperialismo
hace que la economía de los países árabes en los que se han refugiado los
palestinos sea incapaz de absorber la gran masa de refugiados que permanece
agrupada en los campos.

 

La cuestión palestina no es sólo
una cuestión nacional: estrechamente imbricada a la cuestión nacional está la
cuestión social. 4,5 millones de palestinos combaten por una nación, un estado
palestino. La verdadera Palestina se extiende desde Tel-Aviv a Gaza, en
Jordania donde el 60% de la población es palestina. Reencontrar una nación
significa evidentemente para los palestinos la expropiación de los
expropiadores, judíos evidentemente, pero también de los feudalistas árabes de
Jordania y, en la medida en que aún quedan, de los grandes propietarios
terratenientes de Cisjordania, Gaza y Golán, la apropiación de los medios de
producción, el control de las palancas económicas y financieras.

 

Todo ello explica lo encarnizado
del combate que llevan adelante los palestinos a pesar de todas las traiciones
y los golpes que han recibido desde hace decenas de años, el heroísmo de los
manifestantes de Gaza y Cisjordania. En los territorios ocupados, los gobiernos
israelíes han conjugado de forma clara desde hace 20 años la represión y la
corrupción. Han intentado encontrar una capa de colaboradores. No lo han
logrado. Estas maniobras han fracasado. Mediante huelgas, manifestaciones,
incluyendo la utilización de los medios electorales, cuando ha sido posible,
los palestinos no han cejado de combatir contra el estado de Israel. En Gaza y
en Cisjordania el último potente movimiento fue en 1981. Estuvo marcado por
manifestaciones, huelgas generales de comerciantes. Pero es la primera vez que en los “territorios ocupados” la
lucha del pueblo palestino alcanza tal nivel, tal intensidad. Manifestaciones y
huelgas generales de comerciantes se suceden desde hace tres meses, día a día,
sin debilitarse. Ello recuerda la huelga general de 1936. Amnon Kapelouik
escribe en Le Monde Diplomatique de
marzo de 1988:

 

“En cada
pueblo, incluso en los más alejados, se han establecido comités populares
locales. En determinadas localidades excentradas, los habitantes han cerrado
los accesos, rehusado ir a trabajar en Israel y proclamado su pueblo “zona
palestina autónoma”. Tal fue el caso en Deir-el-Ghusun, cerca de Tulkarén, un
pueblo de cuatro mil habitantes en el que, finalmente, debió penetrar el
ejército el 12 de febrero.

 

La parte árabe
de Jerusalén, anexada el 29 de junio de 1967, no se ha librado de la revuelta:
“el alcalde israelí ha tenido que reconocer que, en la ciudad “reunificada” la
famosas “coexistencia” entre las dos comunidades (tan aireada por la
propaganda) estaba “muerta”. Jerusalén-Este es tratada ahora por las fuerzas de
ocupación con el mismo rigor que el resto de Cisjordania.

 

En los
territorios ocupados, en dos ocasiones ya, el movimiento nacional se ha dotado
de dirección: el Frente Nacional Palestino (disuelto en 1972) y el Comité de
Orientación Nacional (disuelto en 1982), cuyos miembros eran conocidos por
todos. Hoy en día el mando nacional unificado, compuesto por jóvenes, opera en
la clandestinidad más total. Su autoridad se ejerce sobre todas las capas de la
población del “interior”, y actúa en coordinación con la Organización de
Liberación de Palestina. Sus consignas se trasmiten a través de panfletos
multicopiados o impresos por ordenador (distribuidos por decenas de millares de
ejemplares) así como también a través de los altavoces de las mezquitas.

 

Los comités
deciden la declaración de huelga, fijan las horas de apertura y de cierre de
los almacenes, organizan la ayuda a las familias víctimas de la represión.
Voluntarios recolectan entre los comerciantes donaciones en especie y
mercancías. El llamamiento de los comités a favor del rechazo a trabajar en
Israel ha tenido una gran repercusión, a pesar del sacrificio doloroso que este
boicot representa para los obreros palestinos; pero el desgaste inflingido a la
economía israelí es también considerable. Durante las manifestaciones, se
movilizan médicos y farmacéuticos; ordenes muy estrictas prohíben el uso de
armas de fuego, incluso teniendo en cuenta que la población las posee. Sin
embargo panfletos firmados por el mando nacional unificado indican (es su
título) “Como preparar cócteles molotov”.”

 

Es una forma de organización de
tipo soviético que es propia de la revolución proletaria. Para el pueblo
palestino es una cuestión de vida o muerte.

 

Esto es lo que explica también
que todos los estados árabes, todas las clases y capas explotadoras, feudales-burguesas
del Medio Oriente teman al pueblo palestino, teman su victoria. Ésta daría un
formidable impulso, no sólo a la lucha contra el imperialismo sino, también, a
la revolución social de las masas en su propio país. Esto es lo que explica,
igualmente, la violencia, la brutalidad de la represión Israelí. Hay que decir,
simplemente porque es la verdad, que la población judía, en su conjunto, teme a
los actuales movimientos del pueblo palestino. Se producen en los territorios
ocupados y repercuten, encuentran un potente eco, en la población palestina del
estado de Israel; el 21 de enero último, los 600.000 palestinos que aún viven
en el Estado de Israel mantuvieron una huelga general. Siguiendo el llamamiento
“la paz ahora”, centenares de millares de israelíes se manifestaron contra la
guerra declarada por Israel a Líbano y especialmente cuando se produjeron las
masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila y la responsabilidad
del ejército israelí fue conocida. Esta fue una de las razones que obligaron a
Israel a evacuar Líbano. Cierto, el 23 de enero, entre 30.000 y 50.000
manifestantes judíos desfilaron en Tel-Aviv a favor de “negociaciones” y de la
“retirada de las tropas de Israel de los territorios ocupados”. En febrero, se
manifestaron 5.000 en Jerusalén. El 4 de marzo en Tel-Aviv, una manifestación
israelí-árabe reunió, bajo el mismo lema, a 10.000 manifestantes. Estas
manifestaciones están lejos de haber reunido a las mismas masas que las de
1982. Sus consignas se sitúan en el marco del mantenimiento y defensa del
estado de Israel y de un estado palestino apéndice. Evidentemente la población
judía del estado de Israel se encuentra angustiada y paralizada.

