Años 30-40: Materiales de la construcción de la IV Internacional

( Foto: Portada de La Permanenta Revolucio, publicación en esperanto, órgano de la fracción bolchevique-leninista por la IV Internacional de la Sennacieca Asocio Tutmonda (SAT). 1935)

 

Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial. Mayo de 1940.

"Manifiesto de emergencia". Aprobado por la Conferencia Extraordinaria celebrada del 19 al 26 de mayo de 1940, en Nueva York. Escritos León Trotsky, Libro 6. 1938-40. CEIP

 

 

Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial

La Conferencia de Emergencia de la Cuarta Interna­cional, el partido mundial de la revolución socialista, se reúne en el momento inicial de la segunda guerra impe­rialista. Atrás quedó ya la etapa de intentos de aperturas, de preparativos, de relativa inactividad militar. Alemania desató las furias del infierno en una ofensiva general a la que los aliados responden igualmente con todas las fuerzas destructivas de que disponen. De ahora en adelante y por mucho tiempo el curso de la guerra imperialista y sus consecuencias económicas y políticas determinarán la si­tuación de Europa y la de toda la humanidad.

La Cuarta Internacional considera que éste es el mo­mento de decir abierta y claramente cómo ve esta guerra y a sus protagonistas, cómo caracteriza la política respec­to a la guerra de las distintas organizaciones laborales y, lo más importante, cuál es el camino para lograr la paz, la libertad y la abundancia. La Cuarta Internacional no se dirige a los gobiernos que arrastraron a los pueblos a la matanza, ni a los políticos burgueses responsables de estos gobiernos, ni a la burocracia sindical que apoya a la burguesía belicista.

La Cuarta Internacional se dirige a los trabajadores y las trabajadoras, a los soldados y los marineros, a los campesinos arruinados y a los pueblos coloniales esclavizados. La Cuarta Internacional no tiene ninguna ligazón con los opresores, los explotadores, los imperialistas. Es el parti­do mundial de los trabajadores, los oprimidos y los explotados. Este manifiesto está dirigido a ellos.

Las causas generales de la guerra actual

La tecnología es hoy infinitamente más poderosa que a fines de la guerra de 1914 a 1918, mientras que la humanidad es mucho más pobre. Descendió el nivel de vida en un país tras otro. En los umbrales de la guerra actual la situación de la agricultura era peor que cuando estalló la guerra anterior.

Los países agrícolas están arrui­nados. En los países industriales las clases medias caen en la ruina económica y se formó una subclase permanente de desempleados, los modernos parias. El mercado inter­no ha estrechado sus límites. Se redujo la exportación de capitales. El imperialismo realmente destrozó el mercado mundial, dividiéndolo en sectores dominados individual­mente por países poderosos. Pese al considerable incre­mento de la población del planeta, el intercambio comer­cial de ciento nueve países del mundo decayó casi en una cuarta parte durante la década anterior a la guerra actual. En algunos países el comercio exterior se redujo a la mitad, a la tercera o a la cuarta parte.

Los países coloniales sufren sus propias crisis internas y las de los centros metropolitanos. Naciones atrasadas que ayer todavía eran semilibres hoy están esclavizadas (Abisinia, Albania, China…)

Todos los países impe­rialistas necesitan poseer fuentes de materias primas sobre todo pasa la guerra, es decir, para una nueva lucha por las materias primas. A fin de enriquecerse posteriormente, los capitalistas están destruyendo y asolando el producto del trabajo de siglos enteros.

El mundo capitalista decadente está superpoblado. La admisión de cien refugiados extras constituye un problema grave para una potencia mundial como Estados Uni­dos. En la era de la aviación, el teléfono, el telégrafo, la radio y la televisión, los pasaportes y las visas paralizar el traslado de uno a otro país. La época de la decadencia del comercio exterior e interior es al mismo tiempo la de la intensificación monstruosa del chovinismo, especialmente del antisemitismo.

