2007-05-21 Ante las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo: CLASE CONTRA CLASE

Declaración del Grupo Germinal ante las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo de 2007
VOTO CLASE CONTRA CLASE
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Ante las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo:

VOTO CLASE CONTRA CLASE

Las elecciones legislativas del 14 de marzo de 2004 supusieron un punto de inflexión de la situación política del Estado Español que permitió acabar con ocho años negros de gobiernos PP. En ellas cristalizaron las movilizaciones obreras dispersas contra la política de Aznar, la fuerza expresada sin continuidad en la huelga general del 2002, los resultados de las inmensas manifestaciones de 2003 contra la intervención imperialista en Irak y la reacción masiva de la clase obrera y la juventud frente a la gran mentira del gobierno Aznar sobre los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2004.

Sobre la base de una gran desmoralización de masas provocada por la política privatizadora y antiobrera del los gobiernos del PSOE, el PP disfrutó de ocho años (dos legislaturas) de permanente ofensiva contra las condiciones de vida de los trabajadores, de abaratamiento de los despidos y del paro, de precarización del ‘mercado laboral’, de reducción de los salarios reales y de las pensiones, de privatizaciones del patrimonio y de los servicios públicos, de reducción de los impuestos al capital y aumento de los que recaen sobre los asalariados, de refuerzo represivo, de ataques feroces y humillaciones crecientes ante cualquier reivindicación, por pequeña que fuera, de las nacionalidades que combaten activamente por su autodeterminación, especialmente Euskadi y Cataluña. Como una ironía del destino, el gobierno de Aznar-PP fue barrido por las masas, en las calles y las urnas, con una rabia acumulada que explotó precisamente tras un atentado terrorista. Atentado en el que el aparato del Estado creyó encontrar la gran ocasión para reforzar a su gobierno, tan acostumbrado como estaba a utilizar la excusa del terrorismo para avanzar con nuevas medidas reaccionarias y represivas.

En esas últimas elecciones legislativas, desde cada rincón de los cinturones industriales de Barcelona, Bilbao, Madrid, Zaragoza, Valencia, La Coruña,..., desde cada pueblo o barrio del proletariado agrícola de Andalucía o Extremadura, la clase obrera de todo el Estado Español utilizó el voto masivo al PSOE como el único ariete útil que en el terreno electoral poseía para echar abajo el odiado gobierno del PP. Utilizó el PSOE, ese partido nacido de nuestra clase, pero con una más que larga tradición de traición sistemática desde la segunda década del siglo pasado y que en la actualidad tiene tan debilitadas sus raíces con los trabajadores que prácticamente sólo se relaciona con ellos a través de la burocracia de UGT y de los procesos electorales.

Si embargo, y como no podía ser de otra manera, la derrota que la clase obrera infligió al PP, el partido de la burguesía españolista, el 14 de marzo de 2004, ha sido convertida por la dirección burguesa del PSOE en un nuevo gobierno antiobrero que en los tres años que lleva en ejercicio se ha esforzado en continuar la política del anterior: ha abaratado todavía más los despidos y los salarios, profundizado disimuladamente y con la complicidad de las cúpulas sindicales la precarización y condiciones de trabajo, reforzado las medidas de expulsión de los inmigrantes ‘ilegales’, respetado y ampliado la financiación pública de la enseñanza privada, facilitado la continuidad de la monstruosa especulación inmobiliaria... En cuanto a la cuestión nacional, que una y otra vez se convierte en el centro de toda la política del Estado Español, el gobierno de Rodríguez Zapatero no ha cambiado nada. Se ha burlado de Catalunya dictándole el nuevo estatuto de autonomía y, fundamentalmente, ha mantenido todo el acervo represivo y antidemocrático implantado por el PP con el consenso del PSOE en la oposición: leyes antiterrorista y de Partidos políticos, Código Penal reforzado, tribunales especiales (Audiencia Nacional), dispersión de presos vascos, etc. Con De Juana Chaos, el gobierno del PSOE ha instalado el delito de opinión con el objetivo explícito de evitar que un preso que ha cumplido la condena saliera a la calle como cualquier otro y ha permitido que se le alimente a la fuerza en condiciones que en otros países las llamadas ‘organizaciones de derechos humanos’ consideran como tortura.

Este gobierno inició su andadura ejecutando una victoria de las masas: la retirada de tropas en Irak....para, acto seguido, reforzar las de intervención imperialista en Afganistán y, más tarde, enviar nuevas tropas imperialistas españolas al Líbano, en ayuda de Israel y los Estados Unidos. El ‘buen talante’ de que alardea Zapatero ha mostrado en estos tres años todo su contenido y sus límites: ha servido para desmovilizar a la clase obrera, ayudado por el respiro que le han concedido las direcciones sindicales, mientras los salarios y las pensiones siguen perdiendo poder adquisitivo, la vivienda se ha puesto a un nivel inalcanzable y centenares de miles de inmigrantes continúan sometidos a la ilegalidad y la sobreexplotación. Y todo ello simultáneo a unos beneficios históricos de la banca, las constructoras, las energéticas, telecomunicaciones....