 

NUEVA SITUACIÓN EN EL PRÓXIMO Y MEDIO ORIENTE

Económica, financiera, militar y,
también, políticamente, el estado de Israel no puede vivir sin la ayuda del
imperialismo norteamericano. En el año 1988, el gobierno israelí recibió una
ayuda de 3.000 millones de dólares: 1.800 millones a título de ayuda militar;
1.200 millones para gastos civiles. A ello es preciso añadir la “ayuda
privada”: 1.000 millones de dólares. Más de un tercio de las exportaciones
israelíes se hacen a los Estados Unidos. En 1987 el déficit de la balanza
comercial alcanzó 4.000 millones de dólares contra 2.000 en el año 1986 (ello
sobre un PNB que, en 1985, alcanzó los 21.140 millones de dólares).
Militarmente, Israel depende, en lo esencial, del material de los Estados
Unidos. Una cuarta parte de la fuerza de trabajo disponible es utilizada, cada
año, en un momento u otro, por el ejército.

 

Israel sigue siendo una base
indispensable de la estrategia norteamericana en el Próximo y Medio Oriente.
Pero desde 1979, año en el que la revolución en Irán derrocó al régimen del
Sha, que era otro pilar del orden imperialista en esta región del mundo, el imperialismo
norteamericano ha tenido que reajustar su dispositivo. Debe apoyarse mucho más
en los regímenes feudales-burgueses, en las camarillas militares árabes de la
región, llamar a la colaboración, incluso más estrecha que en el pasado, a la
burocracia del Kremlin. Igualmente se ve obligado a aportar a los estados
árabes un mayor apoyo pues la crisis económica y, sobretodo, la caída del
precio del petróleo exacerban las contradicciones económicas, sociales y
políticas en este país, en el que la revolución iraní ha levantado una inmensa
esperanza entre las masas árabes.

 

La guerra que Irak desencadenó
contra Irán tenía como principal objetivo abatir la revolución iraní.
Contribuyó a reforzar al régimen contrarrevolucionario de la República Islámica.
Ha supuesto una sangría para las masas iraníes y las ha agotado. Sin embargo la
victoria no ha sido posible. Tras iniciales éxitos han llegado las derrotas. El
hundimiento del ejército y estado de Irak abrirán a su vez una brecha en todo
el dispositivo del imperialismo y en el orden social y político de la región,
por esta brecha podrían colarse las masas. Para evitarlo, los imperialismos coaligados
y la burocracia del Kremlin exigen a Irán abandonar la guerra y retirar su
ejército a las fronteras de 1979. Y el estado de Israel debe subordinarse a
este dispositivo. El secretario de estado norteamericano para asuntos
exteriores, Georges Schultz, acaba de exigir al gobierno israelí una inmediata
respuesta a las medidas inmediatas que acaba de proponer: apertura, a mediados
de abril, de una conferencia internacional que reúna a Israel, las partes
árabes interesadas y los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU; formación de una comisión
bilateral israelí-palestina, que tendrá seis meses para preparar un “estatuto
transitorio” para los “territorios ocupados”; reagrupación del ejército israelí
en “bases estratégicas” y organización de elecciones para designar un
“ejecutivo palestino” que participaría en las negociaciones sobre el estatus
definitivo de los “territorios ocupados”. Estas medidas deberán de llevar a la aplicación del plan Reagan. El
imperialismo norteamericano teme las repercusiones en los países del Próximo y
Medio Oriente del movimiento revolucionario que se desarrolla en Gaza y
Cisjordania. Quisiera quebrarlo y desactivarlo. Al mismo tiempo, el imperialismo
norteamericano ha concedido, ciertamente, su acuerdo al gobierno israelí para
que Cisjordania y Gaza se mantenga vedadas a los periodistas, es decir para que
la represión franquee un nuevo grado yendo, puede ser, hasta el baño de sangre
generalizado. En este marco, sin debilitar más de lo que lo están los estados
árabes, es en el que sería precios encontrar una salida a la cuestión
palestina. Haría falta… Es urgente… Posible ya es otra cosa.

 

La burguesía israelí tiene una
larga experiencia. Esta experiencia le permite servirse de todo. Así, se ha
lanzado en la expedición militar en Líbano cuando la guerra entre Irak e Irán
estaba en su apogeo, suministrar armas a Irán y después pactar “la paz” con
Egipto. Las dificultades se estrechan sobre ella y el impas histórico (que
puede acabar en catástrofe) del sionismo y del estado de Israel se precisa. Sin
embargo, los 3.500.000 judíos atrapados en la ratonera del estado de Israel
están persuadidos de su “justo derecho”. Tienden a alinearse tras las
“soluciones” más reaccionarias. Una encuesta ha dado como resultado que el
50,4% de los israelíes estiman que la población palestina de Gaza y Jordania
debe ser expulsada hacia los países árabes. Israel dispone de sólidos apoyos
internacionales, del apoyo del imperialismo.