El capitalismo, cuando surgió, sacó al pueblo judío del guetto y lo utilizó como instru­mento de su expansión comercial. Hoy la sociedad capi­talista en decadencia trata de expulsar por todos sus poros al pueblo judío; ¡entre dos mil millones de perso­nas que habitan el globo, diecisiete millones, es decir menos del uno por ciento, ya no pueden encontrar un lugar donde vivir! Entre las vastas extensiones de tierras y las maravillas de la tecnología, que además de la tierra conquistó los cielos para el hombre, la burguesía logró convertir nuestro planeta en una sucia prisión. 

[...]

El Manifiesto termina con estas palabras:

¡Esta no es nuestra guerra!

Al mismo tiempo, no nos olvidamos ni por un mo­mento de que esta guerra no es nuestra guerra. A diferencia de la Segunda y la Tercera Internacional, la Cuarta Internacional no construye su política en función de los avatares militares de los estados capitalistas sino de la transformación de la guerra imperialista en una guerra de los obreros contra los capitalistas, del derrocamiento de la clase dominante en todos los países, de la revolu­ción socialista mundial. Los cambios que se producen en el frente, la destrucción de los capitales nacionales, la ocupación de territorios, la caída de algunos estados, desde este punto de vista sólo constituyen trágicos episo­dios en el camino a la reconstrucción de la sociedad moderna.

Independientemente del curso de la guerra, cumplimos nuestro objetivo básico: explicamos a los obreros que sus intereses son irreconciliables con los del capitalismo sediento de sangre; movilizamos a los trabajadores contra el imperialismo; propagandizamos la unidad de los obreros de todos los países beligerantes y neutrales; llamamos a la fraternización entre obreros y soldados dentro de cada país y entre los soldados que están en lados opuestos de las trincheras en el campo de batalla; movilizamos a las mujeres y los jóvenes contra la guerra; preparamos cons­tante, persistente e incansablemente la revolución en las fábricas, los molinos, las aldeas, los cuarteles, el frente y la flota.

Este es nuestro programa. ¡Proletarios del mundo, no hay otra salida que la de unirse bajo el estandarte de la Cuarta Internacional!

 

La totalidad del documento se puede encontrar en: 

"Manifiesto de emergencia". Aprobado por la Conferencia Extraordinaria celebrada del 19 al 26 de mayo de 1940, en Nueva York. Escritos León Trotsky, Libro 6. 1938-40. CEIP

 

Declaración de la célula trotskista del campo de exterminio nazi de Buchenwald - 20 de abril de 1945