En cuanto a las ‘promesas de paz’ para Euskadi, el gobierno de Zapatero no ha sido capaz ni de llevar adelante su propio plan de negociaciones con ETA, a pesar de que esta organización está dispuesta a seguir los pasos del IRA, es decir, está presta a establecer las condiciones de rendición de su lucha armada sin salida entregando en el mismo acto los derechos de la autodeterminación de todo el pueblo vasco.

El ‘talante’ españolista del gobierno de Rodríguez Zapatero alcanza precisamente en estos días y frente a estas elecciones su punto álgido: Batasuna continua ilegalizada, a Abertzale Socialistak se le ha denegado la inscripción como partido, siguen cerrados y confiscados los periódicos y tabernas abertzales y un total de 386 listas electorales municipales vascas han sido declaradas ilegales por ‘contaminación ideológica’. En el País Vasco, las condiciones ‘democráticas’ en que van a desarrollarse las próximas elecciones están bien resumidas en estas cínicas declaraciones de Conde-Pumpido, fiscal general del Estado a las órdenes directas del gobierno:

“El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido afirmó ayer que «tal vez se ha ido demasiado lejos» con la ilegalización de las 386 listas de las agrupaciones de Abertzale Sozialistak (AS) y de acción Nacionalista Vasca (ANV), ya que hay algunos pueblos en los que no ha quedado prácticamente ninguna candidatura. «Es posible que nos hayamos pasado, pero ha colado»” (La Razón, Madrid, 17 de mayo de 2007).