 

La “cumbre árabe” que se ha
realizado en Amman del 8 al 11 de noviembre es significativa. En el momento en
que Egipto reconoció al estado de Israel, suscribió los acuerdos de Camp David e
hizo la “paz” con Israel, fue excluida de la Liga Árabe, la mayoría de los estados árabes
rompieron sus relaciones diplomáticas con Egipto. En Amman, Egipto ha sido
vuelta a admitir en la Liga
Árabe (en esta cumbre ha ocupado un lugar preponderante). Todos los estados
árabes, incluyendo Siria, han participado en esta cumbre y han reanudado
relaciones diplomáticas con Egipto. El acuerdo se produjo para preconizar la
realización de una “conferencia internacional”, que controlarían el
imperialismo norteamericano y la burocracia del Kremlin, para “solucionar el
problema palestino”. Esta posición es también la del Kremlin. Los estados
feudales burgueses y las camarillas se ponen de acuerdo abiertamente para
aislar y estrangular al pueblo palestino.

 

Las ilusiones no son admisibles
al respecto. El conjunto de datos muestra que el estado de Israel todavía
dispone a corto plazo de un margen de acción y de maniobra. Más aun: el estado
de Israel se batirá como un perro sin piedad para mantenerse en pie.

 

UNA POLÍTICA PARA EL PUEBLO PALESTINO

El pueblo palestino necesita una
política. En su momento, las resoluciones del Comité de Organización por la Reconstrucción de la IVª Internacional la
trazaron:

 

<!--[if !supportLists]-->·
<!--[endif]-->por la liberación nacional contra el
imperialismo

<!--[if !supportLists]-->·
<!--[endif]-->por la destrucción del estado sionista y del
estado de Husein

<!--[if !supportLists]-->·
<!--[endif]-->por la Constituyente palestina, por la constitución de
un único estado unificado palestino que garantice el derecho de las minorías:

<!--[if !supportLists]-->·
<!--[endif]-->contra las soluciones reaccionarias y
contrarrevolucionarias de “paz” dictadas por la coexistencia pacífica, por el
imperialismo norteamericano y la burocracia del Kremlin, sacrificando los
intereses de las masas populares del Próximo y Medio oriente, la reivindicación
del derecho del pueblo palestino a una nación, a favor de una República
palestina unificada, piedra angular del internacionalismo proletario.

9.- La primera
condición en el combate por los Estados Unidos Socialistas Soviéticos del
Próximo y Medio Oriente es, pues, la lucha primordial a favor de la
reivindicación del pueblo palestino a una nación. No situar esta reivindicación
en el centro del combate revolucionario es, quiérase o no, aceptar las
exacciones perpetradas por el estado sionista contra el pueblo palestino. Nada,
incluyendo el holocausto hitleriano de la Segunda Guerra Mundial, puede
justificar semejante posición. Pero situar en primer plano de la lucha de los
trabajadores judíos y palestinos árabes, la reivindicación a la nación del
pueblo palestino es adelantar en primer lugar la reivindicación de la Constituyente
palestina, en el territorio de Palestina. La lucha dirigida hacia la
destrucción del estado de Israel y del estado jordano de Husein se inscribe
como la reivindicación de un estado unificado de Palestina, reivindicación
transitoria hacia los Estados Unidos Socialistas del Próximo y Medio Oriente.”

Noviembre de
1973

 

Pero la consigna de Constituyente
palestina no cobra todo su sentido más que si se sitúa en la línea del Gobierno
Obrero y Campesino de Palestina, único gobierno capaza de resolver la cuestión
social como, también, la cuestión nacional. Por otra parte, la forma de
organización de tipo soviético del movimiento revolucionario en curso
actualmente en Gaza y Cisjordania es significativo: la Constituyente
palestina no es suficiente como consigna: la perspectiva de un Gobierno Obrero
y Campesino emanado de los consejos y apoyándose sobre ellos es indispensable.
Todavía es preciso añadir: existe un previo a la Constituyente, la
destrucción del estado de Israel; se trata, en primer lugar y ante todo, de que
los palestinos (los que permanecen en Israel, Gaza, Cisjordania, Jordania pero
también aquellos que se han visto obligados a exiliarse) recuperen su país para
constituir un estado palestino; no hay una especie de equilibrio en dos
“comunidades” que hay que mantener ni tampoco de un estado bi-nacional a
constituir.

 

En fin, la victoria de las masas
palestinas está indisolublemente ligada a la de la revolución proletaria en el
Próximo y Medio Oriente, contra el imperialismo, los estados feudal-burgueses y
las camarillas militares del Próximo y Medio Oriente, en el combate por la
independencia nacional, las libertades democráticas, la Asamblea Constituyente
soberana, el Gobierno Obrero y Campesino, la reforma agraria, la toma en manos
del proletariado de los principales medios de producción, la expropiación de
las clases dominantes y explotadoras, los Estados Unidos Socialistas del
Próximo y Medio Oriente. Evidentemente el proletariado palestino no puede
contar, para llevar adelante su combate, con la
OLP. Como todos los otros proletariados, le
es necesario construir una central sindical obrera; le es preciso, sobretodo,
que se construya un Partido Obrero Revolucionario que se sitúe en el programa
de la revolución proletaria en Palestina, en el Próximo y Medio Oriente, los
Estados Unidos Socialistas del Próximo y Medio Oriente y, por tanto, de la
revolución proletaria, contra el imperialismo, las clases y capas explotadoras
y las burocracias parasitarias.