¡Fraternización revolucionaria con los proletarios de los ejércitos de ocupación!
¡Por la Alemania de los consejos en una Europa de los consejos!
¡Por la revolución proletaria mundial!
Declaración de los comunistas internacionalistas de Buchenwald (IV°Internacional)
20 de abril de 1945
1. La situación internacional del capitalismo
Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Italia, Alemania y Japón han perdido su posición como grandes potencias imperialistas, mientras que Francia ha sido vapuleada gravemente.
Las contradicciones y los conflictos imperialistas entre los EE.UU y Gran Bretaña dominan las zonas tempestuosas de la política imperialista mundial. Desde el principio de esta Guerra Mundial, Rusia salió de su aislamiento y se encuentra actualmente ante el problema de realizar política y militarmente sus éxitos militares contra las aspiraciones de las potencias imperialistas victoriosas. China, a pesar de sus grandes esfuerzos, sigue siendo el objeto de las grandes potencias imperialistas, lo que es una consecuencia necesaria de la victoria de la burguesía china sobre el proletariado chino.
La unanimidad afirmada concluyentemente en las conferencias imperialistas internacionales de paz debe ocultar a las masas las contradicciones inmanentes de las potencias capitalistas. Los intereses militares concordantes contra Alemania no pueden, sin embargo, impedir el estallido de las contradicciones en el campo aliado. A estas contradicciones se añaden las crisis inevitables y las convulsiones sociales del modo de producción capitalista en declive. Un análisis exacto de la situación internacional que aplique los métodos del marxismoleninismo es la condición indispensable para una política revolucionaria que corone con éxito.
2. La situación internacional de la clase obrera
Esta evolución da al proletariado alemán la posibilidad de levantarse a corto plazo de su derrota más profunda y de ponerse de nuevo a la cabeza del proletariado europeo en la lucha por derribar el capitalismo. La revolución rusa, aislada por el fracaso de la revolución en Europa, tomó una evolución que la alejó cada vez más de los intereses del proletariado europeo e internacional. La política del "socialismo en un único país" representó en primer lugar únicamente los intereses de la casta burocrática dominante y conduce actualmente el Estado ruso a una política de nacionalismo mano a mano con las potencias imperialistas. Cualquiera que sea la evolución en Rusia, el proletariado internacional debe liberarse de toda ilusión relativa a este Estado y llegar por un análisis marxista claro a la constatación de que la casta de burócratas y militares actualmente en el poder defiende exclusivamente sus propios intereses y que la revolución internacional debe renunciar a todo apoyo por parte de este Gobierno.
El completo derrumbe militar, político y económico de la burguesía alemana abre para el proletariado alemán la vía de su liberación. Para impedir el renacimiento de la burguesía alemán favorecido por las contradicciones imperialistas, la clase obrera debe llevar su lucha revolucionaria en cada país contra su propia burguesía. La clase obrera ha sido privada de su dirección revolucionaria por la política de las dos organizaciones obreras internacionales que han combatido activamente y saboteado la revolución proletaria; ellas solas hubieran podido impedir esta guerra. La II Internacional es un instrumento de la burguesía. La III Internacional se convirtió, desde la muerte de Lenin, en una agencia de la política exterior de la burocracia rusa. Ambas han participado activamente en la preparación y la dirección de esta guerra imperialista por lo que son corresponsables de ella. Aquellos que quieren hacer responsable o corresponsable de esta guerra a la clase obrera simplemente siguen sirviendo a la burguesía.
El proletariado sólo puede realizar su tarea histórica bajo la dirección de un nuevo partido mundial revolucionario. La construcción de este partido es la tarea inmediata de todos los elementos más avanzados de la clase obrera. En la lucha contra el capitalismo y sus agentes reformistas y estalinistas, algunos cuadros revolucionarios internacionales ya se han reunido para la construcción de este partido mundial. Para realizar esta tarea difícil, no es posible una vuelta a la consigna conciliadora por una nueva Internacional 2 ½ . Tal formación intermedia impide la clarificación ideológica necesaria y frena la eficacia revolucionaria.
3. ¡Más que nunca un 9 de noviembre de 1918!
En el período prerrevolucionario inminente, hay que movilizar a las masas trabajadoras en la lucha contra la burguesía y preparar la construcción de una nueva Internacional revolucionaria que realizará la unión de la clase obrera en la acción revolucionaria.
Todas las teorías e ilusiones relativas a un "Estado popular", "Democracia popular", ha conducido a la clase obrera durante las luchas de clases bajo la sociedad capitalista a las derrotas más sangrientas. Sólo la lucha intransigente contra el Estado capitalista hasta su destrucción y la instauración del Estado de los consejos obreros y campesinos puede impedir otras derrotas. La burguesía y la pequeña burguesía desarraigada llevaron el fascismo al poder. El fascismo es una creación del capitalismo. Sólo la acción independiente y victoriosa de la clase obrera contra el capitalismo puede destruir el mal del fascismo con sus raíces. En esta lucha, la pequeña burguesía vacilante seguirá al proletariado revolucionario en su empuje, como la historia de las grandes revoluciones nos lo ha enseñado.
Para vencer en las luchas de clases por venir, la clase obrera alemana debe luchar por la realización de las siguientes reivindicaciones:
¡Libertad de organización, reunión y prensa!
¡Libertad de asociación y restablecimiento inmediato de todas las conquistas sociales de antes de 1933!
¡Supresión completa de todas las organizaciones fascistas! ¡Utilización de sus fortunas en favor de las víctimas del fascismo! ¡Todos los representantes del Estado fascista deben ser juzgados por tribunales populares libremente elegidos!
¡Disolución del Wehrmacht (Ejército alemán) y su sustitución por milicias obreras!
¡Elecciones inmediatas y libres de consejos obreros y campesinos en toda Alemania y convocatoria de un congreso general de los consejos!
¡Hay que mantener y ampliar los consejos mientras se utilizan todas las instituciones
parlamentarias de la burguesía para la propaganda revolucionaria!
¡Expropiación de los bancos, de la industria pesada y los propietarios latifundistas! ¡Control de la producción por los sindicatos y los consejos obreros!
¡Ni un hombre, ni una moneda para las deudas de guerra y reparaciones de la burguesía! ¡Que pague la burguesía!
¡Por la revolución socialista en toda Alemania, contra la desmembración de Alemania!
¡Fraternización revolucionaria con los proletarios de los ejércitos de ocupación! ¡Por la Alemania de los consejos en una Europa de los consejos! ¡Por la revolución proletaria mundial!