Pero si en Euskadi el marco electoral es un escarnio, en el resto de Estado Español el carácter mismo de las actuales elecciones no es mucho más democrático en realidad. Por un lado, tanto los municipios como las ‘autonomías’ tienen las manos atadas por la Constitución de la Monarquía: su marco de acción está determinado en todo momento por las leyes del estado central, por los presupuestos que hace aprobar cada año el gobierno. Pueden hacer poco más que ejecutar las políticas de aquél y discutir limitadamente el reparto de sus propios presupuestos miserables. Son un engranaje menor del Estado diseñado para administrar la dictadura del capital sobre el resto de las clases, para ser cárcel de pueblos con apariencia ‘democrática’. Además, en los últimos años, y de manera absolutamente generalizada, la intervención municipal se ha convertido en un muladar de corrupción urbanística, elemento indispensable para el desarrollo de la especulación a los niveles que conocemos. Y de esa corrupción, como demuestran todos los casos que salen a la luz (Autonomía de Madrid, Marbella, Torrevieja, etc.), no se libra ni uno sólo de los partidos que componen las instituciones.
En estas condiciones de falsa democracia, por un lado, y de ausencia de partido obrero que pueda representar nuestros intereses o utilizar a nuestro favor las instituciones de la burguesía, los trabajadores y trabajadoras no podemos esperar que de nuestro voto resulten gobiernos municipales o autonómicos diferentes de los que ya conocemos en todas sus variantes: aún en los casos en que dotemos de mayoría a los representantes de los partidos obrero-burgueses (PSOE y PCE ), las direcciones de estos partidos se dedicarán a gestionar los intereses de la burguesía en su conjunto con plena lealtad a sus instituciones (ver los gobiernos de González y Zapatero, tripartitos catalanes, coaliciones vascas, centenares de ayuntamientos).
Pero que eso vaya a ocurrir no significa que, si es posible, nos debamos de abstener de intervenir como clase ni en estas elecciones ni en ningún otro acontecimiento político. Un hecho es la traición permanente y sistemática de los dirigentes del único gran partido que tradicionalmente utilizan los trabajadores para expresarse electoral y deformadamente como clase (el PSOE), traición a la que se añade complementariamente la propia de la dirección del PCE, ya casi en extinción y oculto bajo una coalición (IU) con minúsculos partidos burgueses o pequeño-burgueses y más minúsculas organizaciones ‘de izquierda’ que cubren su fidelidad al capital. Pero otro hecho es la lucha de clases viva, que en cada terreno sólo puede ejercerse utilizando las organizaciones que existen.
Desde que fue expulsado del gobierno, el gran partido burgués español, el PP, flanqueado por la Conferencia Episcopal, ejerce una presión extraordinaria, casi histérica, contra el gobierno Zapatero.
No están ciegos: ven que la clase obrera sigue desorientada sin esperar nada bueno del gobierno, encajando nuevos golpes, sin encontrar el camino de sustitución por uno que defienda sus intereses. La coyuntura es perfecta para intentar revertir aceleradamente la derrota del PP del 14 de marzo de 2004. Organizadas al alimón entre la derecha política y la jerarquía católica, se suceden las manifestaciones masivas en Madrid y las campañas mediáticas frenéticas. Toda excusa vale en la contienda. Desde los trasvases hidrológicos hasta las negociaciones con ETA, pasando por los matrimonios homosexuales o la asignatura de ‘educación cívica’. La negra reacción política y clerical milita activamente, pero no para derribar al gobierno por su política -que como el propio PSOE alega, no se diferencia de la de cualquier gobierno burgués ‘de derecha’ de otros países- sino para volver al poder directo, para borrar las consecuencias de las manifestaciones contra la intervención en Irak y contra el PP, para infligir un golpe político global a la clase obrera.
La burguesía comprende bien el carácter contradictorio obrero-burgués del PSOE y el PCE: los utiliza para desviar, bloquear, o desactivar la lucha política del proletariado, para gobernar cuando no puede hacerlo el partido burgués directamente o en solitario. Pero el capital, como está demostrando en la actual campaña, tampoco pierde nunca ninguna oportunidad de derrotarlos, porque en ellos derrotan a quien tiene en la actualidad el monopolio de la representación política, aunque indirecta y deformada, de la clase obrera del Estado Español.
El Grupo Germinal es demasiado pequeño para presentar candidaturas propias. Si pudiera lo haría, utilizando también este deformado terreno de la lucha de clases con el objetivo de organizar un nuevo partido de clase que materializará fielmente nuestros intereses inmediatos e históricos, que luchará por acabar con la explotación capitalista y todo tipo de opresión, que le discutirá a los viejos partidos, entregados al enemigo, la confianza, la representación y la dirección del proletariado de todo el Estado. Un partido cuyo programa se centrará en destruir el estado de la burguesía española, imponer un gobierno obrero basado en las organizaciones de las masas controladas democráticamente por éstas y abrir el camino hacia el socialismo, rompiendo las fronteras que se erigen contra el desarrollo de la economía y contra los derechos de los pueblos. Un partido que luchará por la construcción de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
Si hubiera alguna candidatura que creyéramos que de manera más o menos aproximada se encaminara en esa misma dirección, pediríamos el voto para ella. Pero no sabemos que exista. La totalidad de organizaciones (con capacidad de presentación de candidaturas) que se reclaman formalmente de la construcción de un partido obrero revolucionario viven en el interior de la organización interclasista IU, cuyas listas son un amasijo de organizaciones ajenas a la clase obrera (verdes, nacionalistas, humanistas...) cubriendo al PCE agonizante.
En estas circunstancias sólo queda la opción que los trabajadores utilizamos en las legislativas del 14 de marzo de 2004: el voto clase contra clase para enfrentar electoralmente el golpe político que nos prepara la burguesía. Es decir, el voto al partido obrero que se presente en cada ayuntamiento o autonomía sin coalición con engendros burgueses o pequeño-burgueses. De hecho, en numerosos casos no será posible votar ya que, como explicábamos antes, el PCE renuncia en todo el territorio del Estado Español a presentarse sin coaliciones interclasistas y en algunos casos también el PSOE ha realizado alianzas con organizaciones burguesas o pequeño-burguesas que impedirán a los trabajadores expresar un voto clasista a sus candidaturas.
En todo caso, unas elecciones no son más que un limitado y muy puntual espacio de la lucha de clases. Al día siguiente todas nuestras reivindicaciones seguirán pendientes. Todos nuestros problemas por resolver. La pérdida de poder adquisitivo, el empleo precario o ausente, los derechos económicos, sociales y políticos negados a los trabajadores inmigrantes, la vivienda inasequible, los impuestos crecientes para alimentar el Estado monárquico, la opresión nacional contra vascos catalanes, gallegos, valencianos..., nada cambiará si no tomamos nosotros mismos, con nuestros propios métodos y organizaciones, la lucha por mejorar nuestro destino. Somos la clase social mayoritaria y nuestra única esperanza está en construir un nuevo partido obrero revolucionario, que forme parte de una Internacional obrera revolucionaria y que nos sirva para centralizar nuestro movimiento y el de todos los trabajadores de todos los países, para movilizar el enorme potencial de fuerza que poseemos, para terminar con la decadencia de la civilización y la barbarie a la que nos lleva el poder del capital.
Grupo Germinal – en defensa del marxismo
Valencia, 21 de mayo de 2007