 

 

 

Hay que exigir
a las organizaciones obreras (partidos y sindicatos) de los países
imperialistas, especialmente francesas:

 

“Basta ya con
esta masacre. La indignación no es suficiente. Dirigentes del PS y del PCF
dicen reprobar la sangrienta represión israelí contra los palestinos que se
manifiestan en Gaza y Cisjordania en nombre de su pueblo, a favor de las
libertades democráticas, del fin de la represión y del derecho del pueblo
palestino a volver a su país y a disponer de sí mismo.

 

¿Por qué no
llaman, igual que los dirigentes de las centrales sindicales, a una masiva
manifestación frente a la embajada de Israel bajo el lema: ¡Basta ya de masacre!? El pueblo palestino tiene el derecho
elemental a expresar sus reivindicaciones democráticas y nacionales y a
combatir a favor de ellas.”

 

7 de marzo de 1988

1997. Bill Clinton y el congreso republicano reelegidos: una nueva etapa en la ofensiva contra el proletariado estadounidense

BILL CLINTON Y EL CONGRESO REPUBLICANO REELEGIDOS: NUEVA ETAPA EN LA OFENSIVA CONTRA EL PROLETARIADO ESTADOUNIDENSE
Publicado en Combattre pour le socialisme nº 66, febrero de 1997, páginas 25 a 30

1997. Una nueva perspectiva. Comité por la construcción del Partido Obrero Revolucionario

Una nueva perspectiva, Comité por la construcción del Partido Obrero Revolucionario, por la construcción de la Internacional Obrera Revolucionaria, 1997

1996 - 1997. Diciembre 96 / enero 97, fuerza y debilidad del proletariado coreano