Los comunistas internacionalistas de Buchenwald (IV° Internacional),
el 20 de abril de 1945
Para memoria: Karl FISCHER (de Austria), Marcel BAUFRERE (de Francia), Ernst FEDERN (de Austria), Florent GALLOY (de Bélgica).
Traducido
desde el francés y publicado por Germinal – núcleo en defensa del
marxismo. Abril 2008

1947 La Partición de Palestina

La partición de Palestina

 

(Editorial de Cuarta Internacional , noviembre-diciembre 1947)

 

 

Después que los "tres grandes" llegasen a un acuerdo sobre la partición de Palestina, el voto en las Naciones Unidas sólo era ya una mera formalidad. El imperialismo británico se retira del Oriente Próximo a una segunda línea de defensa comparable a la levantó con la división de la India. En el seno de los dos estados, el judío y el árabe, Gran Bretaña preserva lo esencial de sus posiciones económicas y financieras. La Legión Árabe del hipotético estado árabe y la Hagana operarán en estrecha relación con el Ministerio de la Guerra británico, al igual que en el caso de los ejércitos hindú y musulmán en la India. Y, también como en la India, la partición se ha demostrado como el mejor medio para desviar hacia un combate fratricida la lucha de las masas árabes y la cólera de la población trabajadora judía.

Palestina bajo administración británica. Fronteras en 1920

Las maniobras del imperialismo británico han sido necesarias a causa de la disminución de sus recursos. Esta disminución obliga a los imperialistas a rebajar sus "compromisos internacionales" a fin de economizar a la vez dólares, fuerza de trabajo y armamento. Esto se presenta incluso de forma aun más hipócrita en el caso específico de Palestina. De hecho, la creación de un estado árabe independiente en Palestina es muy poco probable. Por ello, el rey Abjdalá de Transjordania, el agente número uno de la City de Londres en el mundo árabe, podrá de hecho lograr integrar el este de Palestina en su reino y alcanzar, así, la primera etapa de la formación del imperio de la Gran Siria, objetivo final de su dinastía y de la burguesía británica en el Oriente Próximo. Londres continuará reinando sin que le cueste ni un penique al contribuyente inglés. El único pueblo que sufrirá las consecuencias será, sin lugar a dudas, el mismo pueblo palestino.

 