DICIEMBRE 96 / ENERO 97, FUERZA Y DEBILIDAD DEL PROLETARIADO COREANO
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DICIEMBRE 96 / ENERO 97, FUERZA Y DEBILIDAD DEL PROLETARIADO COREANO
LA NUEVA LEGISLACION DEL TRABAJO: UN ATAQUE FRONTAL CONTRA EL PROLETARIADO
El jueves 26 de diciembre de 1996, los diputados del partido gubernamental (Partido de la Nueva Corea) aprobaron una nueva legislación del trabajo. La ley fue aprobada con la ausencia, incluso, de la oposición parlamentaria burguesa.
¿Qué prevé esta ley? Por una parte establece una total libertad de despido, limita los contratos indefinidos en beneficio de contratos de duración determinada. Instaura la flexibilidad y anualización del tiempo de trabajo, permitiendo jornadas de hasta 56 horas semanales en función de la demanda. Por otra parte refuerza todas las disposiciones contra el movimiento obrero. Así, prevé la posibilidad de reemplazar en todo momento el personal huelguista por personal interino. Rechaza el reconocimiento de cualquier otro sindicato antes del 2002, en particular de la KCTU (Confederación Coreana de Sindicatos). Mantiene la prohibición de sindicación para los funcionarios y enseñantes.
Aunque a decir verdad esta ley no es completamente nueva. En lo esencial se trata del retorno puro y simple a la legislación antiobrera de la dictadura de Park Chung Hee, dictadura instaurada por el imperialismo americano en 1961, y actualizada en 1980 por el gobierno de Chon Doo Whan. Una legislación que había sido muy quebrantada por el movimiento de la clase obrera y de la juventud. En cada una de las legislaciones de 1963 y de 1980 se intentó reconocer como único sindicato al ‘sindicato oficial’ cuyos dirigentes eran nombrados con el aval del gobierno, subordinar el ejercicio de huelga al acuerdo del mismo gobierno, impedir la sindicación de los funcionarios. Todas estas medidas, ampliamente barridas en 1987, se intentan ahora reinstaurar.
Para comprender la violencia de tal ataque es preciso apreciar cual es el lugar que ocupa Corea del Sur en relación con su propia historia, modelada por las diferentes potencias imperialistas, en particular el imperialismo americano, y por el rol jugado por la burocracia estalinista hasta que explotó.
En 1945 se selló un acuerdo contrarrevolucionario entre el imperialismo americano y la burocracia estalinista para dividir Corea en dos a nivel del paralelo 38. Esta división de Corea chocó frontalmente con las aspiraciones de las masas coreanas a constituirse en nación. Aspiración opuesta desde hace siglos a las empresas colonizadoras alternativas de China y Japón, a las que se debe juntar en el siglo XIX Rusia. De 1910 a 1945 el Japón aseguró su dominación colonial sobre Corea. La cuestión nacional, pues, jamás ha sido solucionada en Corea y el combate por hacerlo mediante la reunificación y contra la división mantenida hasta ahora, es parte integrante y decisiva del combate del proletariado coreano y de la juventud tanto del Norte como del Sur.
LA GUERRA DE COREA
Stalin decidió que las tropas norcoreanas atacaran al Sur. En caso de triunfo sería un refuerzo para la lucha que no deja de mantener con la ‘República democrática China’. Creyó poder comprometer a las tropas de Corea del Norte para invadir Corea del Sur, aunque en Yalta el imperialismo americano había recibido en el reparto el dominio sobre el Sur de Corea.
En enero de 1950, el secretario de estado Dean Acheson anunció públicamente que Corea no formaba parte del perímetro de defensa de los Estados Unidos. En realidad se trataba de una de esas maniobras a las que acostumbra el imperialismo americano. Apenas franquearon la frontera las tropas norcoreanas, a demanda de Estados Unidos el Consejo de Seguridad de la ONU se hace cargo de la guerra de Corea, las tropas americanas juegan en ella el principal papel, Mac Arthur es nombrado comandante supremo.
El 25 de junio de 1950 las tropas norcoreanas invaden el Sur de la península. Stalin se encierra en la trampa que le tendió el imperialismo americano. En pocas semanas las tropas norcoreanas llegan a unos 40 kilómetros de Pusan, puerto de Corea del Sur. En caso de victoria Corea del Norte debería alinear las relaciones de producción de Corea del Sur sobre las suyas. Pero las tropas americanas reagrupadas y reforzadas detienen el avance norcoreano, sus tropas son inmovilizadas. Los americanos preparan la contraofensiva que dirigirá Mac Arthur, nombrado General jefe.
Sus tropas desembarcan en Inchon, a la altura del paralelo 38. En tres días cortan Corea a la altura de este paralelo, las tropas del norte, que han caído en la trampa, retroceden derrotadas y en desorden. Simplemente capitulan. La empresa de Stalin desemboca en un desastre. En seguida, Mac Arthur invade Corea del Norte y sus tropas alcanzan el Yalu, frontera entre China y Corea. Entonces, apenas pertrechadas con un armamento irrisorio pero en innumerable masa, las tropas chinas contraatacan. Van a derrotar a las tropas americanas, aunque al precio de 900.000 muertos. Mac Arthur amenaza con emplear la bomba atómica contra China. Truman lo destituye fulminantemente y nombra en su lugar al general Ridgway.
Desangrado, el ejército chino es bloqueado a pocos kilómetros de Seúl. El 27 de julio se firma el armisticio entre los chinos y el imperialismo americano. Desde entonces no han cambiado las posiciones geográficas. Seúl queda como capital de Corea del Sur controlada por el imperialismo americano.
DOMINACION IMPERIALISTA Y CONSTITUCION DE UN CAPITAL NACIONAL
El capitalismo, pues, se desarrolla en la parte sur de Corea en estrecha dependencia del imperialismo americano. Se desarrolla a la sombra de un régimen militaro-policial, constituido en estrecha ósmosis con el ejército y los servicios secretos americanos (¡hasta tal punto de que la policía secreta surcoreana se llama KCIA!). Este régimen militaro-policial permitirá el desarrollo de la economía capitalista sobre la base de una fenomenal tasa de explotación de la mano de obra. Desarrollo basado en gran parte sobre la base de inversiones americanas a las que se unirán, a partir de 1965 y la firma del tratado de normalización de relaciones con el Japón, las inversiones japonesas (que de ahora en adelante sobrepasarán a las primeras).
Pero al lado de estas inversiones, todos los esfuerzos de los gobiernos han consistido a través de ‘planes quinquenales’ en constituir una burguesía nacional. Como en otros países dominados, el instrumento de esta tentativa ha sido la estatización del sistema bancario. Mediante la ayuda financiera masiva del sistema bancario del estado se han podido constituir los grandes trusts coreanos: Samsung, Daewoo, Hyundyai. Y aún así, estos trusts no son en absoluto independientes de las grandes potencias imperialistas con las cuales han firmado acuerdos varios: Hyundai con la Mitsubishi, Daewoo con General Motors, Samsung con Chrysler por ejemplo.
De todas formas, el rápido desarrollo del capitalismo modificó radicalmente la estructura de la producción a partir de los años1970, producción ampliamente virada hacia la exportación. Corea es la segunda potencia mundial en astilleros navales y se encuentra entre los diez primeros productores mundiales de acero. Al mismo tiempo, algunas industrias tradicionales, en particular el textil y la marroquinería, se han deslocalizado hacia otros países donde las condiciones de explotación de la mano de obra son aún más ventajosas para el capital. En conjunto, con excepción de cortos períodos de recesión, predomina el rápido crecimiento de la economía surcoreana. El producto interior bruto ha aumentado un 9,1% en 1991, un 5,1% en 1992, 5,5% en 1993, 8,2% en 1994. Sólo para el año 1995, el volumen de exportaciones aumentó un 14% sobre el año precedente.
UN DESARROLLO ECONOMICO AMENAZADO DE HUNDIMIENTO
Si embargo este aparentemente impetuoso desarrollo no es más que un aspecto de las cosas. De entrada es un desarrollo producido por medios artificiales que colocan a la economía coreana en su conjunto bajo la muy real amenaza de una catástrofe bancaria y financiera. Desde este punto de vista, lo que pasa en la economía coreana es un reflejo de las características generales del estado actual del imperialismo.
Por una parte, el desarrollo se ha dado sobre la base de un endeudamiento generalizado: importante endeudamiento del estado (que aumenta un 10% anual desde 1990), endeudamiento catastrófico de los trusts coreanos que se han abierto camino en el mercado mundial con los métodos aventureros del dumping. Por ejemplo Daewoo, recientemente de actualidad por no haber logrado hacerse con Thomson Multimedia, tiene un endeudamiento que alcanza el 352% de su capital; Hyundai llega al 500%. Para comparar, el endeudamiento medio de las firmas francesas es del orden del 100%.
Desde este punto de vista, la quiebra de Hanbo Steel, segundo grupo siderúrgico de Corea, es muy reveladora. Veamos lo que decía el corresponsal de Le Monde en Tokio:
“La quiebra de la segunda siderúrgica de Corea del Sur, Hanbo Steel, cuyas deudas se cifran en 5800 millones de dólares, constituye una advertencia para un sistema financiero ya fragilizado. Sus principales acreedores, Korea First Bank, Korea Exchange Bank, Seoul Bank y Korea Development Bank han sido directamente afectados: sus préstamos, otorgados sin las suficientes garantías, son prácticamente irrecuperables. Korea First Bank ha sido el más vulnerable, con créditos que se elevaban a 1300 millones de dólares, o sea un 60% del montante de sus recursos: le harán falta diez años para borrar la deuda”.
La gran fragilidad de los ‘chaebols’ -así se llaman los trusts coreanos- lleva en sí misma la amenaza de hundimiento del sistema bancario, un hundimiento que, claro está, traería consecuencias mucho más allá de las fronteras de Corea. Es comprensible la inquietud del capital financiero de las metrópolis imperialistas. También se informa en el mismo número de Le Monde que inmediatamente después de la declaración de quiebra de la Hanbo Steel, la banca japonesa y la de Hong Kong decidió aplicar, a las filiales en el extranjero de los bancos coreanos, tasas de interés más elevadas.
EL PROLETARIADO Y LA JUVENTUD COREANA COMBATEN
Y a decir verdad otra amenaza planea sobre la economía capitalista coreana, por lo demás producto inevitable de su desarrollo: el desarrollo del mismo proletariado. Este proletariado, a la vez numéricamente muy poderoso (ya habían 9 millones de obreros en 1986) y muy concentrado en las grandes empresas, ha afrontado importantes combates de clase a pesar de la sangrienta represión a la que ha recurrido el estado militaro-policial. En 1987 la clase obrera se unía a la movilización de los estudiantes contra la dictadura, movilización que socavó profundamente el régimen militar y permitió arrancar algunas libertades democráticas. La fusión del movimiento de la juventud -hay cerca de 1,4 millones de estudiantes en Corea del Sur- y el de la clase obrera siempre ha integrado reivindicaciones por las libertades democráticas y contra el régimen militar junto al combate contra el imperialismo y por la reunificación (sirva de ejemplo la lucha de los estudiantes en 1996). En 1987 la movilización de las masas arrancó importantes concesiones (fin de la ‘autoelección’ del presidente de la república, liberación parcial de presos políticos), aunque la oposición burguesa al régimen uno de cuyos jefes era Kim Young Sam, actual presidente de la república, consiguió salvar al régimen. En el plano de las reivindicaciones económicas, los obreros coreanos obtuvieron aumentos salariales del orden del 15% anual durante los últimos años, lo que, aunque se tenga en cuenta una inflación de un 5% anual, constituye una mejoría de sus condiciones de existencia. Este despertar del proletariado coreano se inscribe en el desarrollo general del combate de clase en los países llamados ‘emergentes’, como se inquieta Le Monde:
“Si la perspectiva de un recalentamiento de estas economías parece hoy por hoy descartada, los temores se trasponen a los riesgos de una eventual explosión social (…)”
El mismo diario cita el ejemplo de Indonesia:
“En Indonesia el número de movimientos de huelga ha pasado de 19 en 1989 a 296 en 1994, representando una pérdida de 1,5 millones de horas de trabajo”
Según las estadísticas de la ONUDI y del FMI los salarios reales habrían progresado entre 1973 y 1993 un 150% en Filipinas, 195% en Malasia, 240% en Indonesia y 290% en Singapur. Aunque se tomen esta cifras con prudencia, son el reflejo de una realidad, a saber: que el proletariado de estos países ha emprendido el combate para vender más cara su fuerza de trabajo en una situación en la que la burguesía, teniendo en cuenta la abismal diferencia entre el coste de la fuerza de trabajo en estos países y en las metrópolis imperialistas, aún podía hacer concesiones.
LA ADHESION DE COREA DEL SUR A LA OCDE Y LA NECESIDAD DE ACOMETER CONTRA EL PROLETARIADO