Para el imperialismo estadounidense, como para la burocracia soviética, la aceptación de la partición significa sobretodo la liquidación del mandato británico y la apertura de la lucha por la herencia de las posiciones abandonadas. El Kremlin se felicita por la apertura de un período de desórdenes en el Oriente Próximo, aprovechándose de ellos hará lo posible para debilitar las posiciones inglesas y preparar su propia penetración, ya sea bajo cobertura de una "Comisión Mixta de la ONU" ya sea bajo la de una "tutela de los Tres Grandes" sobre Jerusalén. El imperialismo estadounidense se ve enfrentado en Palestina, como anteriormente en Grecia, al problema de encontrar una solución de recambio a la tutela imperialista que los británicos no pueden ya asumir. Tras la evacuación de la tropas inglesas, la Hagana será la única fuerza militar que disponga de una equipamiento moderno, una fuerza extraña al mundo árabe y que servirá, si es necesario, para combatir una insurrección autóctona o una amenaza rusa sobre los pozos petrolíferos. No deberíamos, pues, sorprendernos a partir de ahora si el imperialismo estadounidense, bien bajo forma de una "Liga Judía" o bien financiándola, intenta tener una influencia predominante en el Oriente Próximo. Pero sigue siendo evidente que un estado judío, igual que el movimiento sionista que le ha precedido, sólo es considerado por las grandes potencias como un peón de sus maniobras en el seno del mundo árabe. Semejante estado, lejos de recibir una "protección" abierta y permanente de no importa cuál de estas potencias, se encontrará siempre en una posición precaria e incierta y para su población se abrirá un período de privaciones, terror y terrible tensión que se agudizarán a medida que se desarrollen las fuerzas en lucha por la emancipación del mundo árabe.

 

La partición de Palestina y el claro cambio de las posiciones sionistas frente al imperialismo británico (incluyendo aquellas de la mayoría de los extremistas) han descargado un golpe mortal sobre todas las teorías impresionistas que crecieron con las bombas del Irgún. La solidaridad fundamental de la Hagana e incluso del Irgún con el imperialismo y contra las masas árabes ha quedado demostrada de la forma más clara. El carácter criminal del sionismo aparece claramente en el hecho que, en razón de su papel reaccionario, los primeros movimientos de masas árabes a favor de una Palestina unida e independiente se han dirigido contra la población judía y no directamente contra el imperialismo. Los ultra reaccionarios jefes del Comité Árabe a favor de Palestina tienen, así, la ocasión de dar nuevo brillo a su blasón vertiendo la sangre de los desdichados judíos que son víctimas de la política sionista.

 

Los dirigentes sionistas de todo el mundo han festejado la proclamación del estado en miniatura como una gran victoria. ¡Miserable error! La trampa que es Palestina para los judíos, según las palabras de Trotsky, se ha vuelto a cerrar.

 

Sin cambio radical en la situación mundial y sin reflujo del sionismo en el movimiento obrero judío de Palestina, el exterminio completo del pueblo judío tras la erupción de la revolución árabe será el precio pagado por los judíos por su triste éxito en Lake Success. Y, por una ironía de la historia, el establecimiento de un estado judío independiente, que, según los brillantes teóricos sionistas, está destinado a erradicar el antisemitismo en el mundo ha sido saludado por el estallido de una oleada progromista salvaje en Adén y una nueva oleada de antisemitismo en el mundo.

 

La posición de la Cuarta Internacional frente a la cuestión palestina continúa siendo tan clara como en el pasado. Estará en la vanguardia del combate contra la partición, a favor de una Palestina unida e independiente, en la que las masas determinaran soberanamente su destino mediante la elección de Asamblea Constituyente. Contra los efendi y los agentes imperialistas, contra las maniobras de las burguesías egipcia y siria que tratan de desviar la lucha por la emancipación de las masas en lucha contra los judíos, llamará a la revolución agraria, a la lucha anticapitalista y antiimperialista, que son los motores esenciales de la revolución árabe. Pero sólo puede llevar adelante este combate con posibilidades de éxito con la condición que tome posición, sin equívocos, contra la partición del país y el establecimiento de un estado judío.


Más que nunca es necesario llamar al mismo tiempo a las masas trabajadoras de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia, la pueblo trabajador de cada país a luchar por la apertura de las fronteras de sus países respectivos a los refugiados, a las personas desplazadas, a todos los judíos deseosos de emigrar, sin discriminación. Sólo si llevamos adelante seriamente, efectivamente y con éxito este combate podremos explicar a los judíos porqué no hay que caer en la trampa palestina. La experiencia terrible que espera a los judíos en el estado en miniatura crea al mismo tiempo las premisas de la ruptura de amplias masas con el sionismo criminal. Si tal ruptura no se produce a tiempo, el "estado judío" se ahogará en sangre.