La ley sobre el trabajo manifiesta que de ahora en adelante, en Corea, las concesiones han terminado. En 1996 el gobierno surcoreano decidió la adhesión a la OCDE (Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico). Las implicaciones son las siguientes: levantamiento de las protecciones tarifarias y aduaneras que según Le Monde “amenaza del 5 al 12% de los productos locales y entre 170.000 y 405.000 empleos”, y apertura del mercado financiero coreano desde 1997. Desde entonces, y contra la política proteccionista que había imperado hasta entonces en el plano agrícola, los Estados Unidos consiguieron poder vender su arroz en el mercado surcoreano. Por otra parte no cabe duda de que la adhesión a la OCDE fue impuesta por las potencias imperialistas dominantes, especialmente por el imperialismo americano..
Tal situación obligó al gobierno de Kim Young Sam a tomar desde 1993 una serie de medidas que llegaban a cuestionar incluso las prebendas y ventajas que disfrutaban antaño ciertos sectores del aparato político y militar. De hecho, la estrecha fusión de los aparatos político, militar y bancario favorecía un sistema de corrupción generalizada. Desde 1992 se emprendió un proceso de privatización del sistema bancario acompañado de medidas contra la mafia de estado llamada ‘sociedad única’, que reagrupaba a los beneficiarios de esta corrupción.
Pero los golpes del gobierno de Kim Young Sam están dirigidos principalmente contra el proletariado. Se trata no sólo de acabar con los aumentos salariales, de instaurar la flexibilidad, sino de ir más lejos y cuestionar las escasas libertades democráticas que arrancaron la clase obrera y la juventud desde 1987. Por ello, y constituyendo un elemento decisivo de la legislación adoptada por una mayoría sometida por Kim Young Sam, se han reforzado los poderes de los servicios secretos (la KCIA).
EL IMPERIALISMO Y LA BUROCRACIA DE LA CISL PATROCINAN UNA LEY ADOPTADA MEDIANTE EL ‘DIALOGO SOCIAL’
Respecto a ello es importante ver cual ha sido la posición de las potencias imperialistas con relación a los desarrollos de la lucha de clases en diciembre y enero. La prensa burguesa ha querido hacer creer que las potencias imperialistas desaprobaban el gobierno de Kim Young Sam en nombre de los eternos ideales de la ‘democracia’. ¿Pero cuál es la realidad? Le Monde cita al Comité de empleo, trabajo y asuntos sociales de la OCDE, que el 23 de enero
“reconoce los esfuerzos desplegados por las autoridades coreanas para reformar la legislación del trabajo, pero estima que la nueva ley no responde plenamente a los compromisos del gobierno coreano en lo que concierne a la libertad de asociación y a la negociación colectiva” (…) y (…) “anima al gobierno coreano a retomar el diálogo con todas las partes interesadas, lo que será testimonio de la importancia que el gobierno concede a una aceleración del proceso para garantizar plenamente la libertad de asociación y de negociación colectiva”.
Es decir, la OCDE aprueba plenamente los objetivos de la ley de Kim Young Sam, pero pide al gobierno que los ponga en práctica por otros medios, los de la ‘concertación’, ‘participación’ y ‘diálogo social’. Los círculos imperialistas abogan en particular por que la KCTU, actualmente no reconocida, sea integrada en dicho ‘diálogo social’.
Los dirigentes de la CISL (Confederación Internacional de Sindicatos Libres) se alinearon inmediatamente sobre los pasos de los dirigentes imperialistas y se presentaron en Seúl para avalar esta posición, en particular ante los dirigentes de la KCTU. Así hizo el aparato de FO, miembro francés de la CISL, que se pronunció por la ‘reforma’ de la legislación del trabajo como pone de manifiesto, por ejemplo, esta posición de la Federación de Enseñanza FO, que, en esto como en otras cosas, expresa fielmente la posición del aparato confederal:
“La FNEC-FP-FO afirma su solidaridad y apoyo a los trabajadores de Corea en huelga por la defensa de sus derechos. La FNEC-FP-FO exige en particular que cesen todas las persecuciones emprendidas contra los responsables sindicales y que sea respetada la existencia de los sindicatos coreanos.
La FNEC-FP-FO se dirige solemnemente al gobierno coreano para solicitarle abrir inmediatamente la discusión con los representantes de los sindicatos con el fin de que sea reformada la nueva ley sobre el trabajo” (9.1.97)
El gobierno de Kim Young Sam no ha tardado nada en adherirse al método preconizado por las potencias imperialistas. Desde el 10 de enero, y con el objetivo de desactivar el llamamiento a la huelga general, el dirigente del partido de Kim Young Sam (Partido de la nueva Corea) se reunía con los dirigentes del sindicato amarillo, la Federación de sindicatos coreanos (FKCTU). El 21 de enero Kim Young Sam se reunió con los dirigentes de la ‘oposición’ (burguesa) y anunció que el no reconocimiento de la KCTU había sido un error. Le Monde del 22 de enero indicaba:
“Un mes después del desencadenamiento de un importante movimiento sindical, el presidente surcoreano Kim Young Sam aceptó finalmente, el martes 21 de enero, reexaminar la muy contestada ley sobre el trabajo. Dicha legislación’ podrá ser de nuevo discutida en el Parlamento’, anunció un portavoz de la presidencia tras una reunión entre el jefe del estado y los responsables de los partidos de la oposición surcoreana. El presidente ha hecho saber igualmente que suspendería las órdenes de detención emitidas por la justicia contra los dirigentes sindicales que encabezan el movimiento de protesta. El jefe del estado, sin embargo, ha precisado que no se trataba de abrogar una ley que ya había sido votada por el Parlamento el 26 de diciembre en ausencia de los diputados de la oposición”.
Kim Young Sam quiere indicar con ello que ha asimilado perfectamente las consignas de sus superiores. Desde ahora preconizará el diálogo… en el marco del mantenimiento de la ley ya adoptada. El diálogo tendrá lugar, incluso con la KCTU, y el movimiento de masas refluirá sin obtener la derogación de dicha ley.
EL MOVIMIENTO DE MASAS Y LOS SINDICATOS
Claro está que no se puede entender el hecho de que el poderoso movimiento de masas no haya podido ni barrer al gobierno de Kim Young Sam, ni hacerlo retroceder en la legislación sobre el trabajo, sin apreciar precisamente el papel de los dirigentes sindicales. En Corea existen esencialmente dos confederaciones sindicales: la FKCTU, única reconocida, y la KCTU, todavía ilegal.
Pero la FKCTU sólo tiene de sindicato el nombre. En realidad es la heredera de los sindicatos organizados por el gobierno en estrecha ósmosis con el imperialismo americano, sindicatos organizados tras la feroz represión contra los verdaderos sindicatos obreros que se construyeron en la posguerra y que la represión liquidó. Sobre la tradición de este sindicalismo de estado del que es heredera la FKCTU, veamos lo que dice la Histoire du Syndicalisme dans le Monde des Origines a nos Jours de Jean SAIGNES:
“Esta [la FKCTU, ndlt] se da como programa la colaboración con la patronal y el poder, y la movilización de la mano de obra para promover el crecimiento. (…) Amenazas¬ prisión, torturas, listas negras elaboradas a menudo por los propios jefes sindicales, son moneda corriente. (…) En estos sindicatos la corrupción hace estragos a la hora de acceder a las funciones dirigentes a menudo muy lucrativas. Los dirigentes de este trade-unionismo conservador, aconsejados por la A.F.I.L., una de las ramas internacionales de la AFL-CIO, y clientelizados por el poder, mantienen entre el asalariado la adhesión al productivismo oficial, ligándose así plenamente a los fines de la estrategia económica (…) predican sin descanso la colaboración con la patronal y el anticomunismo combatiendo el recurso a la huelga.”
En resumidas cuentes, en una situación extremadamente peligrosa debido a la movilización de las masas, la FKCTU se mantuvo fiel a su historia.
Fue la KCTU quien llamó a la huelga el 26/12/96 y no la FKCTU, ésta última, empero, se vio obligada a adherirse a la misma. Y, por el contrario, fue después la FKCTU la que llamó a la vuelta al trabajo.
Mientras la movilización se mantuvo en su cumbre, a principios de enero, la FKCTU no llamó a la huelga y dialogó con el representante del gobierno. Llamó a la huelga el 14 y 15 de enero cuando el movimiento estaba casi liquidado. La huelga, desde 14/15 de enero será ya un fracaso. No se puede decir que la FKCTU traicionara la movilización obrera; más bien es preciso decir que la clase obrera tuvo a toda la FKCTU frente a ella.
Hay una diferencia con la KCTU. Esta es heredera de otra tradición, la del combate del proletariado, en las peores condiciones de represión, por constituir verdaderos sindicatos contra el ‘sindicalismo oficial’. Es la heredera de los combates de 1987 que abrieron una brecha en la dictadura militaro-policial. Sería erróneo, sin embargo, ilusionarse con la dirección de la KCTU. Si sobre la base de la presión del movimiento de masas pudo incluso, en un momento del conflicto, pronunciarse por derribar el gobierno de Kim Young Sam, los estrechos lazos que mantienen sus dirigentes con la burocracia de la CISL, que establecieron relaciones con ella tras decenios de apoyo a los ‘sindicatos oficiales’, influencia que ejerce sobre sus dirigentes la Iglesia católica, la condujeron en resumidas cuentas a aceptar el marco del ‘diálogo social’ con Kim Young Sam.
No por ello hay que dejar de sumar en el haber de la formidable combatividad de la clase obrera coreana el haber comenzado a construir una organización sindical de clase rompiendo con los sindicatos del estado.
LA SITUACION EN COREA DEL NORTE
Si nos atenemos a los resultados, es incontestable que el gobierno ha vencido en el pulso que lo ha opuesto al proletariado. Para comprender esto es preciso apreciar también el papel y la situación de la burocracia que ostenta el poder en el Norte. La movilización obrera en el Sur era sentida como una amenaza por el gobierno norcoreano.
El caso del submarino hundido en septiembre pasado tras una incursión en aguas territoriales surcoreanas ofreció al gobierno norcoreano la oportunidad de pronunciarse, el 29 de diciembre -o sea inmediatamente después del inicio de la huelga-, por “la paz y la estabilidad de la península coreana”.
“La República Popular Democrática de Corea desea actuar concertadamente con otros países en pro de la paz y la estabilidad de la península coreana”.
Ello no carece de importancia ya que de forma natural todo movimiento de masas implica necesariamente la cuestión de acabar con la partición de la península impuesta por el imperialismo y la difunta burocracia estaliniana.
Y el mismo estado en que se encuentra Corea del Norte es por sí solo una ayuda para el gobierno del Sur. La gestión de la burocracia ha conducido a un verdadero desastre económico agravado por el hundimiento de la URSS. La penuria es tal que las masas están al borde de la hambruna. El imperialismo americano ejerce una presión cada vez más fuerte, y a decir verdad mantiene al país a su merced utilizando el arma del embargo sobre las exportaciones y la de la ‘ayuda humanitaria’ ya que ahora los recursos agrícolas del país no pueden alimentar a sus habitantes.
En Corea del Norte, como en otras partes, la burocracia se apresura a desmantelar la propiedad estatal recurriendo, principalmente, a la creación de ‘zonas libres’, tal y como hace la burocracia china, pero con mucho menos éxito debido a la negativa del imperialismo americano a invertir. Jamás, por ejemplo, fueron realizadas las previstas inversiones de la General Motors.
El general Gary Luck, con el cinismo propio de un representante regional del imperialismo, resume muy bien la situación:
“La cuestión no estriba en saber si ese país va a desintegrarse, sino cómo, por implosión o explosión y cuándo lo hará”.
CUESTIONES A RESOLVER PARA LA CLASE OBRERA Y LA JUVENTUD DE COREA
La movilización de masas de diciembre 96 / enero 97 planteó, más allá de la derogación de la ley sobre el trabajo, la cuestión de la misma existencia del gobierno de Kim Young Sam y el desmantelamiento del estado militaro-policial construido por el imperialismo americano. Pero la clase obrera, aunque ha comenzado a construir sus centrales sindicales, se ha visto bloqueada en el combate por el hecho de no disponer de partido político propio.
La construcción del partido obrero en Corea es una cuestión decisiva para el futuro, un partido que no podrá construirse más que a partir de militantes sindicales y de los que surjan del movimiento juvenil.
El programa de tal partido deberá necesariamente integrar como cuestión crucial el combate por la reunificación de Corea y por una Constituyente soberana para toda Corea, lo que supone la liquidación del gobierno militar del Sur y de la burocracia del Norte.
En esto la constitución del Partido Obrero es inseparable de la emergencia de una vanguardia revolucionaria. Ha sido precisamente la ausencia de Partido Obrero y de una vanguardia que combatiera en su seno por el programa de la revolución socialista lo que ha constituido, a pesar de su impresionante fuerza, la debilidad del movimiento de diciembre 96 / enero 97 en Corea del Sur. (C.P.S. 67 - 11.04.97)