 

 

 

A los pueblos esclavos de Marruecos, Conferencia por la IV Internacional, julio 1936

Llamamiento de la
Conferencia por la IV Internacional (29-31 de
julio de 1936)

 

A LOS PUEBLOS ESCLAVOS DE MARRUECOS

A todos los pueblos oprimidos por los
imperialistas

 

Vosotros, como nosotros, proletarios del mundo entero, soportáis los mismos males, los mismos sufrimientos y las mismas cadenas: los de la esclavitud imperialista.
Hubo una época en que los bandidos imperialistas de Europa y de los otros continentes, bajo la creciente presión de las organizaciones revolucionarias de los proletarios que explotaban en sus países, intentaban resolver sus dificultades a costa de los pueblos colonizados. Los trabajadores de Europa y de otros continentes, al convertirse en apoyos de los piratas imperialistas para conquistaros y dominaros, se convirtieron, inconscientemente, en cómplices de sus propios explotadores pues un pueblo que oprime a otro no puede ser él mismo libre.
Pero desde entonces el capitalismo ha envejecido. En todas partes se encuentra en plena descomposición. Ya no es capaz de asegurar un desarrollo de la sociedad humana mundial. Sólo la solución socialista puede hacer salir al mundo del presente caos y facilitar a la humanidad su libre desarrollo y felicidad. Pero los bandidos imperialistas no sueñan ni por un momento en desaparecer y, después de haber utilizado a los proletarios de sus países para sojuzgaros y explotaros, recurren ahora a vosotros para combatir y vencer a los proletarios que se levantan contra ellos para liberar al mundo de las cadenas imperialistas. Tal es el caso hoy en día de España.
Desgracia para vosotros si, a vuestra vez, os convertís en los cómplices de vuestros opresores imperialistas. La vía de vuestra liberación (igual que la de los trabajadores de los países imperialistas) está en la lucha común contra la explotación capitalista.
Únicamente la alianza de los pueblos oprimidos y los proletarios de los países opresores puede liberar, tanto a unos como a otros, de la dominación de sus enemigos comunes: los capitalistas del mundo entero.
Tomamos como demostración solo los siguientes hechos:
El imperialismo italiano ha hecho de Abisinia su victima sangrante. Nunca jamás se habían empleado semejantes infames procedimientos en la conquista de otros pueblos. El Negus ha lanzado un llamamiento a la Sociedad de Naciones. Pero ¿cómo esta sociedad de bandidos, creada para sancionar el reparto actual del mundo, podría escuchar el llamamiento del pueblo abisinio, impedir a los piratas italianos instalarse en la meseta etiope? Lo que es preciso es levantar a los pueblos oprimidos de África para arrojar al mar a todos los bandidos imperialistas; lo que es necesario es realizar la unión de los pueblos oprimidos con la clase obrera de Europa y de los otros continentes.
Lo mismo pasa en Palestina. El gobierno británico ha clavado sus garras sobre Palestina para proteger la ruta de las Indias y sus intereses petrolíferos en Mesopotamia. A fin de mantener esta posición, los bandidos imperialistas ingleses atizan el odio de raza entre judíos y árabes provocando sin cesar sangrientas luchas entre unos y otros. Mientras los trabajadores judíos sigan siendo cómplices de los capitalistas, agentes del imperialismo inglés, mientras que los trabajadores árabes no busquen la alianza con los trabajadores judíos y sus hermanos de las Indias para batir a su común enemigo, el imperialismo inglés, éste, poniéndose en el lugar del pacificador entre ellos, no cesará de ganar a costa de su sangre, haciéndoles matarse mutuamente.
En Extremo Oriente nos encontramos cada día con nuevas agresiones japonesas contra China. Al igual que el imperialismo italiano, el imperialismo nipón busca desviar al pueblo, que oprime en su propio territorio, de la lucha revolucionaria lanzándolo a la conquista de otros pueblos en China.
El imperialismo francés de los Blum y Daladier no se comporta más suavemente en Indochina, África del Norte, Siria, por todas partes donde, bajo la sombra de su bandera tricolor, explota y oprime a los pueblos de los países conquistados.
Como en 1914, una nueva guerra imperialista está a punto de estallar para un nuevo reparto del mundo. Los mismos imperialistas que preparan esta guerra no tienen escrúpulos en armar a los pueblos coloniales cuando se trata de conducirlos contra el pueblo alzado en su país como es el caso de España hoy en día. Así, puede verse que la lucha por la liberación nacional y la revolución socialista están estrechamente ligadas.
La paz es la liberación de los pueblos oprimidos.
La liberación de los pueblos oprimidos significa el derrocamiento del capitalismo mundial: la revolución socialista internacional.
Cortar el paso al fascismo en Europa y en los otros países del continente, significa tender la mano a los pueblos oprimidos, liberar a los pueblos coloniales.
Las organizaciones que luchan por la IV Internacional, fieles a las enseñanzas de Lenin y de la revolución de Octubre, tienden fraternalmente la mano a los pueblos que luchan por su emancipación nacional.
La IV Internacional saluda la heroica lucha del pueblo etiope contra las bombas y lanzallamas de Mussolini y la tradición de la Sociedad de Naciones: apoya al pueblo árabe en sus esfuerzos por liberarse de la dominación británica. Tanto la Irlanda de 1919 y 1921 como, ahora, Egipto muestran que no pueden obtenerse de los imperialismo las más mínimas concesiones más que mediante la lucha revolucionaria de masas.
La IV Internacional condena la política de la II Internacional que continua adoptando resoluciones sobre el derecho de las naciones a disponer de ellas mismas al mismo tiempo que apoya a sus propios capitalistas en la dominación de los pueblos coloniales. El gobierno laborista de MacDonald en Gran Bretaña y el de Vandervelde en Bélgica han traicionado a los pueblos coloniales de la misma forma que los gobiernos conservadores u otros; mientras, los gobiernos del Frente Popular en Francia y en España continúan sin cambios la explotación de las colonias. Si el gobierno del Frente Popular en España hubiese tomado medidas inmediatas para ayudar a los pueblos marroq uíes a liberarse, el fascismo no hubiese tenido nunca base desde la que atacar a los obreros y campesinos españoles.
La III Internacional es la principal inspiradora del Frente Popular y de su reaccionaria política. Llama a los obreros y campesinos del mundo entero a batirse por la democracia contra el fascismo. El obrero de las fábricas de Bombay, el campesino hindú, los millones de indígenas de África privados de sus tierras y penando en las minas imperialistas a cambio de 10 chelines al mes rechazarán ser engañados por la III Internacional para tomar las armas a favor de cualquier potencia imperialista, sea la que sea, democrática o fascista. Aprovecharán la ocasión, por el contrario, para batirse ardidamente y sin piedad por su propia libertad nacional y económica.
La IV Internacional les declara que sus secciones en Europa, Asia, África y América llevarán adelante todas sus luchas contra su propio imperialismo, en tiempos de guerra como en tiempos de paz y lucharán junto a todos los pueblos coloniales por el derrocamiento de su común enemigo: el capitalismo mundial.

Internal Bulletins Socialist Workers Party (1938-1945)

Internal Bulletins Socialist Workers Party (1938-1945)

 

 

Manifiesto a los trabajadores del mundo entero, 1938

[Extracto. Texto completo en :Manifiesto a los trabajadores del mundo entero]

 

Comité Ejecutivo Internacional de la IV Internacional (Partido mundial de la revolución socialista )

septiembre de 1938

 

Traducción de Rodolphe Prager (comp.), Les Congrès de la Quatrième Internationale T1, París, La Brèche, 1978, p. 203.

¡Trabajadores, explotados y pueblos coloniales de todos los países!

La Conferencia de fundación de la IV Internacional –el Partido mundial de la revolución socialista–, que se realizó en septiembre de 1938, les hace este llamado urgente en el momento en que el mayor peligro amenaza a las masas del mundo entero y la causa de su emancipación de la esclavitud moderna. Nos encontramos frente a los horrores de una nueva guerra imperialista mundial. Es una mentira monstruosa creer que la guerra tendrá lugar entre naciones “pacíficas” y naciones “belicosas”, pues ella es inherente al capitalismo mismo y toda nación capitalista está comprometida en la locura de la carrera armamentística.

 

Es una monstruosa mentira decir que la guerra tendrá lugar entre países “democráticos” y países “dictatoriales”, pues las “democracias” ya son aliadas de numerosas dictaduras y, cuando la guerra estalle, las primeras víctimas serán los derechos y las instituciones democráticas ya ampliamente minadas en los países “pacíficos”. Es mentir afirmar que la guerra tendrá lugar por la independencia nacional o la libertad de Checoslovaquia. Es un cruel engaño en el que Checoslovaquia juega el mismo rol que la “pobre Bélgica”.

 

Los imperialistas anglo-franceses, que aplastan sin piedad a los combatientes por la independencia en las Indias, Siria, Túnez, Argelia, Palestina y en todas partes, sólo reconocen su “derecho a la independencia” a explotar a millones de esclavos a través del mundo.

 

¡Todas las clases dirigentes de los países capitalistas son piratas! Su guerra, a pesar de las pretensiones y consignas hipócritas, será una guerra de piratas. No será una guerra obrera, sino por el contrario, los obreros y, en general, los explotados serán las víctimas. No será una guerra por la democracia, pues la verdadera democracia para las masas sólo puede ser ganada en la lucha contra la dominación capitalista; e incluso los derechos democráticos de los que aún gozan las masas sólo pueden ser preservados y extendidos, como el ejemplo de la guerra civil española lo ha mostrado, por los métodos de la lucha de clases militante, revolucionaria hacia el socialismo.

 

Esta no será una guerra en interés de los obreros, pues los asaltos contra las conquistas sociales de los obreros franceses en junio de 1936, especialmente la semana de 40 horas, en nombre de la “defensa nacional”, muestran que la defensa de los intereses económicos y sociales más elementales de las masas –su pan cotidiano y su libertad– es incompatible con la defensa de la patria burguesa.

 

Hitler, que destruyó todas las conquistas sociales de la clase obrera alemana y austriaca, lleva adelante la lucha en nombre del capitalismo alemán contra los intereses de los pueblos de Europa.

 

Con las amenazas de guerra, destacamos que el enemigo principal permanece en su propio país. La clase obrera no tiene patria para defender, salvo la que ella conquiste y domine. Nuestro grito es: ningún apoyo a los causantes de la guerra y a las guerras imperialistas. ¡Continuación de la lucha de clases en todas las situaciones y utilización de la crisis guerrerista para el derrocamiento de la dominación imperialista, es decir de la guerra y del capitalismo mismo!

 

El mundo capitalista está herido de muerte. En su agonía, exhala los venenos del fascismo y de la guerra totalitaria, que amenaza reducir en todas partes a los obreros y campesinos a una nueva y horrible servidumbre y desencadenar las fuerzas de destrucción que arrasará toda la civilización moderna.

 

En el medio de la abundancia, con un aparato de producción que bien dirigido y organizado, podría cubrir todas las necesidades actuales de la humanidad, el capitalismo condena a millones de hombres a la desocupación, a miserables prestaciones sociales o al hambre.

 

La clase dirigente, quien sacudía antiguamente las cadenas del feudalismo en nombre de la democracia y de la igualdad, combina ahora las más sombrías fuerzas de la reacción y los elementos más abyectos de los bajos fondos de la sociedad, para abolir todos los derechos democráticos conquistados con la sangre del pueblo. Quiere, con el puñal y el látigo fascista, preservar su soberanía que aún sobrevive a la victoria inexorable del socialismo.
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